De todas las cosas que poseo,
lo más hermoso, importante y valioso
son dos palabras que nunca te he dicho...
y que me gustaría regalarte.
(Mariam, 16 de Septiembre de 2015)
"Al final del camino me dirán: -¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres. (Pedro Casaldáliga)
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| Foto: ANTONIO RUIZ. |
Cuando el niño era niño le costaba tragar las espinacas,
En una entrevista a Ryszard Kapuscinski,
que he estado releyendo, éste decía que "nunca ha sido sencillo cruzar una
frontera." Que a menudo cruzarla
resulta peligroso, que puede costar la
vida; es la barrera entre la vida y la muerte.
En otro de sus libros, Viajes,
Kapuscinski explica el origen de la hospitalidad, una de las improntas de la civilización
griega -acoger al desconocido, darle cobijo y alimento-. Una tradición
que se conserva en muchos lugares de África en los que el que nada tiene
comparte todo con el extranjero. "Esta costumbre se basa en la creencia
griega de que el visitante podía ser un hombre o un dios disfrazado. Esa acogida llevaba pareja una
responsabilidad: la seguridad del
invitado. Ya nadie conoce de dónde procede esta costumbre ancestral que
entiende el encuentro con otra persona como un acontecimiento, como una
oportunidad y una fiesta. Nunca como un problema".
Hace tiempo que él murió… pero su crítica
sigue siendo vigente, cada día más… Los trenes siguen partiendo con rumbos inciertos hacia lugares que se buscan con esperanza en el corazón. Conozco, afortunadamente, profesionales comprometidos con el buen hacer, con la reflexión sobre la realidad... Pero no veo en el medio de
comunicación donde trabajo la curiosidad periodística, la necesidad de interrogar al Otro, de
interesarse por él, esa parte del carácter de periodistas como Kapuscinski, que
también decía que: "Siempre creí que los reporteros éramos buscadores de
contextos, de las causas verdaderas que explican lo que sucede en nuestro
mundo".
Está demostrado que el encierro riguroso opera como estímulo
para una mayor inadaptación social, superior incluso a la que se tenía antes de
empezar a cumplir la pena. Y en casos como el de Kiala, cuando se encuentra rehabilitado
de adicciones, con motivaciones sociales que le hacen colaborar en el bien
común, con trabajo cooperativo y con apoyos significativos, la reclusión para
cumplir una pena de cárcel solo conseguiría interrumpir un proceso de
crecimiento personal y rompería el profundo arraigo social que ahora tiene.
Esto actuaría como una venganza de la sociedad olvidando el fin de cada pena.
¿Dónde está Jauja…? ¿En Europa
para los africanos? ¿En África para los europeos? ¿Dónde esa fantasía? ¿Quiénes
han empleado la fuerza más brutal para matar, robar y esclavizar al servicio
del progreso de los imperios pertinentes que han escrito, además, la historia
de nuestro tiempo? ¿Quiénes se han acostumbrado a la dinámica de expoliar un
continente entero por encima de nuestras posibilidades éticas? ¿Dónde han
muerto diez millones de personas en los últimos veinte años, violadas un sin
número de mujeres y niñas y, además, desarraigadas, mutiladas y humilladas sin
esperanza en el futuro? ¿Dónde se encuentra el antiguo Congo Belga? ¿Qué
riquezas naturales contiene para tanta ambición en su saqueo? ¿Quién se
beneficia de este nuevo holocausto? ¿Los estados occidentales? ¿Las
multinacionales globalizadas? ¿Tú y yo…? ¿Qué es el coltan? ¿Dónde se encuentra
el 80% de este mineral con el que se fabrican nuestros teléfonos de nueva
generación, nuestras pantallas táctiles, nuestros satélites y gran parte de
nuestro crecimiento tecno-económico? ¿Qué podemos hacer aquí y ahora con
Ballaké si consigue atravesar tanta frontera…?