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jueves, 29 de agosto de 2013

VISLUMBRANDO LA NIEBLA.




Si ya no puedes regresar a tu orilla izquierda, déjate llevar a donde sea.
    Sería bueno olvidarse del brocal del pozo y aventurarse en el río subterráneo.
    El día de ayer se ha ido y el que tú fuiste ayer. No trates de levantar del polvo ese amor, porque sólo levantarás jirones y sombras.
    Enséñale a tu corazón a caminar de nuevo, como a un niño de meses.
    Te dije estas cosas y respondiste:
    -Es que soy la costumbre. He tomado veneno todos los días, y me hace falta.
 ¿Qué droga tremenda es el amor?

De: Jaime Sabines
Otro recuento de poemas (1950-1991)



Al fin, dio un paso adelante…  pero ¿hacia dónde?
No sé si cansada de la calle, de buscarse cada momento la forma de seguir consumiendo, o de que su cuerpo le diera tantos avisos de que no aguantaría mucho más, quizás  sus propias vísceras gritando, pidió por sí misma la desintoxicación, y una de las personas que siempre han acompañado su deambular, consiguió plaza en uno de esos lugares, ahora que ya casi ni existen o están cerrándose (¿a quién le importan estas personas?), para que pudiera ir a realizarla.

Pero los síntomas del deterioro son tan evidentes, que al llegar, tal vez temerosos los técnicos de que se les fuera allí mismo, la enviaron en una ambulancia hacia el hospital…
Ingresada, como nosotros queríamos, como dices tú también, aunque es verdad que no te dejabas… ¿Quién sabe realmente qué pasa por tu cabeza?

Te sientes sola, aunque no lo estás.  Pero ese dolor es invisible…  Y aunque te queramos tanto,  este amor no va a cambiar nada… Y cada día se parece a otro día, y a otro día, y a otro y a otro… mientras dices que parece que se te  rompe la hiel… eso que tiene que ver con la bilis amarga, que no puede romperse, pero que siempre expresa angustia.
En este círculo de engranajes en el que habitamos, ése denominado “sociedad”,  donde se bebe sangre humana a cada instante y nos arrancan el corazón a dentelladas para deshumanizarnos, se que tuviste miedo algunas veces. Y  también frio,  y dudas, y soledad… ¡Tanta, tanta!

Aunque anduvimos recorriendo bares llamados Derrota,   donde brindamos también por la mala suerte, al final estabas  tú y tus callejones… Caminamos por sitios donde yo solamente podía ver un agujero negro.

¿Qué razones había?
La razón  de quien  se mete auroras boreales por las venas mientras recorre un viaje de odiseas hacia su Itaca particular.
Tengo miedo, porque el tiempo se acaba… y pienso que ha de ser así, es lo previsto, lo innegociable con la vida… ¡Pero me cuesta tanto aceptarlo!

Te miro a los ojo y veo otra cara:
La de ese Dios, loco y eterno, ajeno,  y que lo confunde todo sin parar de reírse…


martes, 27 de agosto de 2013

NO SOSPECHABA QUE MENTIAN







 LEAR KING EN LOS CLAUSTROS:


Di que me amas. Di: «te amo»,
dímelo por primera y por última vez.
Sólo: «te amo». No me digas cuánto.
Son suficientes esas dos palabras.

«Más que a mi salvación», dijo Regania.
«Más que a la primavera», dijo Gonerila.
(No sospechaba que mentían.)

Di que me amas. Di: «te amo», Cordelia, aunque me mientas,
aunque no sepas que te mientes.

Todo se ha diluido ya en el sueño.
La nave en que pasé la mar,
fustigada por los relámpagos,
era un sueño del que aún no he despertado.
Vivo brezado por un sueño,
inerme en su viscosa telaraña,
para toda la eternidad,
si es que la eternidad no es un sueño también.

La tempestad me arrebató al Bufón,
al pícaro azotado, deslenguado, insolente,
que era mi compañero, era yo mismo,
reflejo mío en los espejos
cóncavos y convexos, que inventó Valle-Inclán.


Los brazos de las olas me estrellaron
contra el acantilado y un buen día,
ya no recuerdo cuándo, desperté
y hallé sobre la arena
piedras labradas con primor,
sillares corroídos, lamidos y arañados
por los dientes y garras de las algas.
Entonces, desatado del sueño,
comencé a rehacer el mundo mío,
que se desperezaba bajo un sol diferente.


Y aquí está, al fin,
delante de mis ojos.
Oigo como jadea
con la disnea del agonizante, del sobremuriente.
Espera a que tú llegues
y me digas «te amo».

Conservo aquí los cielos que viajaron conmigo:
grises torcaces de Bretaña, cobaltos de Provenza,
índigos de Castilla.
Sólo tú eres capaz de devolverles
la transparencia, la luminosidad
y la palpitación que los hacían únicos.
Aquí están aguardándote.

Quiero oírte decir, Cordelia, «teamo».


Son las mismas palabras que salieron
de labios de Regania y Gonerila,
no de su corazón. Más tarde
se deshicieron de mis caballeros,
hijos del huracán, bravucones, borrachos,
lascivos, pendencieros... Regresaron
al silencio y a la nada.
La niebla disolvió sus armaduras,
sus yelmos, sus escudos cincelados,
aquel hervor y desvarío
de águilas, quimeras, unicornios,
efigies, delfines, grifos.
¿Por qué reino cabalgan hoy sus sombras?


Mi reino por un «te amo», sangrándote en la boca.
Mi eternidad por sólo dos palabras:
susúrralas o cántalas sobre un fondo real,
-agua de manantial sobre los guijos,
saetas que desgarran con su
zumbido el aire-
así la realidad hará que sean reales
las palabras que nunca pronunciaste
-¡por qué nunca las pronunciaste!-
y que ultrasuenan en un punto
del tiempo y del espacio
del que tengo que rescatarlas
antes de que me vaya.
Ven a decirme «te amo»;
no me importa que duren tus palabras
lo que la humedad de una lágrima
sobre una seda ajada.


En esa paz reconstruida
-sé que es tan sólo un decorado-, represento
mi papel, es decir, finjo,
porque ya he despertado.
Ya no confundo el canto de la alondra
con el del ruiseñor. Y aquí vivo esperándote
contando días y horas y estaciones.
Y cuando llegues, anunciada
por el sonido de las trompas
de mis fantasmales cazadores,
sé que me reconocerás
por mi corona de oro
(a la que han arrancado
sus gemas las urracas ladronas),
por la
escudilla de madera que me legó el bufón
en la que robles y arces depositan
su limosna encendida, su diezmo volandero,el parpadeo del otoño.


Ven pronto, el plazo ya está a punto
de cumplirse.
Y no me traigas flores
como si hubiese muerto.
Ven antes de que me hunda
en el torbellino del sueño,
ven a decirme «te amo» y desvanécete en seguida.

Desaparece antes de que te vea
nadando en un licor trémulo y turbio,
como a través de un vidrio esmerilado,
antes de que te diga:
«Yo sé que te he querido mucho,
pero no recuerdo quién eres».


JOSE HIERRO.
De "Cuaderno de Nueva York" (1998)



 

jueves, 1 de agosto de 2013

EL GOCE DEL IDIOTA. Ajustemos cuentas...



     "Yo juro que vale más ser de baja condición y codearse alegremente  con gentes humildes, que no encontrarse muy encumbrado, con una resplandeciente pesadumbre y llevar una dorada tristeza".

                                 William Shakespeare (1564-1616)




He descubierto a una persona-amiga "depredadora"...



  Le he dado vueltas reflexionando sobre si estaba equivocada o no, pero la impresión es cada vez más real.

     Y no es que a lo largo de mi vida no haya conocido a esa especie de humanos que, bajo múltiples formas, van trepando, ya sea en el escalafón social o en el laboral… Y seguro que todos podríamos  poner ejemplos. Es  que,  en este momento, la constatación me duele más por tratarse de alguien a quien verdaderamente aprecio... ¿apreciaba, quizás?

          No diré si el "Narciso" es  hombre o mujer... ¡Qué más da eso! ... Simplemente he visto cómo es capaz de olvidar con daño a otro amig@, como se deshace de su presa…

A veces no somos conscientes de la importancia de  aceptarse  y aceptar a los demás como son, reconociendo las propias limitaciones o deficiencias, y no apreciamos la sencillez y la serenidad como virtudes de los otros.

Y caemos en "el goce del idiota".

   Además me aplico el cuento, que, reflexionando sobre estas cuestiones,  no me atrevo yo a tirar la primera piedra.

 
      No hablo de esa forma de depredación emocional que se ejerce sin querer, sin darnos cuenta, fruto de nuestras carencias o de nuestra baja  autoestima. Quizás yo misma, en alguna ocasión, haya ejercido esa forma de poder sin querer hacerlo conscientemente. 

No se trata de la transformación personal, fruto de la maduración y el crecimiento, ni tampoco hablo del poder económico, financiero o político.

       La depredación de los bienes comunes, es algo que está a la orden del día, hoy más que nunca, pero hacerlo en el territorio de la amistad es terrible y desolador. Por eso me sitúo en el orden de lo social.  Y de ese "poder" que se ejerce a sabiendas, manejando los hilos de la conducta de forma que el  peso incline siempre la balanza a nuestro favor.

     De ese "modo de hacer" que nos eleva sobre los demás,  y que ante los  otros, hace que nos mostremos como los "divos" que en realidad no somos.

¿Y qué no haremos los hombres, y las mujeres,  para conseguir  ese poder?

        El mundo está lleno de vanidad: "Vanidad de vanidades y todo vanidad", exclama Qohélet  en el Eclesiastés. El predicador reflexiona sobre la fugacidad de los placeres, la incertidumbre que rodea al saber humano, la futilidad de los esfuerzos y bienes de los hombres, la caducidad de todo lo humano y las injusticias de la vida.

        Decimos en psicología que soberbia es concederse más méritos de los que se tienen, estimarse por encima de lo que uno vale, sentirse el centro de todo… Esa soberbia, vivida de forma vehemente, es tan intensa que algún psiquiatra dice que “nubla la razón”, impide que los hechos personales  se vean con una mínima objetividad.

Todo lo demás queda pequeño ante la propia altura.

          En el afán por alzarnos, nos sentimos como una suerte de dioses creadores,  sin nosotros no debe existir nada digno, y  se destruye hasta el  propio hábitat con verdadera  saña, para adornar la morada  donde se vive con oropeles resplandecientes, aunque carentes de ánimo y de auténtica vida.  Incapaz de querer a quien no se puede usar, no importa mucho afligir daño aunque se hayan mostrado leales con nosotros; una vez escalado un peldaño más, podemos dejar a determinadas personas en el camino.

Sobre todo a aquellos que consideramos que ya no son dignos de nuestro entorno, no aportan "glamour" y brillo social.


         Se busca la sumisión incondicional de  los allegados, y de los lejanos incluso,  sin ningún pudor. De forma que si el otro osa hacer algún planteamiento que resulta incómodo, se sufre una "subida de orgullo propio", que altera sobremanera. Esto no deja de ser más que un  ataque de miedo, de pavor a que se descubra la propia debilidad, la verdadera falta de autoestima disimulada bajo el disfraz de "gran cautivador/a",  que se ha suplido creando un personaje para un escenario del que no se baja  nunca.


        De alguna manera, incluso escribimos un pasado adornado de inexactitudes, y a veces, nos presentamos de forma  agresiva, hedonista, algo inhumana... Eso sí, bajo una pátina de solidaridad burguesa.


        Lo que más llama la atención  es que personas de  probada inteligencia, sucumban ante estas depredaciones. Debe ser que todos tenemos un punto débil. Dicen que poco importa el nivel de estudios, o el grado de madurez que tengamos, ya que los depredadores estudian a sus víctimas: "adulan al vanidoso, miman al cariñoso, y elogian al intelectual..." (Neus Colomer)
  

 

         Me viene a la mente el ejemplo de la vid, ésa planta que no tiene ninguna intención de dar buen vino, sino de reproducirse...Tampoco  el sarmiento puede dar fruto por sí mismo, si no es con la vid. Él es, según los diccionarios, su vástago, delgado, flexible y nudoso, de donde brotan las hojas y los racimos: y de éstos, podremos sacar el mejor de los vinos, entre cientos de otros  productos.

El sarmiento, pues, no está ahí  para lucirse, sino para dar frutos.
 
Querida persona-amiga:

             Por mucho que te disfraces de dulce, de bombón o de caramelo, en el fondo esto no es como un tatuaje permanente. Puede que alguna vez, bajes la guardia, y entonces quedes a merced de otros depredadores sobrevenidos a tu alrededor. Que los hay, que los he visto y pululan en tu entorno en busca de propios beneficios.

          Ajustando cuentas, diré que muchas veces me he sentido agobiada por ti, y eso, aunque parezca que pueda ofenderme, no es tanto como haber constatado cómo reaccionas en el trato con los más especiales.

      Pero te deseo que todo te siga saliendo bien,  que nunca llegues a la situación de que, a pesar de  haber salido en las portadas, estás terriblemente sola.

      Si ocurre así, también  deseo que cuando te sitúes ante tí misma, y el espejo devuelva tu verdadera imagen, sepas afrontar el momento con gallardía y entereza.


     Me recuerdo  a mí misma ese refrán que dice que  "quien hace ostentación de su abundancia, es porque nada le pertenece.

Ya lo dijo  Mathatma Gandhi:
"Uno debe ser tan humilde como el polvo para poder descubrir la verdad".


Brindo, pues, con quien pueda apetecer,
por los sencillos sarmientos.


miércoles, 24 de julio de 2013

UN ANGEL DE VACACIONES EN LA TIERRA


Un ángel de vacaciones en la tierra ...






¡Feliz cumpleaños,
mi duendecillo!
Como otro pequeño Principito,
apareciste en este planeta,
y,  también como él, en Africa, 
ese lugar de la tierra que pudo ser nuestro origen.

Te encontré en mi camino,
cuando la avería de mi avión
había hecho posible un aterrizaje forzoso.
Mi viaje en pareja se había interrumpido
y estaba sola, aún rodeada de miles de personas.

Tus ojos se clavaron en mí,
nos dimos la mano
y me hiciste descubrir que hay que seguir viviendo
manteniendo  la mirada de los niños.

Y mirar todo a través de tu luz
fue la mayor sorpresa que me pudiste ofrecer.

Me enseñaste tu rosa,
y a descubrir lo invisible a los ojos,
y sigo cuidando esa flor
porque aún soy responsable de ella.

También decías, como él:  ¡Qué extraños son algunos seres!
Decididamente, sí,
las personas mayores son  muy extrañas.
Pero tuvimos trocitos de tiempo
para vivir con aquellos que encontramos.
Porque no importa la cantidad,
sino la calidad del tiempo que pasamos con un amigo.


Me hablaste de los baobabs de tu territorio,
y pude verlos en tí,
creciendo y extendiendóse cruelmente deprisa.
Ellos, a diferencia de los del otro principito,
no se habían quedado en tu planeta.

Estaban en tí, en tu interior,
y te devoraron...
No hubo cordero que arrancara las malas raíces.
No pudo ser.
No lo conseguimos.


Te fuiste pronto, a una estrella de las galaxias lejanas,
pero me dijiste, y así lo creo,
que me esperarás allí para decir, a quien sea,
que he sido buena,
que puedo y debo  llegar a esa misma estrella con tu luz.

Mi cariño hacia ti se desborda a veces,
y te echo de menos, aún sintiéndote tan cerca.
Me costaba escribirte, de nuevo, otra vez,
porque, en la noche, aún lloro.
Pero es que tuve ¡tanta suerte de encontrarme contigo!
¡Es que fui tan feliz en aquel desierto
de cálidas arenas!


¡Feliz cumpleaños,
mi pequeño y amado Principito!

                          (Marian, 7 de julio de 2013)
 








viernes, 12 de julio de 2013

RAMADAN, en julio y en Madrid.




                                      En Ramadán, el musulmán trata de poner orden a su casa espiritual.






Hoy, hacia las 11.30 de la mañana, he compartido un rato con unos amigos musulmanes
y ya se observan en sus rostros las huellas que van dejando los días de ayuno.

17 horas de sol,  y un sol de justicia implacable, en este Madrid que estos días todos decimos que nos parece un horno,  y donde, muchos, nos pasamos el día recurriendo al agua y a la cerveza, para ellos está siendo duro, muy duro, como me comentaban.

Más allá de lo que yo pueda pensar  de la inutilidad o no de este tiempo de esfuerzo y sacrificio, como de tantos otros  que se hacen en nuestra cultura, esas  abstinencias y renuncias cristianas, las mortificaciones y los castigos con cilicios y otros métodos de disciplina (de esto hablaba hace poco con un amigo que conoce bien el tema),  es indudable que muchas filosofías se han basado en la renuncia a todo bien y comodidad corporal para fortalecer la voluntad y el espíritu.

Me dice el más joven de los que conversaba conmigo  hoy que él lo está llevando mal, pero que piensa todo el tiempo en aquellos que no ayunan por voluntad propia, sino obligados por sus circunstancias, por la pobreza, por las hambrunas; en los niños que no tienen nada que comer, y ni siquiera pueden esperar, como él, a que caiga el sol, a que anochezca, para poder saciarse.

Porque las casas de estos amigos, cuando se vaya el sol y llegue  el iftar, se llenarán de olores a especias y a dulces, a hariras y cordero, y los dátiles harán más fácil la ruptura del ayuno. Sobre mesas bien dispuestas, donde me invitan a compartir con ellos el alimento.
Ramadán tiene significado como mes de  crecimiento espiritual e incremento de la responsabilidad social. El ayuno que es beneficioso para la salud, debido a que elimina toxinas e impurezas del cuerpo, y que es considerado principalmente como un método de autopurificación.

El camino es empinado, aún quedan muchos días…  El aspecto físico se va deteriorando y se cambia de humor.
Uno de mis amigos hoy ya se muestra irritable, no solo por la falta de agua y pan,  más aún por la falta de tabaco, ese “no fumar” que acusa con nerviosismo.
Ante mi comentario de que de nada sirve el ayuno si está enfadado, si ofende al otro, me mira compungido, como si yo me hubiese convertido en “Málik”, el ángel guardián del  Infierno
Ni Malik ni Serafín, el ángel encargado del fin del mundo…. Solo una amiga, mama Mariam como él me llama, que le hubiera abrazado cariñosamente, si no fuese porque, en este tiempo  tampoco el contacto físico con una mujer durante el día, les está permitido.
 
   y con su oración preferida, nos hemos despedido poco después, esperando la hora para poder romper el ayuno:                  
        
La ilah illa Allah, Muhámmad rasulu Allah


miércoles, 3 de julio de 2013

EL HILO ROJO









Me ha contado un querido amigo la leyenda sobre "El Hilo Rojo",
un relato de origen japonés, que sostiene que entre dos o más personas que están destinadas a tener un lazo afectivo, existe un «hilo rojo», que viene con ellas desde su nacimiento.

También conozco una versión tuareg de este relato, pero viene a decir exactamente lo mismo:

El hilo existe independientemente del momento de sus vidas
en el que las personas vayan a conocerse y no puede romperse en ningún caso, aunque a veces pueda estar más o menos tenso, pero es, siempre, una muestra del vínculo que existe entre ellas.

 He buscado la historia, y el texto literal viene a decir:

"Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que estàn destinados a encontrarse, sin importar tiempo,
lugar o circunstancias.  El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper".


Se que en el desierto se le cuenta la leyenda a los niños y jóvenes,
imagino que también en Oriente lo hacen.

Pero yo no creo en la predestinación, ni en lo establecido.
Mi amigo dice que no existe la casualidad, y a mi me gusta creer en el azar...

Quizás mi hilo rojo se enredó numerosas veces en otros dedos, en otros caminos... 

También conocí hilos blancos de luz,  procedentes de la Luna,
que me unieron a otros ojos y a otras manos. 

Y hubo hilos que tuve que cortar, porque apretaban demasiado la garganta...

        Y abrir la caja de costura en busca de otros hilos para intentar remendar el alma desgastada, con algun agujero por el que se escapaba el aire. Pero, de momento, me agarro al hilo de la cometa que sube altiva hacia el cielo,  
porque, como Khaled Hosseini, creo, aún, que  
 
 “Lo que sucede en unos días, incluso en un único día, puede cambiar el curso de una vida” .








La leyenda:

Wei Gu vivía en Dulin. Sus padres murieron cuando él era pequeño, por lo tanto quería casarse a una edad temprana. Sin embargo, todas sus propuestas de matrimonio fueron rechazadas. Durante el reinado de Tang Taizong (años 626 a 649), en una visita turística a Qinghe, se hospedó en un hotel de la región sur de la ciudad de Song. Un viajero le comentó acerca de una joven doncella, la hija de Pan Fang, un funcionario del gobierno de Qinghe, y lo invitó a encontrarse con la familia de Pan frente al Templo Longxing a la mañana siguiente.
Muy temprano en la mañana, Wei Gu no contuvo su impaciencia y se precipitó al templo. La luna todavía estaba en el cielo cuando llegó. Había un anciano sentado en los escalones del templo, recostado sobre un bolso, leyendo un libro bajo la luz de la luna. Wei Gu echó un vistazo al libro, pero no podía leer sus palabras, entonces con curiosidad preguntó al anciano, “¿qué tipo de libro está leyendo? Desde pequeño he estudiado muchas diferentes lenguas, hasta sánscrito indio. Pero debo confesar que nunca me he encontrado con la lengua escrita en este libro, ¿qué puede decirme sobre él?” El anciano sonrió y dijo, “este no es un libro escrito por seres humanos, proviene de 'el mundo invisible', ¿cómo podría usted leerlo?” Entonces Wei Gu preguntó, “¿qué hace aquí alguien de 'el mundo invisible'?” El anciano contestó, “usted llegó demasiado temprano, no es que yo no debiera estar aquí. Todos los administradores del Mundo Yin (mundo subterráneo) administran todo en el mundo Yang, que también es llamado el mundo humano, ¿por qué no deberíamos venir aquí?”
“Dígame, ¿usted de qué es responsable?” preguntó Wei, “de los matrimonios de la gente” aseguró el anciano; Wei Gu se exaltó y dijo, “mis padres murieron cuando yo era pequeño, entonces me gustaría casarme a una edad temprana porque no quisiera que mi descendencia se extinga. Sin embargo, todas las propuestas de matrimonio que hice durante los últimos diez años fueron rechazadas. Alguien me comentó sobre la hija del oficial Pan Fang, ¿piensa que ella se casará conmigo?” El anciano respondió, “no, ella no será su esposa. La mujer con la que usted se casará tiene ahora sólo tres años y se casará con usted cuando tenga 17. En este bolso llevo un hilo rojo que uso para unir los pies de las parejas. Una vez que están destinados a casarse, ato sus pies con este hilo rojo. No importa si son enemigos, ricos, pobres o están separados por una larga distancia, mientras el hilo rojo esté atado, ellos se casarán. Cuando los pies de ella estén atados al suyo, será inútil para usted buscar otra”.
Wei Gu necesitaba saber más, “¿Quién es mi esposa? ¿Dónde vive ella?” El anciano contestó, “su futura esposa vive con una familia que vende verduras, al norte del hotel”. “¿Puedo verla?” preguntó Wei Gu. El anciano dijo, “ella siempre está con la anciana que vende verduras, venga conmigo y se la mostraré”.
Las personas con la que Wei Gu estaba supuesto a encontrarse en el templo no aparecieron esa mañana. El anciano cerró el libro, recogió el bolso y guió a Wei Gu al mercado. Al llegar allí, vieron a una anciana con un ojo ciego que sostenía a una niña de tres años. Ambas lucían muy sucias y feas. El anciano señaló a la niña y dijo, “Esa es tu esposa”. Wei Gu, en cólera, preguntó, “¿Puedo matarla?” el anciano respondió, “Esta niña está destinada a ser rica y a vivir una vida honorable y, además, encontrará la felicidad con usted. Por lo tanto, ¿cómo podría ser asesinada?” Al instante el anciano desapareció.
Una vez que Wei Gu volvió a su casa, afiló un cuchillo, se lo dio a su criado y le dijo, “Siempre has manejado bien mis asuntos. Si puedes matar a esta niña para mí, te recompensaré con 10.000 monedas”. El criado estuvo de acuerdo y, escondiendo el cuchillo en su manga, se dirigió al mercado, apresuradamente apuñaló a la muchacha y se alejó rápidamente. Fue capaz de escapar de la escena porque aquel día había una gran muchedumbre en el mercado.
Cuando el criado volvió, Wei Gu preguntó, “¿La apuñaló?” El criado contestó, “Traté de apuñalar su corazón, pero fallé, entonces la apuñalé entre las cejas”.
Wei Gu siguió proponiendo matrimonio a distintas mujeres sin ningún éxito. Otros 14 años habían pasado cuando le ofrecieron trabajar para Wang Tai, un funcionario de defensa en Xiangzhou. Tiempo después Wang Tai le entregó la mano de su hija en matrimonio porque encontró que Wei Gu estaba altamente calificado. La esposa de Wei Gu tenía entre 16 y 17 años y era muy hermosa. Wei Gu estaba muy contento; sin embargo, observó que su esposa siempre ponía una pequeña flor artificial entre sus cejas y nunca se la quitaba, incluso cuando se bañaba.
Al final del año, preguntó a su esposa por qué siempre llevaba puesta una flor artificial entre sus cejas. Ella le dijo, “en realidad soy la sobrina de Wang Tai, no su hija. Mi padre era el líder de un condado y murió en funciones, mi madre y hermano murieron más tarde; yo era un bebé en ese entonces. La única propiedad que mis padres dejaron era una casa al sur de la ciudad de Song. Viví allí con mi niñera Chen, ella sintió lastima por mí y siempre me cuidó. Sobrevivíamos vendiendo verduras. Cuando tenía tres años, estábamos con Chen en el mercado cuando repentinamente un loco me apuñaló entre las cejas dejándome una cicatriz que cubro con esta flor artificial. Aproximadamente 7 u 8 años más tarde, mi tío vino a Lulong para asumir un cargo. Me adoptó como su hija y me mudé con él, luego me casé con usted”.
Wei Gu asombrado indagó, “¿La niñera Chen tenía un ojo ciego?” Su esposa contestó, “Sí, ¿cómo lo sabe?” Wei Gu confesó, “En realidad, yo envié a aquel hombre loco. Esto es tan extraño”.
Entonces relató a su esposa la historia entera.

El destino no puede ser cambiado por el hombre. Entendiendo esto, la pareja de ahí en adelante se hizo más respetuosa el uno del otro. El alcalde de la ciudad de Song oyó sobre este matrimonio predestinado y por lo tanto llamó a aquel hotel “Hotel del Compromiso".