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sábado, 1 de marzo de 2025

MARZO-MUJER 25. Día 1

 


JUSTICIA POÉTICA. 

Quiero conocer a todas mis madres,

reconstruir mi linaje y mi conciencia

a partir de los versos, las renuncias,

las huellas de todas las mujeres

que he sido al mismo tiempo.


Quiero una larga estirpe de mujeres valientes,

que han escrito poemas

después de hacer la cena

y han vivido el exilio

dentro del dormitorio.


Reconocerlas libres, 

brillantes y caóticas

retratando monarcas,

sublevando las formas,

componiendo sonetos

en una Europa en llamas.


Quiero sobrellevar la carga 

de la historia,

convertirme en relevo,

nombrarlas sin esfuerzo.

Pronunciar con propiedad

el término familia.


(Rosa Berbel).


viernes, 14 de febrero de 2025

SABER VIVIR








 Saber vivir

No sé… si la vida es corta
o demasiado larga para nosotros.

Mas sé que nada de lo que vivimos

tiene sentido,
si no tocamos el corazón
de las personas.

Muchas veces basta ser:
regazo que acoge,
brazo que envuelve,
palabra que conforta,
silencio que respeta,
alegría que contagia,
lágrima que corre,
mirada que acaricia,
deseo que sacia,
amor que motiva.
Y eso no es cosa de otro mundo,
es lo que da sentido a la vida,
es lo que hace que ella
no sea ni corta, ni demasiado larga,
sino que sea intensa,
verdadera, pura…. mientras dure.


(Cora Coralina)


jueves, 23 de enero de 2025

DEVOLVEDME EL SILENCIO...


Frente al terrorismo de Estado exhibido y desplegado en la toma de posesión del presidente de los EE.UU, la gran lección de vida de este otro Presidente,  que es el ejemplo de cómo un político puede desarrollar una vocación de servicio para el bien común.

¡Gracias,, Pepe! 




YO, PEPE MUGICA
Os lo cuento.
Fui guerrero tupamaro, agricultor y político.
Pero estoy cansado
sin dejar de ser lo que fui.
Sobre todo, guerrero.
Y ahora me estoy muriendo
y también el guerrero tiene derecho
a su descanso,

el que impone el tumor
que me invade.


Todos los caminos de mi tierra llevan
a mi corazón, y sé distinguir
lo que es pasajero de lo que es definitivo.


Fui yo quien eligió este camino
y no protesto por llegar hasta aquí, con 89 años.

Pero necesito silencio.
El silencio es manantial de vientos
que se llevan los ecos de la vida,
los cuchillos hostiles,
los dientes, alfileres y ataúdes,
los desgarros de mil escalofríos,
torbellino de llantos y de lutos.

Dejadme en el silencio
de mis higueras y manzanos umbríos,
de la lengua que resiste las palabras
que hieren por la espalda,
de las orillas que besan los crepúsculos
lamidos por las olas.

Devolvedme el silencio,
que quiero curar la herida
que me dejó en el alma
el dolor de las selvas arrasadas,
de los bosques de cemento plantados,
de la pobreza insuperable,
de la justicia no ejercida,
de las libertades quebrantadas.

Devolvedme el silencio,
que quiero volver a mis verduras,
mientras tranquilo,
y esperando la paz inevitable,
medito sobre la hermosura de la vida,
sobre cuánto caí y cuánto me levanté,
los buenos amigos que me acompañaron
y también bailaron conmigo.

Devolvedme la paz
y no me pidáis más palabras.
Necesito el milagro
de los labios cerrados,
de las bocas mudas,
de las tibias sombras,
de los latidos ausentes.

Guerrero soy y seguiré luchando,
sin tregua, jamás derrotado.
La vida siempre es porvenir.
la vida me persigue
aunque me esté muriendo.

¡Cuánto de vida hay en la muerte!
¡Cuánto de más allá en la vida!





miércoles, 22 de enero de 2025

CORAJE DE MUJER EN MOMENTOS DECISIVOS.



Discurso completo de Mariann Edgar Budde, obispa de la Diócesis Episcopal de Washington, en la toma de posesión de Trump como presidente o amo del universo conocido:

    

  "Como país, nos hemos reunido esta mañana para rezar por la unidad, no por un acuerdo, político o de otro tipo, sino por el tipo de unidad que fomenta la comunidad por encima de la diversidad y la división. 

Una unidad que sirva al bien común. La unidad, en este sentido, es un requisito previo para que las personas vivan en libertad y juntas en una sociedad libre. Es la roca sólida, como dijo Jesús, sobre la que construir una nación.

No es conformidad. No es victoria. No es cansancio cortés ni pasividad nacida del agotamiento. 

La unidad no es partidista.Más bien, la unidad es una forma de estar con los demás que abarca y respeta nuestras diferencias. Nos enseña a considerar las múltiples perspectivas y experiencias vitales como válidas y dignas de respeto. Nos permite, en nuestras comunidades y en las esferas de poder, preocuparnos de verdad los unos por los otros, incluso cuando no estamos de acuerdo.

Quienes en todo el país dedican su vida o se ofrecen como voluntarios para ayudar a los demás en situaciones de catástrofe natural, a menudo con gran riesgo para ellos mismos, nunca preguntan a quienes ayudan por quién votaron en las pasadas elecciones o qué postura mantienen sobre un tema concreto. Lo mejor que podemos hacer es seguir su ejemplo, porque la unidad a veces es sacrificada, como lo es el amor: darnos a nosotros mismos por el bien de los demás.

     En su Sermón de la Montaña, Jesús de Nazaret nos exhorta a amar no solo a nuestro prójimo, sino también a nuestros enemigos, a rezar por quienes nos persiguen, a ser misericordiosos como nuestro Dios es misericordioso, a perdonar a los demás como Dios nos perdona a nosotros. Jesús se desvivió por acoger a quienes su sociedad consideraba parias.

Ahora bien, reconozco que la unidad, en este sentido amplio y expansivo, es una aspiración, y es mucho por lo que rezar. Es una gran petición a nuestro Dios, digna de lo mejor de lo que somos y de lo que podemos ser. Pero nuestras oraciones no servirán de mucho si actuamos de forma que ahondemos aún más las divisiones entre nosotros. Las Escrituras son muy claras al respecto: Dios nunca se impresiona con las oraciones cuando las acciones no están informadas por ellas. Dios tampoco nos libra de las consecuencias de nuestros actos, que siempre, al final, importan más que las palabras que rezamos.



Los que estamos aquí reunidos en la catedral no somos ingenuos ante las realidades de la política: cuando están en juego el poder, la riqueza y los intereses contrapuestos, cuando las visiones de lo que debería ser Estados Unidos están en conflicto, cuando hay opiniones firmes en todo un espectro de posibilidades y comprensiones marcadamente diferentes de cuál es el curso de acción correcto. Habrá ganadores y perdedores cuando se emitan votos o se tomen decisiones que marquen el rumbo de la política pública y la priorización de los recursos.

Ni que decir tiene que, en una democracia, no todas las esperanzas y sueños particulares de todo el mundo pueden hacerse realidad en una determinada sesión legislativa o en un mandato presidencial, ni siquiera en una generación. Es decir, no todas las plegarias específicas de todo el mundo tendrán la respuesta que desearíamos. Pero para algunos, la pérdida de sus esperanzas y sueños será mucho más que una derrota política: será una pérdida de igualdad y dignidad, y de sus medios de vida.

Teniendo esto en cuenta, ¿es posible la verdadera unidad entre nosotros? ¿Y por qué debería importarnos? Bueno, espero que nos importe. Espero que nos importe porque la cultura del desprecio que se ha normalizado en este país amenaza con destruirnos.

 Todos somos bombardeados a diario con mensajes de lo que los sociólogos llaman ahora el “complejo industrial de la indignación”, algunos de ellos impulsados por fuerzas externas cuyos intereses se ven favorecidos por un Estados Unidos polarizado. El desprecio alimenta las campañas políticas y las redes sociales, y muchos se benefician de ello, pero es una forma preocupante y peligrosa de dirigir un país.

Soy una persona de fe, rodeada de personas de fe, y con la ayuda de Dios, creo que la unidad en este país es posible —no perfectamente, porque somos personas imperfectas y una unión imperfecta—, pero sí lo suficiente como para que todos sigamos creyendo en los ideales de los Estados Unidos de América y trabajando para hacerlos realidad. Ideales expresados en la Declaración de Independencia, con su afirmación de la igualdad y la dignidad humanas innatas. Y tenemos razón al pedir la ayuda de Dios en nuestra búsqueda de la unidad, porque necesitamos la ayuda de Dios, pero solo si nosotros mismos estamos dispuestos a cuidar los cimientos de los que depende la unidad. Al igual que la analogía de Jesús de construir una casa de fe sobre la roca de sus enseñanzas, en contraposición a construir una casa sobre arena, los cimientos que necesitamos para la unidad deben ser lo suficientemente sólidos como para resistir las muchas tormentas que la amenazan.

¿Cuáles son los fundamentos de la unidad? Basándome en nuestras tradiciones y textos sagrados, permítanme sugerir que hay al menos tres. 

El primer fundamento de la unidad es honrar la dignidad inherente a todo ser humano, que, como afirman todas las religiones aquí representadas, es el derecho de nacimiento de todas las personas como hijos de nuestro único Dios. En el discurso público, honrar la dignidad de los demás significa negarse a burlarse, descartar o demonizar a aquellos con los que discrepamos, optando en su lugar por debatir respetuosamente nuestras diferencias y, siempre que sea posible, buscar un terreno común. Y cuando el terreno común no es posible, la dignidad exige que nos mantengamos fieles a nuestras convicciones sin despreciar a quienes tienen convicciones propias.



El segundo fundamento de la unidad es la honestidad, tanto en las conversaciones privadas como en el discurso público. Si no estamos dispuestos a ser sinceros, no sirve de nada rezar por la unidad, porque nuestras acciones van en contra de las propias oraciones. Puede que, durante un tiempo, experimentemos un falso sentimiento de unidad entre algunos, pero no la unidad más sólida y amplia que necesitamos para abordar los retos a los que nos enfrentamos. Ahora bien, para ser justos, no siempre sabemos dónde está la verdad, y ahora hay muchas cosas que van en contra de la verdad. Pero cuando sabemos lo que es cierto, nos corresponde decir la verdad, incluso cuando, especialmente cuando, nos cuesta.

El tercer y último fundamento de la unidad que mencionaré hoy es la humildad, que todos necesitamos porque todos somos seres humanos falibles. Cometemos errores, decimos y hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos, tenemos nuestros puntos ciegos y nuestros prejuicios, y quizá seamos más peligrosos para nosotros mismos y para los demás cuando estamos convencidos sin lugar a dudas de que tenemos toda la razón y de que los demás están totalmente equivocados. Porque entonces estamos a un paso de etiquetarnos como las buenas personas frente a las malas. Y la verdad es que todos somos personas: ambos somos capaces de lo bueno y de lo malo. Como observó astutamente Alexander Solzhenitsyn: “La línea que separa el bien del mal no pasa a través de los Estados, ni entre las clases, ni entre los partidos políticos, sino justo a través de cada corazón humano, a través de todos los corazones humanos”.

Y cuanto más nos demos cuenta de ello, más espacio tendremos en nuestro interior para la humildad y la apertura mutua por encima de nuestras diferencias. Porque, de hecho, nos parecemos más de lo que creemos y nos necesitamos.

Es relativamente fácil rezar por la unidad en ocasiones de gran solemnidad. Es mucho más difícil de conseguir cuando nos enfrentamos a diferencias reales en nuestra vida privada y en el ámbito público. Pero sin unidad, estamos construyendo la casa de nuestra nación sobre arena. Y con un compromiso con la unidad que incorpore la diversidad y trascienda el desacuerdo, y con los sólidos cimientos de dignidad, honestidad y humildad que esa unidad requiere, podemos hacer nuestra parte, en nuestro tiempo, para hacer realidad los ideales y el sueño de América.


Permítanme un último ruego. Señor Presidente, millones de personas han depositado su confianza en usted y, como dijo ayer a la nación, ha sentido la mano providencial de un Dios amoroso. En nombre de nuestro Dios, le pido que se apiade de las personas de nuestro país que ahora tienen miedo. Hay niños gays, lesbianas y transexuales en familias demócratas, republicanas e independientes, algunos de los cuales temen por sus vidas. Y las personas que recogen nuestras cosechas, limpian nuestros edificios de oficinas, trabajan en granjas avícolas y plantas de envasado de carne, lavan los platos después de comer en los restaurantes y trabajan en los turnos de noche en los hospitales: puede que no sean ciudadanos o no tengan la documentación adecuada, pero la gran mayoría de los inmigrantes no son delincuentes. Pagan impuestos y son buenos vecinos. Son fieles miembros de nuestras iglesias, mezquitas, sinagogas, viharas y templos.

Le pido que tenga piedad, Señor Presidente, de aquellos en nuestras comunidades cuyos hijos temen que sus padres sean llevados, y que ayude a quienes huyen de zonas de guerra y persecución en sus propias tierras a encontrar compasión y acogida aquí. Nuestro Dios nos enseña que debemos ser misericordiosos con el extranjero, porque todos fuimos extranjeros en esta tierra.

Que Dios nos conceda la fuerza y el valor para honrar la dignidad de todo ser humano, para decirnos la verdad unos a otros con amor, y para caminar humildemente unos con otros y con nuestro Dios por el bien de todas las personas de esta nación y del mundo.

              Amén”.











martes, 17 de diciembre de 2024

COMO UNA ESTRELLA FUGAZ.

   



          Escribo desde este hueco que has dejado en mi corazón, cuando otra vez la muerte pisa mi huerto...

  Un hueco que se extiende en los vacíos que encontraremos desde ahora, cuando ya no te sentarás a la mesa...

Un final anunciado, una vela que se iba apagando, mas no por ello menos doloroso.

Ya eres un escalón más en esa escalera al cielo, como me ha dicho mi hija, tu prima, con quien te has criado cuando eras muy pequeño, a nuestra sombra.

¡Cuántos recuerdos! 

Viajes en verano al pueblo, a la playa,  excursiones a la sierra en Madrid, fines de semana en casa, carnavales, Navidades y Reyes de ilusión,  y tantos momentos compartidos..

Te veo tan pequeño,  tan bonito, haciéndonos reír con tu inocencia, que ahora, en tu plena juventud, cuesta creer que tu proyecto de futuro se ha terminado.

Queda cierto consuelo, aunque difícil de asumir,  al saber que descansas ya de un sufrimiento inútil,  terrible y constante, de tantas horas de dolor, donde luchabas por la vida, para vivir por tu hijo tan pequeño aún.  

¡Qué valiente has sido!

Dicen que tenemos que contemplar la muerte como parte de la vida y así debería ser. 

Pero ante ésta  ¡me siento tan vulnerable! 

Hay que afrontar constantes despedidas,  adioses y pérdidas. Y entonces somos conscientes de que todo lo que amamos se nos puede arrebatar.

Aún así,  agradezco tu existencia, tu paso junto a nosotros, las huellas que dejas y que seguirán en mi corazón, porque has sido una estrella fugaz luminosa que deja su estela.

Descansa, pues, mi niño..

Hasta siempre, 

quizás en otra dimensión donde nos encontremos llenos de dicha.

Ojalá exista un lugar donde ahora estés sin tener nada que temer y donde seas todo lo feliz que mereces.

Y, si puedes, ayúdanos a todos nosotros,  los que lloramos desolados tu ausencia,  a contemplar el espíritu de la muerte abriendo nuestro corazón a la vida.








domingo, 17 de noviembre de 2024

LOS AHORA.







   Cuenta una leyenda universal que, hace muchas épocas, las personas eran animales simbióticos: iban siempre acompañadas de un pájaro diminuto, de plumaje brillante y canto melódico, que eran como un susurro: Se llamaba Ahora.

   Los Ahoras acompañaban a los humanos día y noche, revoloteando por sus cabezas en silencio, eran pajaritos muy sabios y sencillos. 

   Cada vez que sus simbiontes contemplaban un paisaje hermoso, miraban a alguien a los ojos, o vivían cualquiera de esos mágicos eventos que suelen discriminarse solo por ser cotidianos, el Ahora les daba un pequeño picotazo en la cabeza de la persona y cantaba; entonces las personas tenían un Momento de Consciencia. Vivían el presente con más nitidez y eran felices. De hecho, los Ahoras se alimentaban de las emociones que se desprendían de estos momentos, y de ahí la simbiosis.

   Había gente que se hacía muy amiga de sus Ahoras y estos les daban Momentos de Consciencia a cada instante. 

   Sin embargo, algo ocurrió. Llegó un punto en que, por motivos estraños, la gente empezó a establecer relaciones con otras dos aves, una de plumaje negro y otra blanco: se llamaban Antes y Después, y poco a poco, los Ahoras fueron muriendo, la magia de los pequeños detalles desapareció y los Momentos de Consciencia se perdieron para siempre.

   Mas este no es el final de la historia, pues la leyenda asegura que los hermosos Ahoras, aunque ya no puedan volar ni picarnos, siguen viviendo en el alma de cada uno de nosotros, esperando que retomemos la simbiosis y podamos ver la magia de nuevo.

   Incluso dicen algunos que… si cierras los ojos, respiras hondo y sonríes, podrás sentir, en el corazón y en la mente, el canto y el picotazo del Ahora, y al volver a abrirlos el mundo será brillante.

(Óscar Soria)

*********

Este es un cuento de Oscar Soria que redactó un microrelato para un certamen literario. La historia tuvo tanta acogida y repercusión que, además de resultar ganadora del concurso, generó todo un movimiento en torno a ella. La historia nos sugiere la importancia del “ahora” y de intentar vivir con plena consciencia los momentos del día, como únicos y especiales. Lo simboliza con un pájaro, que es el que nos recuerda, a través de su picotazo, la esencia de esos momentos mágicos.




lunes, 4 de noviembre de 2024

¡FELICIDADES, QUERIDOS BORROMEOS, QUERIDA COMUNIDAD!

    







   

  Hoy, 4 de noviembre, se celebra el día de San Carlos Borromeo,  ése que es Patrón de la Banca y de la Bolsa y al mismo tiempo padre de los pobres; el Obispo de Milán que duerme incorrupto en una urna de plata, regalo de Felipe IV,  como descubrí hace un tiempo  visitando la catedral de dicha ciudad.


    No se quejarán en estos tiempos de su santo patrón los banqueros y especuladores del tan famoso juego financiero,  a tenor de lo bien que les van las cosas, a ellos sí, a cuenta de tantos otros a los que se les despoja de lo más necesario: casa, salud, trabajo, paz social…  ya que, ejercicio tras ejercicio, vemos con enorme asombro  que a pesar de lo mucho que  se habla de crisis  y de que el sistema financiero se derrumba, a continuación se apuntan increíbles beneficios  en sus entidades.

¡Qué paradoja, que nuestra parroquia (ahora llamada centro Pastoral por orden eclesial),  hogar y refugio de tantos desarrapados, lleve su nombre!

     Bien es verdad, que este santo, del que cuentan que tuvo ocasión de demostrar su talento a la muerte de su padre, con apenas 20 años, haciéndose cargo de la hacienda familiar, y que destacó en saber llevar los asuntos vaticanos en el siglo XVI,  (fue el primer secretario de estado) con gran acierto desde el punto de vista papal, acabó su vida como obispo de Milán pobre y compartiendo sus bienes con los demás.

  
 Fue ayer domingo cuando nos reunimos para celebrar un encuentro festivo muchos de los que pasamos por allí, ahora y tiempo  atrás, para achucharnos cariñosamente, en ese apoyo que solemos darnos unos a otros, no exento de tensiones a veces, propias de tanto y tanto desgaste.  

Y lo hemos hecho en ese local que lo mismo sirve para “un roto que para un descosido”: 

   Para acoger y dar techo y comida a decenas de solicitantes de asilo, cuyas tragedias personales han traído hasta nuestro país y a quienes las instituciones encargadas de dar soluciones dejan en la calle sin recursos y sin consuelo, asi como para festejar y celebrar que algunas de esas familias pueden partir un día hacia un nuevo comienzo.  

   
        










   Para reunión de asambleas vecinales, como para para la presentación de libros sobre lo humano y lo divino, pero siempre llenos de vida y de experiencias, o para  testimoniar a través de la fotografía y el cine, la realidad cotidiana de este mundo nuestro.


    











   Para bodas entrañables de los que quieren testimoniar su  amor y celebrar con la comunidad asi como para despedidas desgarradoras de aquellos con quien tanto quisimos.


    Para la celebración del pan y del vino, en fraternal comunión, como para compartir el pan y el vino en torno a la mesa de los amigos que buscan un mundo más justo y solidario.


   Para encontrar a través del baile una vida más armoniosa y dedicarse un rato a la autoestima, como para la realización de cursos, jornadas y seminarios con participación de otras comunidades autónomas, o bien  para sede de denuncias de toda sppituación injusta de la que se tenga conocimiento.
   

    Para portal donde los Reyes Magos repartan juguetes a manos llenas a los niños que,  por no tener dirección de correo adecuada, no figuran en el reparto habitual en la noche de ilusión de sus majestades, así como para despacho improvisado de abogadas/os que, sin ninguna remuneración, ponen todo su saber al servicio de que la ley respete los derechos de las personas. 

      Y es que, como ya se ha apuntado tantas veces, hay una iglesia que se arrodilla en reclinatorios de cojines de terciopelo rojo y otra que se levanta para dar el desayuno en poblados de chabolas hechas de madera. 

    Una iglesia coronada de oro en sus mitras y la otra que vive con los de los suburbios de las ciudades, compartiendo lo que hay.  Una iglesia cuya moral tiene mucho que ver con conceptos abstractos alejados de la  humanidad, y otra que, abierta a toda persona y a sus condiciones, grita indignada ante el desastre humano que supone una crisis de la que no son responsables precisamente quienes más la están sufriendo.


    Sabemos que hay personas que viven encerrados en su burbuja de cristal, mirándose su ombligo, pero conocemos aquí a muchas otras que nunca se acuerdan de que lo tienen, ocupadas tan a diario en correr la misma suerte de quienes les rodean.

   Existen los que se ponen la venda en los ojos para no ver lo que ocurre a su lado y también  los que intentan desprenderse de corazas porque es la única manera de ser realmente humano y persona.

       Y están los que piensan que “a mí no me van a tocar”... y los que están ciertos en que si cae el otro, caemos todos juntos.

       Los que amurallan no solo sus bienes, también su corazón levantando fronteras mentales, y los que derriban fronteras, si no se puede físicamente, haciendo surgir grietas y túneles por los que llegar hacia la luz.

    Muchos sentimos la pertenencia a este lugar,  porque quien pasa por allí no reza a los dioses como se reza en las grandes sequías para que vengan las lluvias… sino porque alguien, siempre, te ayuda a vencer los miedos, los vértigos del compromiso, o al menos, te da la mano para recorrer el camino de la forma más cercana posible. 

Aquí constatamos  que las relaciones de cooperación social generan afectos, vínculos, símbolos, cuidados, ideas, pluralidad, y, sobre todo, riqueza, esa que no puede reducirse a la cuantía económica, sino que es riqueza social, necesaria, imprescindible...   


Como dijimos ya en algún lugar cuando intentaban cerrar la parroquia y silenciarnos, desde esta "plataforma,  espacio liberado,  comunidad, asamblea (reconozcámosla como mejor nos signifique), fuimos formulando nuestra fe en las personas: la acogida incondicional como seña de identidad comunitaria". 


           Es San Carlos de Entrevías un lugar, donde aún, nos alimentamos con el pan de la utopía.