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domingo, 1 de febrero de 2026

MARCHA POR EL DERECHO AL TERRITORIO, A LA VIVIENDA Y A LA VIDA.








COMUNICADO:


31 de enero | Cañada Real.


Esta marcha nace de una herida abierta.

Una herida con fecha: 2 de octubre de 2025.

El día en que muchas familias del sector 6 de la Cañada Real recibieron cartas de derribo y desalojo.

Cartas que no traían diálogo.

Cartas que no traían alternativas.

Cartas que traían miedo.

Cartas firmadas por Julio César Santos, alto cargo del Ayuntamiento de Madrid, inhabilitado desde septiembre, pero que en octubre seguía firmando órdenes de derribo.

No es un nombre aislado. Es una política continuada.

Desde 2007, esta misma persona ha impulsado el derribo de cientos de viviendas en la Cañada Real, con una lógica de expulsión, de desgaste, de borrado del territorio.

Pero lo que no sabía es que en 2026 se iba a encontrar con nosotras. Con las mujeres de la Cañada Real. Con las vecinas organizadas. Con una comunidad que ya no se esconde. Con un territorio que se defiende.

Y también con familias que han llevado su lucha a los tribunales y han ganado. Porque ya hemos conseguido dos medidas cautelares que pararon dos derribos y dieron la razón a las vecinas y vecinos.

Por eso hoy marchamos. 

Marchamos por la vivienda. Marchamos por el derecho al territorio.

Marchamos por el derecho a tener derechos. Y marchamos también por el derecho a la rabia. Porque la rabia no es violencia. La rabia es una respuesta legítima cuando te quieren expulsar. La rabia es memoria de todo lo perdido. La rabia es defensa del hogar. La rabia es política cuando nace de la injusticia.

La Cañada Real no es un error urbanístico. No es un espacio vacío. No es tierra disponible.

La Cañada Real es hogar. Un hogar con más de 60 años de vida, construido por familias trabajadoras, por personas  migrantes, por población gitana, por vecinas y vecinos que levantaron vida donde el abandono era la norma.

Hoy marchamos también las personas que vivimos en la Cañada Real, en todos sus sectores. Marchamos porque conocemos el territorio, porque aquí hemos construido nuestras casas, nuestras familias, nuestras redes.

Marchamos porque llevamos más de 30 años defendiendo este territorio, resistiendo distintas formas de acoso: 

criminalización, abandono, violencia administrativa.

Y uno de los acosos más duros que hemos vivido es el corte de suministro eléctrico, que sufrimos desde hace más de cinco años. Un corte que afecta a más de 4.000 personas, la mitad de ellas niñas y niños.

En la Cañada Real vivimos hoy una de las mayores violencias institucionales de este país, en un Estado que se define como progresista. La Comunidad de Madrid y los Ayuntamientos de Madrid y de Rivas son cómplices de este abandono y de esta violencia prolongada.

Primero nos quitan la luz. Después nos abandonan. Y ahora nos imponen la estrategia política más cruel: los desalojos forzosos y el derribo de nuestras viviendas. 

Defender nuestras casas es defender nuestra dignidad. Y no vamos a permitir que nos sigan expulsando del lugar donde vivimos.

Por eso decimos alto y claro: 

CAÑADA SE QUEDA.

Hoy no marchamos solas. Marchamos con otras luchas que saben que lo que ocurre aquí les atraviesa directamente

Marcha con nosotras el movimiento por la vivienda, porque sabe que lo que pasa en la Cañada es la expresión más cruda de la crisis habitacional.

Porque derribar sin alternativa es desahuciar. 

Porque desalojar comunidades enteras es especulación institucional

Defender que la Cañada se queda es defender que la vivienda no es un negocio, es defender el derecho a quedarse, es decir que ningún barrio es sacrificable.

Marchan con nosotras las feministas, porque saben que los derribos también son violencia. Porque cuando se destruye un hogar, quienes más sostienen el impacto son las mujeres. Las que cuidan, las que sostienen la vida cotidiana, las que reorganizan la supervivencia cuando el Estado se retira. Defender que la Cañada se queda es defender el derecho de las mujeres a un hogar seguro, a criar sin miedo, a no vivir bajo la amenaza constante del desalojo. Las feministas marchan porque saben que sin vivienda no hay autonomía, que sin territorio no hay redes, que sin estabilidad no hay libertad. Porque no hay feminismo posible si se acepta que mujeres pobres, migrantes, gitanas, sean expulsadas de sus casas en nombre del progreso.

 Defender que la Cañada se queda es defender un Feminismo popular, antirracista, de barrio, que pone la vida en el centro.

Marchan con nosotras las personas y colectivos LGTBIQ+, porque saben lo que significa vivir con el miedo a ser expulsadas. Porque el derecho a la vivienda también es el derecho a existir con seguridad, a habitar el cuerpo y el territorio sin violencia ni señalamiento.

 Defender que la Cañada se queda es defender que nadie tenga que esconder quién es para poder quedarse en su casa. Porque sin hogar no hay refugio, y sin refugio no hay libertad.

Marchan con nosotras colectivos antirracistas, porque saben que los derribos no caen al azar. Porque cuando se expulsa sin alternativas, cuando se criminaliza un territorio, cuando se niega el derecho a quedarse, el racismo institucional está operando.

 Defender que la Cañada se queda es defender el derecho de las personas migrantes a existir sin miedo, a no ser desplazadas, a no ser tratadas como prescindibles.

Marcha con nosotras la población gitana, porque conoce de sobra la historia de expulsiones, de persecución territorial, de desalojos forzados. Porque la Cañada también es hogar gitano. Y defender que la Cañada se queda es decir basta a siglos de despojo, es defender el derecho a vivir sin ser empujadas una y otra vez fuera.

Marchan con nosotras colectivos ecologistas y vecinales, porque saben que no hay justicia ambiental mientras exista Valdemingómez marcando nuestros cuerpos y nuestros barrios. Porque la incineradora no afecta solo a la Cañada Real. Afecta a Puente de Vallecas, a los barrios colindantes, y llega hasta Arganda del Rey.

Defender que la Cañada se queda es defender el derecho a respirar aire limpio, a no enfermar por vivir cerca de una planta contaminante, a una transición ecológica que no sacrifique territorios.

Marchan con nosotras defensoras de la sanidad pública, porque saben que vivir con desalojos constantes, sin vivienda segura, sin estabilidad, enferma. Porque la salud no empieza en el hospital. Empieza en el hogar. Y sin hogar no hay salud.

Marchan con nosotras defensoras de la educación, porque saben que no se puede estudiar cuando tu casa puede desaparecer mañana. Porque la educación necesita estabilidad, necesita arraigo, necesita territorio. Y sin vivienda no hay derecho a la educación.

Marchan con nosotras las vecinas y los vecinos de toda la ciudad, porque saben que lo que pasa en la Cañada no es un problema ajeno. Porque cuando se permite que un barrio sea expulsado, ningún barrio está a salvo. 

Cañada recuerda al pasado de Madrid, a la historia de sus barrios obreros, pero es también una imagen de futuro. 

Futuro en negativo, porque si la especulación sigue sin freno, cada vez más personas nos veremos abocadas a la 
autoconstrucción. Inventaremos soluciones por fuera del mercado regular de la vivienda y seremos acosadas por 
ello; Futuro en positivo, porque cuando los lugares así resisten y se estabilizan, crean cooperación y vida digna frente a la expulsión permanente.

Por eso Defender que la Cañada se queda es defender el derecho a vivir en una ciudad que no expulsa a quienes 
la sostienen, que no sacrifica territorios para ocultar la pobreza.

Las vecinas y los vecinos marchan porque entienden que la ciudad es un bien común, que el derecho a la vivienda no puede depender del barrio en el que vivas, ni del origen, ni de la renta. Porque Madrid no puede llamarse justa si permite que la Cañada desaparezca.

Hoy marchamos juntas porque entendemos algo esencial: todas estas luchas están conectadas. Derribar viviendas no es una solución. Desalojar familias no es política social. Desplazar comunidades no es progreso. No aceptamos que se decida sobre nosotras sin nosotras. No aceptamos que se nos trate como un problema. No aceptamos que se nos borre para limpiar mapas.

Hoy lo decimos juntas y sin miedo: CAÑADA SE QUEDA.
No pedimos caridad. No pedimos favores.

Exigimos derechos. Y por eso, con esta marcha, exigimos a la administración:

.El cese inmediato de las amenazas de derribo y desalojo y la paralización de cualquier demolición de viviendas en 
la Cañada Real.

.La apertura de un proceso real de diálogo y negociación, con las vecinas y vecinos como interlocutoras legítimas.

.El reconocimiento del derecho al territorio, porque la Cañada Real no nació ayer: tiene más de 60 años de historia viva.

.Porque la vivienda digna es la puerta de entrada a todos los derechos, y cuando se derriba una casa, se intenta derribar una vida entera.

Y lo decimos hoy con más claridad y fuerza que nunca:

CAÑADA SE QUEDA.
LA VIDA SE DEFIENDE.
EL TERRITORIO NO SE DESALOJA.

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(Comunicado leído por Houda Akrikez)



















sábado, 6 de diciembre de 2025

A VISTA DE PÁRROCO

 


¿Pueden las imágenes cambiar el mundo en el que vivimos?

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   "A VISTA DE PÁRROCO" es una selección de fotografías de Javier Baeza, Chelo Millán y la Comunidad de San Carlos Borromeo que se exponen desde hoy y hasta el mes de febrero del 2026 en la Avenida de la Albufera, en las farolas desde Puente de Vallekas a Nueva Numancia.

    Organizada por la Fundación Manuel Fernández "LITO", en su sección Arte en la Calle, los comisarios han elegido una muestra del amplísimo archivo que constituye el gran testimonio social y personal que atesora el párroco del Centro Pastoral San Carlos Borromeo.

 Sabemos que la fotografía es una enorme herramienta social ya que las imágenes captadas se convierten en un potente espejo que refleja situaciones sociales, a veces muy complejas, colectivas o individuales. 

   Y esta exposición captura la esencia de la vida cotidiana en el entorno de esta comunidad,   ya sea en momentos de convivencia habituales y reposados, épocas de preocupaciones colectivas o bien en las acciones que se han realizado ante las numerosas violaciones de los Derechos Humanos que afectan siempre a los más vulnerables, a los últimos. 

Dicen los organizadores que "en estas imágenes habita la vida: la liturgia popular y la protesta, la infancia y la vejez, la exclusión y la esperanza. No son solo documentos, son gestos de memoria y de ternura; un ejercicio de mirada que desvela lo que a menudo se oculta tras los titulares o los prejuicios. “A vista de párroco” no muestra un barrio idealizado, sino real: vulnerable y combativo, herido y hermoso. Es, también, un homenaje a la comunidad que se articula en torno a San Carlos Borromeo, y una invitación a mirar —con los ojos abiertos y el corazón implicado— la fuerza de lo colectivo".



Es cierto.

En un segundo captamos una imagen y un momento fugaz, efímero,  se convierte en eterno en cualquier lugar del planeta, del universo que habitamos. Hay una dualidad en ese "revivirlo" para siempre o dejar que desaparezca. Es ese "instante decisivo", concepto fotográfico de Cartier-Bresson, que no es solo fruto del azar, sino de una educación visual, de estar atentos a lo que ocurre, lo que nos interpelará como espectadores.

    Y es en esa narrativa visual donde tantas veces Javier Baeza  nos hace mirar de cerca lo que a menudo no queremos ver, invitándonos a crecer en nuestra conciencia colectiva.

  Lo dijo Ansel Adams: "Hay siempre dos personas en cada fotografía: el fotógrafo y el espectador". Y lo aplico aquí ya que las fotos son documentos capaces de comunicar-nos, de provocar-nos, como instrumento fundamental de activismo para dinamizar sensibilidades y promover la justicia social. 

En palabras del propio Javier Baeza son "memoria para rescatar dignidades".

Pues bien, amigas y amigos, 
Si Córdoba tiene su Cristo de los Faroles, nosotros tenemos ahora,  en Vallekas, nuestro Cristo de las Farolas.

Disfrutadlo.








domingo, 16 de noviembre de 2025

MEMORIA HISTÓRICA:





20 cosas que SÍ que hizo el franquismo 
(y que no debemos olvidar):

- Represión política masiva.

Tras la Guerra Civil, el régimen de Franco llevó a cabo miles de ejecuciones y encarcelamientos. Juicios sumarísimos sin garantías sirvieron para liquidar a militantes republicanos, sindicalistas, intelectuales y campesinos. La represión fue planificada como una forma de exterminar cualquier oposición.
 
- Presos políticos y trabajos forzados.

Se crearon campos de concentración y prisiones donde miles de republicanos sufrieron condiciones inhumanas. Muchos fueron obligados a trabajar como mano de obra esclava en carreteras, embalses, monumentos y el famoso Valle de los Caídos.

- Prohibición de partidos y sindicatos.

Todos los partidos fueron prohibidos, excepto la Falange. Se ilegalizaron sindicatos obreros, dejando solo al “Sindicato Vertical”, controlado por el régimen. Esto aplastó la organización obrera y sofocó décadas de lucha social.

- Censura cultural y mediática.

Libros, periódicos, películas y canciones pasaban por censores que recortaban cualquier contenido “peligroso”. La cultura quedó domesticada: desde la literatura prohibida de escritores republicanos al control total de la prensa.

- Reeducación de mujeres.

Instituciones como la Sección Femenina de la Falange impusieron el modelo de mujer sumisa: esposa obediente, madre sacrificada y ama de casa. Además, las mujeres “rebeldes” podían acabar en centros de reeducación, donde se las adoctrinaba en moral católica.

- Nacionalcatolicismo en la educación

La enseñanza quedó bajo control de la Iglesia Católica. Se enseñaban dogmas religiosos, patrióticos y anticomunistas, moldeando generaciones enteras en la obediencia al régimen y la fe ciega.

- Persecución de las lenguas cooficiales.

Catalán, euskera y gallego fueron prohibidos en escuelas, administración y prensa. Hablar tu lengua materna podía costar sanciones. El régimen buscaba imponer el castellano como única lengua “nacional”.

- Niños robados

Miles de hijos de republicanos fueron arrebatados de sus familias y entregados a instituciones religiosas o familias afines al régimen. El objetivo: borrar el “gen rojo” y criarlos bajo los valores
franquistas y católicos.

- Policía política y torturas.

La Brigada Político-Social y la Guardia Civil practicaban detenciones arbitrarias, palizas y torturas brutales en comisarías. Nombres como Billy el Niño simbolizan esa violencia institucionalizada.

- Control moral y sexual.

El régimen persiguió la homosexualidad, el adulterio y cualquier “inmoralidad”. Había cárceles para homosexuales y leyes específicas que castigaban la disidencia sexual y de género.

- Misoginia legal

Las mujeres eran ciudadanas de segunda. Necesitaban permiso del marido para abrir cuentas, trabajar o viajar. El franquismo las redujo legalmente a ser dependientes de los hombres.

- Propaganda y culto al líder

El aparato de propaganda difundía la imagen de Franco como “salvador de España”. El NO-DO en los cines, los retratos en las escuelas y los discursos constantes construyeron un culto al líder propio de regímenes fascistas.

- Ausencia de derechos y libertades

No existía libertad de expresión, reunión ni manifestación. Las huelgas estaban prohibidas y la disidencia se pagaba con cárcel. La democracia fue abolida durante casi 40 años.

- Depuración laboral

Maestros, médicos, abogados y funcionarios republicanos fueron expulsados de sus empleos por “desafectos al régimen”. Muchos perdieron su sustento simplemente por pensar diferente.

- Hambre y racionamiento

La posguerra trajo hambre generalizada. Con cartillas de racionamiento, la población sobrevivía con lo mínimo, mientras los poderosos accedían a comida a través del mercado negro.

- Militarización de la vida pública.

Generales y militares ocuparon cargos clave en el gobierno y la administración. La vida civil quedó sometida a la disciplina y jerarquía militar.

- Vigilancia vecinal

El franquismo creó una red de delatores: vecinos, curas o falangistas que espiaban la vida de los demás. Cualquier crítica podía acabar en denuncia, cárcel o destierro.

- Aislamiento internacional.

Tras la Segunda Guerra Mundial, España quedó aislada por su afinidad con Hitler y Mussolini. Este aislamiento frenó el desarrollo económico y mantuvo al país en el atraso durante décadas.

- Desigualdad social extrema.

Mientras la oligarquía, la Iglesia y la Falange vivían con privilegios, las clases populares sufrían pobreza, paro y falta de derechos. El franquismo fue un régimen de ricos contra pobres.


- Memoria borrada.

Las víctimas republicanas fueron condenadas al olvido. Fosas comunes ocultaron miles de cuerpos, y durante décadas se prohibió hablar de ellas. El dolor de miles de familias quedó silenciado.






Mujeres rapadas en Montilla, Córdoba, como castigo y humillación por parte de los sublevados.


- Fuente: saltimbanquiclicclic.blogspot.com
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** Comparte para que nadie olvide lo que realmente fue el franquismo.

sábado, 8 de noviembre de 2025

MEMORIA DEMOCRÁTICA.


 

PEIRONCELY 10, PLAZA DEL FOTÓGRAFO ROBERT CAPA, ZONA AJARDINADA Y PARROQUIA DE SAN CARLOS BORROMEO, declaradas lugar de MEMORIA HISTÓRICA por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática.


Identificación:

    Tras el fracaso del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, Madrid se mantuvo fiel a la República. 

Desde ese momento, la toma de la capital se convirtió en un objetivo prioritario para el bando sublevado. La ciudad fue asediada desde el norte por las tropas del general Mola y, posteriormente, desde el sudoeste por las tropas del general Franco. 

Los intentos del ejército rebelde por tomar la capital chocaron una y otra vez con la defensa llevada a cabo por los madrileños, quienes, apoyados por los voluntarios de las Brigadas Internacionales, acuñaron lemas como el famoso “¡No pasarán!” o “Madrid será la tumba del fascismo”. Contra todo pronóstico, Madrid rechazó el avance de las tropas rebeldes hasta prácticamente el final de la guerra, convirtiéndose así en un símbolo inmortal de resistencia y de lucha por la libertad.

Así las cosas, cuando el ataque frontal a la capital se detuvo en Ciudad Universitaria gracias a la resistencia republicana, el ejército rebelde pasó a realizar bombardeos masivos y metódicos cuyos objetivos no eran militares, sino civiles. Dichos ataques fueron perpetrados por los dos aliados más importantes de los sublevados: la Alemania nazi y la Italia fascista. Durante el mes de noviembre de 1936, Madrid se convirtió en la primera capital del mundo en la que las fuerzas aéreas fascistas italianas y nazis alemanas experimentaron la estrategia del terror aéreo sobre la población civil.

Buen ejemplo de las devastadoras consecuencias de estos ataques indiscriminados son los bombardeos del 9 al 15 de noviembre sobre el Hospital de San Carlos y el de Santa Isabel, que provocaron un gran número de heridos y de víctimas mortales, entre ellas enfermos cuyos cuerpos quedaron destrozados por la metralla. Edwin Lance, representante diplomático de Gran Bretaña, herido en otro ataque del 8 de noviembre, llegó a declarar: “Estos bombardeos nocturnos sobre el centro de una ciudad constituyen el crimen más abominable de la Historia”.

La utilización de bombardeos continuos y sistemáticos se centró en las entonces localidades de la periferia de la capital, como Tetuán y Vallecas, hoy integradas en la villa como distritos. Allí se concentraban grandes masas de población obrera que residían en humildes viviendas de una o dos alturas, convertidas en objetivo militar. Uno de los episodios más trágicos de esta masacre se produjo en Vallecas, el 19 de noviembre de 1936, durante un ataque aéreo de la aviación fascista italiana, y quedó inmortalizado para siempre por el fotógrafo húngaro Robert Capa en un amplio reportaje gráfico que trascendió las fronteras españolas y fue publicado en numerosos países. En la icónica fotografía de Capa puede verse a una mujer y a varios niños frente a la devastada fachada de un edificio acribillado por la metralla, víctima de un reciente bombardeo. Dicha vivienda, situada en el número 10 de la calle Peironcely, se convirtió así en un símbolo internacional de la vulnerabilidad de la infancia ante el horror de la guerra, así como en una ilustrativa prueba de los crímenes cometidos por el ejército golpista y sus aliados.

Durante su estancia en España, Robert Capa denunció en los principales medios gráficos de la época la atrocidad de los bombardeos aéreos sobre los más inocentes. A su regreso a París, sus fotografías causaron sensación. El 10 de diciembre de 1936, la revista Regards les dedicó, un amplio número de páginas, llegando incluso a anunciarlas en portada con el siguiente titular: “La capital crucificada. Las prodigiosas fotos de Capa. Nuestro enviado especial en Madrid”.

El impacto de las fotografías de Capa y de los dramáticos eventos que reflejan sigue estando muy presente en la memoria de los habitantes de Vallecas. Tanto es así que la plaza situada en los aledaños de Peironcely, 10, que también sufrió los efectos de los bombardeos, ha sido rebautizada por los vecinos del barrio como “Plaza del Fotógrafo Robert Capa”.

La misma suerte corrió a zona ajardinada situada en la acera de los números impares del inicio de la calle Peironcely. Entre las viviendas aledañas, la que ocupaba el número 3, conocida como “casa del cura” albergaba al párroco de San Carlos Borromeo, Ildefonso de Pedro Miguelañez, de 33 años, quien residía allí junto a su padre y cinco hermanas. Además del sacerdote y su familia, 29 personas perdieron sus hogares, tras la destrucción causada por la aviación fascista en apoyo del ejército golpista.


El espacio conocido popularmente como Plaza del Fotógrafo Robert Capa y la parcela de terreno ajardinada forman parte del mismo relato histórico: el de las víctimas de los bombardeos de 1936 y el de la inmigración que, tras la guerra, llegó a Madrid huyendo de la represión de la dictadura y de la pobreza, especialmente desde Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha. Familias enteras utilizaron los restos aún en pie de las casas destruidas por las bombas para autoconstruirse sus humildes viviendas que, en muchos casos, habitaron hasta mediados de la década de los 70. Los exiliados lucharon entonces desde la periferia de la capital por la mejora social y política de sus vecinos, agrupándose en movimientos vecinales y con el fundamental apoyo de los curas obreros de iglesias tan señaladas como la de San Carlos Borromeo o la Capilla de Santa María del Pozo.

El edificio original de la parroquia de San Carlos Borromeo, ubicado en el número 2 de la calle Peironcely, resultó gravemente dañado durante los bombardeos que tuvieron lugar en el asedio a Madrid. El estado ruinoso en que quedó el inmueble obligó a su demolición tras el final de la Guerra de España. En su lugar se edificó un nuevo templo durante la posguerra.



A comienzos de la década de 1970, en los últimos años del régimen franquista, el sacerdote Enrique de Castro asumió la responsabilidad pastoral de la parroquia, impulsando una labor comprometida con las luchas sociales del momento: en primer término, con el movimiento obrero y, posteriormente, con la atención a las víctimas de la drogodependencia.
Actualmente, la parroquia de San Carlos Borromeo acoge una comunidad religiosa de fuerte vocación participativa y solidaria, que da continuidad a la labor iniciada por su entonces párroco. Entre sus principales iniciativas se encuentran la atención a la infancia, la distribución de comidas solidarias, el acompañamiento a personas con adicciones y el apoyo a personas migrantes y refugiadas. Este espacio se ha consolidado como un lugar de encuentro vecinal orientado a la transformación social del entorno desde los valores de justicia, inclusión y fraternidad.







Por lo expuesto, el conjunto formado por el edificio situado la calle Peironcely, número 10, el espacio popularmente conocido como Plaza del Fotógrafo Robert Capa, la parcela de terreno ajardinada colindante y la parroquia de San Carlos Borromeo merece ser declarado Lugar de Memoria Democrática.

Los hitos que conforman este Lugar de Memoria, con su delimitación cartográfica y coordenadas geográficas, e indicación de su titularidad y otras circunstancias relevantes, se relacionan a continuación:

a) El edificio situado en el número 10 de la calle de Peironcely

- Coordenadas geográficas: 40°22'56?N 3°40'13?O
- Referencia catastral: 3105802VK4730E0019UX
- Titularidad: Ayuntamiento de Madrid

b) El espacio conocido popularmente como plaza del Fotógrafo Robert Capa, delimitado por las calles de Calero Pita, Miguel de la Roca y Peironcely

- Coordenadas geográficas: 40° 22' 57.47" N, 3° 40' 11.46" O
- integrado por las siguientes cinco parcelas según establece el catastro:
1) Miguel Roca 31 (Madrid).
Referencia catastral: 3206204VK4730E0001YU
2) Miguel Roca 33 (Madrid)
Referencia catastral: 3206206VK4730E0001QU
3) Miguel de la Roca 35 (Madrid)
Referencia catastral: 3206205VK4730E0001GU
4) Calero Pita 5 (Madrid)
Referencia catastral: 3206207VK4730E0001PU
- Titularidad: Ayuntamiento de Madrid

5) Peironcely 4 (Madrid)
Referencia catastral: 3206203VK4730E0001BU
- Titularidad: Privada


c) La parcela de terreno ajardinada, delimitadas por las calles de Peironcely,
avenida de Entrevías, Hernández Mas y Miguel de la Roca
- Coordenadas geográficas: 40° 22' 55.78" N, 3° 40' 11.57" O
- Referencia catastral: 3206801VK4730G0001EW
- Titularidad: Ayuntamiento de Madrid
d) El edificio y recinto intramuros de la parroquia de San Carlos Borromeo
situada en el nº 2 de la calle de Peironcely
-Coordenadas geográficas: 40° 22' 58,69? N, 3° 40' 10,34? O
-Referencia catastral: 3206202VK4730E0001AU
- Titularidad: Archidiócesis de Madrid.

Se inscribe este bien en aplicación del artículo 50.3 de la Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática. La resolución del 23 de junio de 2025, de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, por la que se publica el Acuerdo de incoación del procedimiento de declaración de Lugar de Memoria Democrática del "Conjunto formado por el edificio situado en el número 10 de la calle Peironcely, el espacio conocido como Plaza del Fotógrafo Robert Capa, la zona ajardinada anexa y la parroquia de San Carlos Borromeo, en Madrid" fue publicado en el Boletín Oficial del Estado, número 153, de 26 de junio de 2025 (páginas 84666 a 84673).


domingo, 26 de octubre de 2025

Byung-Chul Han

 


Majestades, Altezas Reales

dignísimas autoridades,
distinguidos premiados,
señoras y señores.

Es para mí un gran honor, a la par que una inmensa alegría, recibir tan alta distinción en esta histórica ciudad de Oviedo.
En la Apología, el famoso diálogo de Platón, cuando Sócrates expone su propia defensa después de haber sido condenado a muerte, explica cuál es la misión del filósofo. La función del filósofo consistiría en agitar a los atenienses y despertarlos, en criticarlos, irritarlos y recriminarlos, igual que un tábano pica y excita a un noble caballo cuya propia corpulencia lo vuelve pasivo, y así lo espolea y estimula. Sócrates compara a ese caballo con Atenas.

Yo soy filósofo. Como tal, he interiorizado esta definición socrática de la filosofía. También mis textos de crítica social han causado irritación, sembrando nerviosismo e inseguridad, pero al mismo tiempo han desadormecido a muchas personas. Ya con mi ensayo La sociedad del cansancio traté de cumplir esta función del filósofo, amonestando a la sociedad y agitando su conciencia para que despierte. La tesis que yo exponía es, efectivamente, irritante: la ilimitada libertad individual que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión. Aunque hoy creamos ser más libres que nunca, la realidad es que vivimos en un régimen despótico neoliberal que explota la libertad. 
9Ya no vivimos en una sociedad disciplinaria, donde todo se regula mediante prohibiciones y mandatos, sino en una sociedad del rendimiento, que supuestamente es libre y donde lo que cuenta, presuntamente, son las capacidades. Sin embargo, la sensación de libertad que generan esas capacidades ilimitadas es solo provisional y pronto se convierte en una opresión, que, de hecho, es más coercitiva que el imperativo del deber. Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar. Ese colapso se llama burnout. Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera. Eso es un espejismo de libertad. La autoexplotación es mucho más eficaz que ser explotado por otros, porque suscita esa engañosa sensación de libertad.

También he señalado en varias ocasiones los riesgos de la digitalización. No es que esté en contra de los smartphones ni de la digitalización. Tampoco soy un pesimista cultural. El teléfono inteligente puede ser una herramienta utilísima. No habría problema si lo usáramos como instrumento. Lo que ocurre es que, en realidad, nos hemos convertido en instrumentos de los smartphones. Es el teléfono inteligente el que nos utiliza a nosotros, y no al revés. No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos.
 

Muchas veces sucede que el ser humano acaba convertido en esclavo de su propia creación. Las redes sociales también podrían haber sido un medio para el amor y la amistad, pero lo que predomina en ellas es el odio, los bulos y la agresividad. No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía. Tampoco estoy en contra de la Inteligencia Artificial. Puede ser muy útil si se emplea para fines buenos y humanos. Pero también con la Inteligencia Artificial existe el enorme riesgo de que el ser humano acabe convertido en esclavo de su propia creación. La Inteligencia Artificial puede ser empleada para manejar, controlar y manipular a las personas. Por eso, la tarea acuciante de la política sería controlar y regular el desarrollo tecnológico de manera soberana, en lugar de simplemente seguirle el paso. La tecnología sin control político, la técnica sin ética, puede adoptar una forma monstruosa y esclavizar a las personas.
Últimamente he reflexionado mucho sobre la creciente pérdida de respeto en nuestra sociedad. Hoy en día, en cuanto alguien tiene una opinión diferente a la nuestra, lo declaramos enemigo. Ya no es posible un discurso sobre el que se base la democracia. Alexis de Tocqueville, autor de un famoso libro sobre la democracia estadounidense, ya sabía que la democracia necesita más que meros procedimientos formales, como son las elecciones y las instituciones. La democracia se fundamenta en lo que en francés se llama moeurs, es decir, la moral y las virtudes de los ciudadanos, como son el civismo, la responsabilidad, la confianza, la amistad y el respeto. No hay lazo social más fuerte que el respeto. Sin moeurs, la democracia se vacía de contenido y se reduce a mero aparato. Incluso las elecciones degeneran en un ritual vacío cuando faltan estas virtudes. La política se reduce entonces a luchas por el poder. Los parlamentos se convierten en escenarios para la autopromoción de los políticos. Y el neoliberalismo ha creado ya una gran cantidad de perdedores. La brecha social entre ricos y pobres se sigue agrandando cada vez más. El miedo a hundirse socialmente afecta ya a la clase media. Precisamente estos temores son los que lanzan a la gente hacia los brazos de autócratas y populistas.

Creemos que la sociedad en la que vivimos hoy es más libre que nunca. En cualquier ámbito de la vida, las opciones son infinitas. También en el amor, gracias a las aplicaciones de citas. Todo está disponible al instante. El mundo se asemeja a un gigantesco almacén donde todo se vuelve consumible. El infinite scroll promete información ilimitada. Las redes sociales facilitan una comunicación sin límites. Gracias a la digitalización, estamos interconectados, pero nos hemos quedado sin relaciones ni vínculos genuinos. Lo social se está erosionando. Perdemos toda empatía, toda atención hacia el prójimo. Los arrebatos de autenticidad y creatividad nos hacen creer que gozamos de una libertad individual cada vez mayor. Sin embargo, al mismo tiempo, sentimos difusamente que, en realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra. Nos invade una sensación de vacío. El legado del liberalismo ha sido el vacío. Ya no tenemos valores ni ideales con que llenarlo.
Algo no va bien en nuestra sociedad.
Mis escritos son una denuncia, en ocasiones muy enérgica, contra la sociedad actual. No son pocas las personas a las que mi crítica cultural ha irritado, como aquel tábano socrático que picaba y estimulaba al caballo pasivo. Pero es que, si no hay irritaciones, lo único que sucede es que siempre se repite lo mismo, y eso imposibilita el futuro. Es cierto que he irritado a la gente. 

Pero, afortunadamente, no me han condenado a muerte, sino que hoy soy honrado con la concesión de este bellísimo premio. 

Se lo agradezco de todo corazón. 
Muchísimas gracias.








domingo, 12 de octubre de 2025

DESAPRENDER LA GUERRA.






Desaprender la guerra,
realimentar la risa,
deshilachar los miedos,
curarse las heridas.
Difuminar fronteras,
rehuir de la codicia,
anteponer lo ajeno,
negarse a las consignas.

Desconvocar el odio,
desestimar la ira,
rehusar usar la fuerza,        
rodearse de caricias.

Reabrir todas las puertas,
sitiar cada mentira,
pactar sin condiciones,
rendirse a la Justicia.

Rehabilitar los sueños,
penalizar las prisas,
indemnizar al alma,
sumarse a la alegría.

Humanizar los credos,
purificar la brisa,
adecentar la Tierra,
reinaugurar la Vida.

Desconvocar el odio,
desestimar la ira,
rehusar usar la fuerza,        
rodearse de caricias.

Reabrir todas las puertas,
sitiar cada mentira,
pactar sin condiciones,
rendirse a la Justicia.
        
Desaprender la guerra, 
curarse las heridas.
Desaprender la guerra,
negarse a las consignas.
Desaprender la guerra, 
rodearse de caricias.

Desaprender la guerra, 
rendirse a la Justicia.
Desaprender la guerra, 
sumarse a la alegría.
Desaprender la guerra, 
 
reinaugurar la Vida.


(LUIS GUITARRA).





PANCHILANDIA.





Panchilandia

Las correcciones en mi primer libro
son extirpaciones.
“Echar de menos” por no “extrañar”
el ciclón tropical lejos del núcleo cálido.

La primera vez que me dijeron
que no estaba escribiendo en español.
Que no hablaba correctamente.
Vosotros, no ustedes.

Una iglesia sobre una huaca.
Los cuatro caballos corriendo en direcciones distintas para desmembrar el cuerpo.
Para cortar nuestras trenzas.

Migrar no es volver a nacer,
es volver a nombrar lo que ya tenía nombre.

Ese teléfono público, cuando existían,
en el que tardé más de la cuenta
y el hombre que no podía esperar
vio en mí a una criatura bajada de los árboles
que folla con las llamas.
Esa fue la primera vez que me gritaron que me vaya a mi país,
a mi casa.
En realidad,
volvería a casa pero ya no tengo casa.
Así que hice una casa mía en la que extrañar
y no echar de menos,
allí puse un nuevo acento a mis afectos.

No sé de qué podría hablar ahora.
Del nido. De la decisión de las aves.
De las estaciones frías.
De las distancias.
De haber sido,
de seguir siendo,
de llegar sin llegar,
de instalarse a medio camino,
de dar miedo, de no poder,
de no querer,
de que te persigan hasta cuando no haces nada,
de dejar muchas vidas atrás,
de perderlo todo,
de empezar de nuevo,
de cero, de abajo,
de las colas, de la ley,
de mi viejo NIE,
de la oportunidad que me dieron,
de todo lo que les debo,
de la maternidad solitaria,
de mi nueva familia,
de jurar ante el rey.

Vivo en España hace 15 años,
pero en realidad
habito Panchilandia,
donde todo el mundo sonríe y nos habla con cariño.
Dicen con cariño panchi, panchita, machupicchu, fiesta nacional.
El chiste con el que dicen quererme
hace que parezca normal que no me quieran.
En Forocoches somos “la fauna cuyo hábitat es un centro comercial”.

Me hablan de la peruanita que le limpia la casa a su amiga Pepa,
qué buena es, se puede confiar en ella.
Creen que es un tema de conversación
que pueden tener conmigo
porque yo también soy una peruanita confiable
¿Me habrán blanqueado?
¿Cuándo voy a integrarme?
Qué pelo hermoso,
crin de caballo,
qué bien haces el pollo frito.
Qué piel, qué suave,
qué dientes, qué manitos,
tan pequeñas y morenitas.
Podría bajar un bloque de hielo
de la cordillera en mi espalda
para purificar la cosecha.

No, lo mejor que podría pasarnos
no es casarnos con un español,
somos todo menos la esposa con la que soñaste.

Me he reproducido como una flor de cactus
en este territorio ajeno que voy haciendo mío.
Con una mujer blanca y un hombre cholo,
enredamos nuestras tres lenguas para fabricar otro nido.
Polinizados por el picaflor de garganta rubí.

Pero en los parques infantiles soy la niñera de mi hijo
o de cualquiera de sus hijos, de sus madres, de sus padres.
Ni siquiera sé llorar con decoro en los velorios.
Y tampoco quiero.
Sólo sé hacer el indio ante la muerte.
Mi teatralidad de culebrón, mis exabruptos.
Pero no volverán a cortar mi larga y negra trenza
para tirársela a los perros.

Minucias del privilegio de la migración con papeles.
Hay tantos, sin embargo,
que no volverán a ver sus ríos.
Apenas la odisea
y el agujero negro del interno
en el limbo del refugio.
Los que están aquí mejor que en el otro infierno.

Todo pasa,
encadenándose de norte a sur
como las parras en primavera,
como las pelotas de goma que disparan
mientras nadas en el tramo Marruecos-Ceuta.
Como una zapatilla Nike flotando en el Tarajal.
Mientras el rey esquía
con un completísimo equipo para la nieve.

Nunca dejamos de buscar lo que fuimos
para comenzar a ser lo que soñamos.
En un movimiento que nos aleja de la frontera,
ese lugar entre la vida y la muerte
en la que Pablo Casado abraza a la policía.

Europa, les disparas en sus países,
les disparas en tus colonias,
les disparas en el agua,
les disparas en las fronteras,
les disparas en sus casas,
les disparas en el corazón.
Mi profesora de Geografía en Perú,
la que me enseñó la escala,
la latitud y la longitud del mundo,
le cambia el pañal a tu padre, España.
Ten un poco de decencia.

Algunos quedamos más cerca de la vida,
otros más cerca de la muerte.
Pero nunca dejamos de migrar.
Nunca dejamos de ver señales en la lluvia.
Y ya solo bailamos en un pedazo de tierra a la deriva.
Al ritmo de las cuerdas del lago.

(Gabriela Wiener,  escritora, poeta y periodista peruana)