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viernes, 18 de septiembre de 2015

¿PRIMERO LOS DE AQUI?


       A la profunda brecha que ya se ha abierto desde el lenguaje en razón de si se es persona susceptible de asilo o se pertenece a los ahora denominados “inmigrantes económicos”, comienzan a añadirse otras grietas en nuestra sociedad al grito de “primero los españoles”, letanía que se extiende gracias a que, para derrocar nuestra solidaridad e intenciones de hospitalidad, nos inoculan el virus del miedo y la inseguridad: “Se pueden colar los yihadistas”, “a saber qué delincuentes vienen”, etc., etc... “Si tenemos 5 millones de parados, ¿Por qué ellos nos va a quitar el trabajo?” ¿Por qué se les da ayuda a ellos y no a nosotros?”
Foto: OLMO CALVO/EL MUNDO.
 
         Nos vamos calentando y nos sale la “vena patriótica" y el discurso se va radicalizando, alimentado por muchos de nuestros medios, partidos políticos de derechas  y al calor de la crisis.
      Pero a estos que lo preguntan, (algunos nos increpan y discuten lo que pensamos y decimos), no les he visto ninguna vez delante de los grandes bancos cuando se les designaban ayudas públicas por 217 mil millones de euros para sus problemas económicos privados, gritando: ¡Primero los españoles, luego la Banca!
          Ni tampoco delante de los que perdían su casa en los desahucios; ni cuando los “recortes” aplicados por nuestros últimos gobiernos en todos nuestros derechos laborales, sociales y económicos,  nos dejaban en cueros  ante la gran patronal.
          Tampoco ante los Juzgados exigiendo sentencias efectivas para los políticos corruptos, ni ante la institución de la Iglesia cuando recibe  sustanciosas subvenciones anuales de nuestro Estado que, en teoría, debería ser laico.
           Pero es que, además, no se trata de elegir. No hay que hacerlo. Aunque quieran engrosar las cifras añadiendo números a los ceros, este problema abarca solo a  un 5 por ciento de personas que podrían integrarse perfectamente sin que nadie lo notara.
          Ya nos intentaron intimidar con leyes sancionadoras a los que practicábamos la hospitalidad, para que negásemos el apoyo a los que se encuentran en “situación irregular”, pero no lo consiguieron porque  tenemos claro que nuestros principios no pueden ser criminalizados.
           Se que, tras tanto furor patrio, se esconde el miedo y por eso se habla de  avalanchas, de colapsos, de cifras astronómicas en ayudas, por cierto siempre menores que las que se han perdido en corrupción y en pelotazos particulares. Se trata de controlarnos mediante las cortinas de humo que dificultan nuestra percepción.


FOTO: ANTONIO RUIZ/EL PAÍS.
 
         Esa angustia no nos deja ver el horror de lo que está pasando en las fronteras, ¡en tantas!, ni las criminales políticas migratorias que se están llevando a cabo por nuestros dirigentes, ni cómo se destruyen desde fuera los conatos de democratización que en Oriente Medio y en  países africanos se han podido dar.  Nada nos molesta la venta de armas a países  en los que se atiza la hoguera para su empleo y a cuyas poblaciones civiles, víctimas de los conflictos resultantes, no  queremos atender después.
         Ese “primero los de aquí” no es algo que nos resulte beneficioso, creedme. Porque nuestra salida de la crisis no depende de que atendamos más o menos sirios, más o menos kurdos, eritreos o palestinos y subsaharianos (que por cierto, aunque tanto se habla del tema, en nuestro país no son atendidos todavía)… No, de verdad. Aunque no viniera ninguno, tu cuenta corriente no va a aumentar por ello, ni vas a tener un trabajo estable y seguro, ni tu mundo va a ser una maravillosa balsa de aceite, segura, próspera y feliz.
     Hay que mirar hacia otro lado, hacia otros responsables… Lo contrario solo nos individualiza, nos deteriora, nos hace más débiles y más cobardes.
 

FOTO: JOSE PALAZON.
 
        
            Los inmigrantes no son nuestros competidores ni abusarán de los servicios públicos, como nos hacen pensar. Nos los han quitado ya en gran medida y no precisamente han sido ellos.
           No os creais lo que nos trasmite la televisión, dejad de pensar que las cuchillas en las fronteras son eficaces, y  que esto es cuestión de elección,  porque no lo es. Vacunarnos contra la xenofobia, es la única salida. 

Y no se trata de "buenismo", es que hay que cumplir las leyes internacionales. 

            Tras la II Guerra Mundial, se definió jurídicamente el Estatuto del Refugiado para  encargarse de la protección legal y de la búsqueda de soluciones para los afectados por las causas de migraciones. La Convención de 1951 definía al refugiado como  "la persona que debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social o por sus opiniones políticas, se encuentra fuera del país de su nacionalidad". Actualmente, nuestros gobiernos se saltan el artículo 33 devolviendo a cualquiera que se acerca a las vallas, pero así mismo, incumplen otras leyes internacionales en Ceuta y Melilla con el inhumano trato que practican.

       Estamos en otro momento  crucial de la historia donde se trata de seguir siendo o no personas, de seguir viviendo en un mundo que alguna vez puede mejorar… Por eso debemos dejar de sentir la “patria” como algo interiorizado en  nosotros. Es una construcción ficticia. Ser de un lugar, de un país, reconocerse como miembro de una comunidad, no debe significar cerrarnos tras muros vergonzosos. Dicen que somos de un paisaje, posiblemente sea así. Pero la "patria" que nos inculcan es excluyente y fanática, siempre cercana a las ideas fascistas.
       Fijaos bien en que quienes nos hablan de esa patria, son los que tan a menudo la venden al mejor postor.
 

jueves, 17 de septiembre de 2015

PATRIMONIO













De todas las cosas que poseo,
lo más hermoso, importante y valioso
son dos palabras que nunca te he dicho...
y que me gustaría regalarte.

(Mariam, 16 de Septiembre de 2015)

jueves, 10 de septiembre de 2015

CUANDO EL NIÑO ERA NIÑO...


                                     "Mirar desde arriba no es mirar.  
                                                       Hay que mirar a la altura de otros ojos."   
 
      

        Malos tiempos éstos nuestros en que las imágenes que nos llegan cada día no son capaces de resquebrajar los cimientos de nuestro sistema.
 
        Mientras observo las noticias que me esperan para emitirse en el canal de accesibilidad, me llega el recuerdo de aquella mítica película de 1987, "El Cielo sobre Berlín", de Wenders.  En ella, dos ángeles observan el mundo, aunque no pueden intervenir en nuestras vidas, solo a veces acercarse  a los humanos para reconfortarles en momentos de dolor.
 
         Dos ángeles sobrevolando Berlín sobre el muro de la vergüenza,  Damiel y Cassiel,  que escuchan el rumor bullicioso del mundo, entre la muchedumbre que llena calles, autobuses, metro, torres de pisos. Un mundo hecho de sensaciones, dolor y felicidad donde los niños podrían preguntarse: ¿Por qué yo soy yo y no tú?,
¿por qué estoy aquí y no allí?”.
 
          Recuerdo una escena que me impactó en la que uno de ellos, Damiel, consuela con un poema a un moribundo tras un accidente de tráfico. Y la sensación que me dejó aquel deseo de uno de los protagonistas de formar parte de la vida humana, tan intenso que incluso está preparado para sacrificar su inmortalidad.
 
Foto: ANTONIO RUIZ.
 
        Mientras mis ojos se posan en los acontecimientos del día, pienso en esos personajes sobrevolando ahora, hoy, otros lugares de Europa, otros muros de la vergüenza sangrantes y asesinos, fronteras no entre lo humano y lo divino, sino entre los propios seres humanos, incapaces de reconocerse, todos, como seres extraordinarios.
 
        La película comienza con un poema escrito por Peter Handke, para la primera escena. Aquí os lo dejo,  en las propias palabras del poeta,
para que no olvidemos la Canción de la niñez.

     
 
Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar.
Cuando el niño era niño no sabía que era niño,
para él todo estaba animado
y todas las almas eran una.
 
Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada,
no tenía ninguna costumbre,
se sentaba en cuclillas,
tenía un remolino en el cabello,
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.

 Cuando el niño era niño era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y por qué no tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allí?
¿Cuando empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol no es sólo un sueño?
Lo que veo y oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo ante el mundo?
¿Existe de verdad el mal y gente que realmente son malos?
¿Cómo puede ser que yo, el que soy,
no fuera antes de devenir,
y que un día yo, el que yo soy,
no sea más ese que soy?

Cuando el niño era niño le costaba tragar las espinacas,
los chícharos, el arroz con leche y la coliflor al vapor,
y ahora come todo, no sólo por necesidad.
Cuando el niño era niño alguna vez despertó en una cama extraña,
y ahora lo hace seguido.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, sólo en ocasiones, con suerte.
Imaginaba claramente el paraíso,
y ahora, como mucho, lo adivina.
No podía pensar en  la nada,
y hoy se estremece ante ella.
Cuando el niño era niño jugaba entusiasmado,
y ahora se concentra como antes
sólo si se trata de su trabajo.
 

Cuando el niño era niño las manzanas y el pan
le bastaban de alimento,  y todavía es así.
Cuando el niño era niño las moras le caían en la mano,
como sólo caen las moras,  y asi es todavía;
las nueces frescas le ponían áspera la lengua,
y así es todavía;
encima de cada montaña tenía el anhelo de una montaña más alta,
y en cada ciudad el anhelo de una ciudad aun más grande…
y siempre es así todavía.
En la copa del árbol tiraba de las cerezas
con igual deleite lo hace hoy todavía;
se asustaba de los extraños como todavía se asusta;
esperaba las primeras nieves y todavía las espera.
Cuando el niño era niño
lanzó un palo como una lanza contra el árbol,
y hoy vibra así todavía.
 




     


 
         
 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

HERIR LA SENSIBILIDAD...



        Las imágenes que nos llegan estos días y otras que vemos ya hace tanto tiempo de personas en permanente sufrimiento, hieren la sensibilidad.

       Ese camión abandonado en Austria donde 71 personas viajaban tras recorrer medio mundo en busca de refugio y asilo al que sin duda tenían derecho colocadas como en un juego de “tetris” macabro, hasta que encontraron un final que estremece recordar, hiere nuestra sensibilidad.


      Las niñas y niños que caminan interminablemente  para llegar ante las alambradas y las distintas formas de muros de la “vergüenza” que tratan de cerrarles la puerta a la esperanza y al  futuro, hieren la sensibilidad.

       Los pequeños flotando en las aguas del mar, o muertos en las playas, nos hieren indudablemente la sensibilidad.



    Pero… ¿qué es la sensibilidad? Según las definiciones, es “la facultad de sentir, propia  de los seres animados. Y la propensión natural del hombre a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura.

     Por eso, es normal que nos impacten las imágenes que los medios nos acercan, al mismo tiempo que exigimos a los reporteros que nos muestren la realidad de lo que ocurre.

     Queramos o no, todas esas imágenes nos interpelan, porque, querámoslo o no, todos somos parte del conflicto y parte de las consecuencias.

     Entonces, lo que sentimos ¿es sensibilidad o sensiblería? Es decir, ¿sentimos la pena y el dolor o tenemos un sentimentalismo exagerado y “trivial”?

      Cuando hablamos de las víctimas… ¿sabemos que etimológicamente nos estamos refiriendo  a la persona destinada al sacrificio o que padece daño por causa ajena?

    Desde mi retiro, he observado una manifiesta preferencia por no ver, no oir, no sentir todo ese daño que somos capaces de crear a nuestro alrededor. Queremos evitar la angustia que nos puede suscitar la violencia, la tortura psicológica, la constante vulneración de los derechos humanos, porque nos duelen las entrañas al ver a ese pequeño sin vida, o el puzzle que lleva a otros a la muerte ya sea en una embarcación o en un camión, para el lucro de muchos europeos.

        Sinceramente creo que mientras no seamos capaces de mirar a los ojos de las persona, reconociendo su dolor y aceptando la culpabilidad que tenemos en todo este genocidio y horror, mientras no militemos seriamente por evitarlo y porque se respeten sus derechos, nos estamos escandalizando de un modo muy cómodo y el taparnos los ojos ante las imágenes es pura frivolidad.


Tal vez sea por eso que no queremos verlas, que nos ponemos la venda, ya que, de mirarlas de frente, nos comprometerían a dar un paso adelante.

lunes, 24 de agosto de 2015

EL HOMBRE NO ES UN ÁRBOL.


      “El hombre no es un árbol: carece de raíces, tiene pies, camina. Desde los tiempos del homo erectus circula en busca de pastos, de climas más benignos, de lugares en los que resguardarse de las inclemencias del tiempo y de la brutalidad de sus semejantes. El espacio convida al movimiento y se inscribe en un ámbito mucho más vasto y en continua expansión” (Goytisolo, 2004).
 
   

           En una entrevista a Ryszard Kapuscinski, que he estado releyendo, éste decía  que "nunca ha sido sencillo cruzar una frontera."  Que a menudo cruzarla resulta peligroso,  que puede costar la vida; es la barrera entre la vida y la muerte.

           En Berlín hay un cementerio con la gente que no lo logró. Las fronteras se guardan con armas y en ellas se exigen documentos para pasar al otro lado. Él lo hizo del Este al Oeste, la más brutal.
 
          El gran descubrimiento del hombre, aseguraba también Kapuscinski, no fue la rueda, sino ese “Otro”, cuando la primera tribu-familia de 150 miembros que vivía entre los dos ríos en Mesopotamia se topó con otra tribu-familia y ambos se dieron cuenta de que no estaban solos. ¿Qué hacer ante ese hallazgo?, se pregunta. Tres reacciones son la constante en la historia: ignorarlo, entablar contacto (comercio) o guerrear.
        En otro de sus libros, Viajes, Kapuscinski explica el origen de la hospitalidad, una de las improntas de la civilización griega -acoger al desconocido, darle cobijo y alimento-. Una tradición que se conserva en muchos lugares de África en los que el que nada tiene comparte todo con el extranjero. "Esta costumbre se basa en la creencia griega de que el visitante podía ser un hombre o un dios disfrazado. Esa acogida llevaba pareja una responsabilidad: la seguridad del invitado. Ya nadie conoce de dónde procede esta costumbre ancestral que entiende el encuentro con otra persona como un acontecimiento, como una oportunidad y una fiesta. Nunca como un problema".
    Sin embargo, mientras las multinacionales europeas cruzas las fronteras del sur, sin ningún obstáculo, las personas migrantes  no son bienvenidas, ni acogidas con esa responsabilidad. Como escribía el profesor Juan Carlos Velasco, En países europeos, cuando no están explotando el miedo al Otro, se preguntan: ¿cómo vamos a integrarlos? Para España y muchos países del norte “la integración” de los inmigrantes significa la discriminación del Otro, el silenciamiento de los inmigrantes y la construcción de una sociedad desigual”.
 
      Kapuscinski,  este viajero que tanto nos ha emocionado con su gran obra periodística y literaria, nos ha contado en alguno de sus libros que cruzar una frontera por primera vez fue para él un desafío, quería saber qué se sentía. Quiso siempre hablarnos de los otros, de sus costumbres, de sus pensamientos, porque decía que es en el desconocimiento donde se cultivan los virus del odio y de la guerra.
 
         Añade en la entrevista que cuando se declararon las independencias de India y Pakistán -y después las de la mayoría de los países africanos-, “se produjo una gran euforia, una esperanza de que la misma independencia era la solución a los problemas. Se creó el Movimiento de los No Alineados para confrontar a Occidente, pero 20 años después, en 1972, tuvieron que admitir su fracaso, que el mundo desarrollado no estaba dispuesto a atender sus aspiraciones. Ahora, la táctica es otra. Ya no se trata de buscar la confrontación, esta vez el objetivo es intentar la penetración. No es una acción organizada, sólo el débil que busca la igualdad cruzando el mar y los desiertos, jugándose la existencia, para saltar la nueva frontera que separa la muerte segura de la posibilidad de vida. Y los periodistas no estamos informando del contexto, de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Occidente ha creado unas condiciones de desigualdad tales que la única salida de los pobres es jugarse todo para alcanzar ese mundo donde están acumulados los bienes y el bienestar, y es muy hipócrita decirles que ahora ya no pueden cruzar. Es un problema que  tiene una solución muy difícil".
        Hace tiempo que él murió… pero su crítica sigue siendo vigente, cada día más…  Los trenes siguen partiendo con rumbos inciertos hacia lugares que se buscan con esperanza en el corazón.  Conozco, afortunadamente, profesionales comprometidos con el buen hacer, con la reflexión sobre la realidad... Pero no veo en el medio de comunicación donde trabajo la curiosidad periodística, la necesidad de interrogar al Otro, de interesarse por él, esa parte del carácter de periodistas como Kapuscinski, que también decía que: "Siempre creí que los reporteros éramos buscadores de contextos, de las causas verdaderas que explican lo que sucede en nuestro mundo".
 

viernes, 7 de agosto de 2015

HEMOS LLEGADO AL HOGAR.


A veces el hogar es sólo una estación en el largo éxodo al que estamos avocados.

 

HEMOS LLEGADO AL HOGAR

Hemos llegado al hogar desde la guerra sin sangre
con el corazón abatido, nuestras botas llenas de orgullo
de la verdadera matanza del alma,

Y nos hemos preguntado:
“¿Cuánto cuesta ser querido y después abandonado?”


Hemos llegado al hogar y traído la promesa escrita en colores de arco iris
a través del cielo para enterrar,
pero no es el momento de colocar coronas por los crímenes de ayer.

La noche amenaza, el tiempo se disuelve,
Y nada conocemos del mañana.

Los tambores borboteantes a la estrella hacen eco.

El bosque aúlla y entre los árboles el oscuro sol aparece.

Hemos llegado al hogar cuando vacila la aurora,
cantando canciones de otras tierras,
la Marcha Fúnebre que nos viola los oídos,
sabiendo que toda nuestra tradición y nuestras lágrimas
se juegan al cara o cruz de una moneda.


Hemos llegado al hogar al pie de las verdes colinas
a beber el grito cálido y  suave del canto de los pájaros.

A las playas ardientes donde los botes salen al mar
a  desgranar la cosecha del océano
y las tenaces gaviotas se hunden y deslizan volcando besos sobre las olas.

Hemos llegado al hogar donde a través del relámpago y la lluvia atronadora,
La peste, la sequía, el espíritu empapado
se demora en el camino arenoso sosteniendo los torturados restos de la carne,
ese espíritu que no pide al mundo favor alguno
Sino la DIGNIDAD.

(Lenrie Peters, poeta de Gambia)

IMAGEN DEL Dignity I de MSF.

 

miércoles, 5 de agosto de 2015

KIALA: BINOMIO DELITO-PENA



En el artículo 1 de la Ley Penitenciaria, y en concordancia con la Constitución española, se dice que “el fin primordial de las instituciones penitenciarias es la reeducación y la reinserción social” de los sentenciados a penas y medidas de privación de libertad.
         El régimen penitenciario es el medio y el tratamiento es el fin, siendo este tratamiento el conjunto de actividades dirigidas a esa reeducación y reinserción social que pretende “hacer del interno una persona con la intención y la capacidad de vivir respetando la ley penal”, desarrollándose así el respeto a sí mismo, la responsabilidad individual y social con respecto a la sociedad en general.
         En el caso de Kiala, puede comprobarse que el ingreso en prisión YA no sería necesario al haberse conseguido de antemano tales premisas.
           Muchos ya conoceréis la historia de Kiala, que llegó a España en 1984 procedente de la República Democrática del Congo, con 22 años de edad. Su padre se había significado en la oposición a Joseph-Desiré Mobutu, y ante la repetida violación de los derechos humanos no le quedó más salida que huir de su país.
         Roma, Madrid y las vicisitudes que conocemos en tantos casos, intentando conseguir el estado de refugiado político. Quería estudiar Literatura,  pero ese sueño aún lo tiene pendiente. Trabajo como temporero en Murcia y en Almería, también en la recogida de la aceituna. Pasaba el tiempo y tuvo pareja y fue padre.

           Pero bajó a los infiernos. Se encontró en situación muy precaria, se drogaba, tenía hambre, vivía en la calle… Ha declarado en numerosas ocasiones que por la droga lo perdió todo: familia, salud, amigos…  Hasta que tocó fondo, se planteó cambiar su estado y buscó ayuda.
           Su periplo, contado por él mismo y publicado en diversos medios, podéis verlo en los siguientes enlaces, entre otros:
http://www.publico.es/sociedad/kiala-manta.html

           Una navidad robó productos de perfumería por valor de unos 150 euros, en una gran superficie comercial, lo que le hizo soportar una paliza brutal por parte de los vigilantes de seguridad, le llevó a un juicio donde él considera que no dejaron a su abogado defenderle bien, donde solo se tuvo en cuenta el testimonio del vigilante de seguridad y, tras seis años de aquello, le espera una condena de 6 meses de prisión y una multa de 4.500 euros.
        La paliza recibida con todos los ingredientes de racismo por parte de los vigilantes jurados del C.I., el trato vejatorio y las circunstancias en que se produzco el suceso, son asuntos pendientes que no se tienen en cuenta.  Kiala es negro...
         Actualmente forma parte de colectivos sociales, de una cooperativa de economía social, hace teatro  (ayer veíamos en este blog la obra que representan),  participa en las asambleas de MigraPies, donde ayuda a personas migrantes  tratando de  regularizar su situación o su exclusión  y luchando por la promoción social y humana y el reconocimiento de los derechos civiles.

            Kiala descubrió que la vida social es vida colectiva y solidaria.
           Hace tiempo  que cuenta con el apoyo de todos sus compañeros, del barrio y de muchos colectivos que luchan por su libertad, en campaña continúa por cambiar un destino que no le aboque al fracaso.      
                 Sabemos que la pena es la consecuencia directa del delito, y en este binomio delito-pena, ésta debe ser proporcional, el juez debe considerar las circunstancias y seguir en el camino de que el Derecho penal contemporáneo  se defina por el respeto cada vez mayor a la libertad individual, al reconocimiento de la dignidad humana.
       Está  demostrado que el encierro riguroso opera como estímulo para una mayor inadaptación social, superior incluso a la que se tenía antes de empezar a cumplir la pena. Y en casos como el de Kiala, cuando se encuentra rehabilitado de adicciones, con motivaciones sociales que le hacen colaborar en el bien común, con trabajo cooperativo y con apoyos significativos, la reclusión para cumplir una pena de cárcel solo conseguiría interrumpir un proceso de crecimiento personal y rompería el profundo arraigo social que ahora tiene. Esto actuaría como una venganza de la sociedad olvidando el fin de cada pena.
             Existen medidas sustitutivas que pueden aplicarse, la ley lo permite y deja a la creatividad de los jueces la aplicación de las mismas.
             Aprovecho desde aquí para exigir un sistema penitenciario más flexible, más humano, ya que se concibe en nuestro mundo como “un mal necesario”, (ojalá puedan desaparecer las prisiones), NO OLVIDEMOS que en la génesis del fenómeno de la delincuencia, las estructuras sociales y los regímenes políticos son factores condicionantes. La "carne de cañón" sigue alimentando las ansias del poder a costa de los débiles.
             25 organizaciones sociales, entre las que se cuenta el Samur Social, Cruz Roja o la Parroquia de San Carlos Borromeo, han firmado también para pedir su no ingreso en prisión.
          Aprendamos de lo que nos ha enseñado Kiala, de su resistencia, de su valentía para salir de la calle y de sus adiciones, de su apertura hacia nosotros, de su entrega...
          Y acompañémosle en este sueño por su libertad, sigamos reclamándola y consigamos que no entre en la cárcel.
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Foto 1: Alvaro Minguito.
Foto 2: Nicolás Camberro.