Significa que se recuerda a quienes partieron de manera intempestiva o sin tener la oportunidad de despedirse y se les quiere dar un espacio en la memoria.
Por esta razón, en la noche del 28 de octubre, las familias encienden velas y colocan elementos de protección y descanso en sus hogares para brindarles paz, luz y guiar su camino de vuelta.
• Veladoras o velas, como símbolo de luz para su camino de regreso.
• Flores, en especial cempasúchil; algunas familias agregan flores blancas como señal de respeto y memoria.
• Agua, para el descanso durante su visita simbólica.
• Sal, cruz de sal o ceniza, que en varias tradiciones se coloca como elemento de purificación y otorga serenidad.
• Comida y bebida que le gustaban, además de pan de muerto, fruta o dulces.
• Objetos significativos, como una prenda, una carta, música que disfrutaba o algún artículo relacionado con sus gustos.
• Una oración, unas palabras o un momento de silencio, de acuerdo con las creencias de la familia.
La ofrenda no tiene que centrarse en la manera en que ocurrió la muerte. Puede enfocarse en la vida de esa persona: lo que le gustaba, sus recuerdos y el vínculo que mantiene con su familia.
En las viviendas mexicanas, la preparación de las ofrendas se convierte en una actividad que reúne a distintas generaciones.
Desde aquí, nuestro homenaje también a familiares, amigos y personas que partieron cuando no lo esperábamos y a los que queremos honrar haciendo memoria de ellos:
- Los perdidos en las cunetas de todo el país, victimas del odio.
- Los que decidieron suicidarse por no encontrar sentido a la vida, esperanza o consuelo.
- Por los que la muerte súbita les arrebató de sus seres queridos.
Por tantos y tantas que no tuvieron tiempo de despedirse, víctimas de accidentes (acaba de ocurrir la colision de dos trenes en nuestro país); de terremotos y otras catástrofes de la naturaleza y por tod@s a quienes cada persona quiera añadir en esta fecha.
¡Bienvenidas, ánimas!












