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viernes, 24 de julio de 2020

PORCIONES DEL ALMA, PUERTAS DE MEMORIA.

Para muchos, el amor es una fuerza creadora.
Para otros, lo es el sufrimiento causado 
por su reverso, el desamor.

Se ha escrito un libro, modesto, quizás inadvertido, en el que se han recogido relatos en 5 líneas sobre esa emoción omnipresente en todas las facetas del ser humano.

Os dejo aquí el mio, que ha sido uno de los finalistas:


"PARTE DE GUERRA:
He salido con vida de la batalla. 
No indemne, pero viva...   Tú has hecho la maleta y te has marchado. Yo he vuelto al campamento y reviso mis heridas: algún rasguño que no dejará rastro y pequeños golpes de la dura guerrilla... Ahora he de descansar y encontrar la serenidad sin tu presencia.
He salido con vida... 

La consecuencia más grave solo será un esguince en el orgullo.


 

miércoles, 22 de julio de 2020

EN BUSCA DEL EDEN, DEJANDO ATRÁS EL INFIERN0.

"Los emigrantes de la miseria.

Cádiz, 4 de febrero de 1906.-

      Veintiún jornaleros españoles son detenidos cuando intentan embarcar en un vapor, en el puerto de Cádiz, por carecer de la documentacion necesaria. Tras los retornos provocados por las pérdidas de las Antillas  y las Filipinas, la emigración se hace masiva. Se calcula que entre 1.500.000 personas -en su mayoría hombres-, salen por barco de la Península. La terrible sequía que azota el campo andaluz en 1902-04 estimula la corriente migratoria. La mayor parte de los emigrantes españoles se dirigen a Argentina, país preferido por su semejanza climatológica con España, las posibilidades agrícolas de la Pampa y la posibilidad para los jóvenes de librarse del servicio militar. También se trasladan numerosos españoles a Uruguay y Brasil. Las regiones que aportan un mayor número de emigrantes transoceánicos son Galicia, Asturias, León y Andalucía, y el principal motivo de la emigración es la miseria.

 
FOTO DE ÁNGEL BLANCO. PUERTO  DE LA CORUÑA.

A finales del siglo XIX comienza el éxodo rural, que se incrementa considerablemente en los 3 primeros decenios del XX. Esta emigración es causada por la presión demográfica en las regiones campesinas, planteada primero en las zonas vitivinívolas por la filoxera y, después, en las cerealistas, por la mecanización. El exceso de mano de obra en el campo coincide con la creación de puestos de trabajo en las industrias de País Vasco, Cataluña y Madrid".

(De una publicación muy antigua, que guardaba mi madre.)






martes, 14 de julio de 2020

HUESOS ROTOS.

Hace años, un estudiante le preguntó a la antropóloga Margaret Mead cuál consideraba ella que era el primer signo de civilización en una cultura.

El estudiante esperaba que Mead hablara de anzuelos, ollas de barro, agricultura o piedras de moler.

 Pero no. 

Mead dijo que el primer signo de civilización en una cultura antigua era un fémur que se había roto y luego sanado. 


   Mead explicó que en el reino animal, si te rompes una pierna, mueres. No puedes huir del peligro, ir al río a tomar agua o buscar comida. Eres carne de las bestias que merodean. 

   Ningún animal sobrevive a una pierna rota el tiempo suficiente para que el hueso sane. 

Un fémur roto que se ha curado es evidencia de que alguien se ha tomado el tiempo para quedarse con el que se cayó, ha vendado la herida, le ha llevado a un lugar seguro y le ha ayudado a recuperarse. 

Mead dijo que ayudar a alguien más en las dificultades es el punto donde comienza la civilización.

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    En estos momentos, con algunos huesos rotos, agradezco tener a mi lado a quienes se toman el tiempo para quedarse conmigo, cuidar mi herida, enviarme ánimos y ayudarme a seguir adelante.

¡Cuántos nombres en mi corazón! 

Margaret, además de antropóloga, era poeta. Quizás por eso, al margen de otras consideraciones sobre lo que es 'civilización', lo explicó de esta forma tan hermosa. 

Necesitamos de los otros en muchas ocasiones, y más cuando la realidad nos supera.

Somos vulnerables y, como dice la psicóloga R. Flich, "solidaridad, empatía, colaboración y compasión deben ser palabras claves", 
que ojalá dejen de ser solo palabras para convertirse en realidades.

En cambio observamos que el hombre sufre regresiones hacia el estado salvaje...

¿Cuándo la humanidad volverá a estar a la altura?




Foto: José Palazón. Efecto concertina.







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Gracias a Felipe Gutiérrez, que me recordó  esta anécdota.

miércoles, 24 de junio de 2020

VUELTAS DE TUERCA EN PROTECCION DE MENORES.



    Un policía de Mineapolis da muerte a George Floyd,  ciudadano negro, aplastándole el cuello con su rodilla hasta asfixiarlo. Y millones de personas de todo el mundo, con sobrada razón indignadas, se echaron a la calle reclamando justicia. 


    En España, en Almería, seis matones embrutecidos, que paradójicamente prestaban servicio en Protección de Menores, dieron (presuntamente) muerte por aplastamiento, a un muchacho de 18 años, Iliass Tahiri, asfixiándolo rodilla incluida como en Minesota, cuando lo tenían boca abajo, atado de pies y manos, absolutamente inmovilizado e indefenso. Y para mayor pasmo lo justifican diciendo que siguieron un protocolo antisuicidio “para impedir la violencia del interno contra sí mismo”. Evitan el suicidio matándolo. 

    En un centro gestionado por Ginso, una asociación que subrayan “sin ánimo de lucro”; a la que habían llovido ya denuncias y siguieron otros casos como el de Ramón Barrios, víctima en Madrid de similar “protección”; ¿qué otro ánimo debemos suponerle a tales fechorías si no es por afán de lucro? 


    Pero lo más preocupante es, que la Junta de Andalucía seleccione en concurso servidores de semejante calaña; que la juez de Purchena (Almería) se apresure a archivar el caso como algo “accidental”; que el forense, hable de “signos generales de asfixia muy evidentes” y se enmiende luego, como probable “fracaso cardiorrespiratorio”; que el consejero de justicia responsable de los centros de menores infractores nos recomiende, no la indignación que el caso requiere, sino “delicadeza”; o que al defensor del pueblo y defensor del menor no se le ocurra otra defensa, que recomendar la creación de un libro registro de incidencias ¿pretenderá que registren por escrito las presuntas torturas o pretenderá que acierten a excusarse mejor? 

    Los que no entendemos tal barbarie nos sentimos inclinados a pensar que todos ellos son insanamente proclives a eufemismos cómplices.

   Haciendo oídos sordos al clamor de un muchacho, Tarek, que relató cómo le torturaron durante tres horas y media; y oídos sordos al exjefe de seguridad, a quien le exigían firmar en falso que una inmovilidad había durado hora y media cuando había durado cuatro; y a los muchachos internos a quienes mintieron diciéndoles que Iliass había muerto por consumir cocaína; y a la Fundación de Cultura Árabe que se persona como acusación popular, afirmando que se trata de un “homicidio voluntario agravado por odio racial”; y etc. etc. de oídos sordos a nuestro indignado clamor sobrado de razón. La fiscalía propone ahora que el asunto no se cierre y es un acierto, pero ya no podremos evitar que hayan acabado con la vida de otro muchacho.


    Ocurrió en los centros de Ginso, nadie nos cuenta lo que ocurre en otros centros. Cómo se puede tolerar que hayan privatizado la ejecución de encierros y castigos que el Estado impone a los menores infractores: unos ciudadanos castigando a otros ciudadanos por dinero. 


    Todavía quiero llamar la atención sobre otro “detalle”. Esta muerte ocurrió hace un año ya. Y hasta ahora ni pío, a nadie pareció interesar. Ahora nos la airean para legitimar de modo indirecto que están a punto de promulgar otra Ley referente a Menores. Otra vuelta de tuerca nos tememos. 


Enrique Martínez Reguera.
Madrid, junio de 2020


Foto: Marcos Moreno.

lunes, 8 de junio de 2020

JUSTICIA PARA MIGUEL.


Seguimos en un mundo feudal y en una sociedad colonizadora, donde hay vidas que no valen nada.

Así ha sido con la de Miguel, un niño negro de 5 años, que  ha  perdido la vida por la ¿negligencia? de una persona blanca.

En estos momentos, el servicio doméstico no se considera esencial, pero hay quien decide que puede obligar a otros a trabajar, a su servicio, durante una pandemia.


Después de todo, ¿quién va a lavar los platos de los patrones blancos?


¿Quienes son los parásitos?

Las torres gemelas de Recife, dos edificios gigantes de lujo, a orillas del mar, han sido escenario de la muerte de este pequeño que cayó desde el 9º piso de una de ellas.


La empleada doméstica Mirtes R. de Sousa había tenido que llevarse ese día al trabajo a su único hijo, Miguel Otavio, al haberse cerrado el colegio por el covid-19.


En un momento dado, la patrona le ordenó bajar a pasear a los perros, las queridas mascotas de la casa rica, y la criada le pidió que cuidara del niño mientras lo hacía.


A la señora le estaban haciendo la manicura y cuando el pequeño empezó a quejarse llamando a su madre, se sintió molestada, por lo que, según se observa en las cámaras del edificio, le llevó al ascensor y le dejó en él, solo, para que fuera a buscar a su madre.


El niño acabó en el piso 9º, el lugar de los aparatos de aire acondicionado, y, desde allí, quizás llamando a su madre o viéndola en la calle, sintiéndose solo y angustiado, cayó al vacío desde una altura de 35 metros.


Tras la tragedia, al día siguiente, la señora fue llamada a declarar, pero pagó una fianza de 20.000 reales (unos 3.500 euros) y fue puesta en libertad.



      La policía no divulgó la identidad de la patrona, pero sí lo hizo la madre del niño. Se trata de la esposa del alcalde de Tamandaré, una ciudad a 100 km. de Recife: Sari Corte Real.

La mamá había declarado que era "la primera y única vez que le confié a mi hijo y ella lo dejó ir a la muerte".


La indignación por el suceso se ha hecho patente entre los ciudadanos de Recife, que se han manifestado pidiendo justicia y preguntándose si "¿5 uñas valen más que 5 años de un negro? y gritando que  "las vidas negras importan" y "no fue accidente, fue asesinato".

Este caso se volvió viral porque Miguel representa la realidad de muchos niños negros, hijos de empleadas domésticas.


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Y yo lo he visto en ese país...

Como en el Brasil colonial, un niño juega en el suelo de la casa grande, mientras los jefes siguen siendo jefes esclavistas.


Y su madre sigue siendo la criada.


La señora quiere que paseen a sus perros, la empleada cumple la orden 

y el niño queda inquieto.

Si fuera el niño blanco, hijo de los amos, le distraerían con un juguete de última generación, para que nadie interrupa la manicura.


Como era hijo de la críada negra, se le dejó solo dentro de un ascensor, 

algo prohibído por la legislación.

Los perros necesitan supervisión... el pequeño Miguel no.


"El Brasil de hoy sigue siendo el de las pinturas de Debret".


¿Qué pasaría si hubiera sido al revés?


















jueves, 21 de mayo de 2020

ECONOMIA ÉTICA.

  
"El fracaso de la economía vigente es palmario.

   Persiste el hambre, la pobreza y la exclusión, aunque hay medios más que suficientes para erradicarlas. Pero también es evidente la insatisfacción que produce el actual funcionamiento de las democracias, porque ni están al servicio de todas las personas 

ni los ciudadanos se sienten protagonistas de la vida política.

     Es urgente plasmar una economía ética, a la altura de las personas y de la sostenibilidad de la naturaleza. Pero no habrá economía ética sin democracia auténtica... lo cual exige al menos tres cosas:


1.- Que esté al servicio de todos los que componen el pueblo sin exclusiones.


2.- Todos los que forman parte de la comunidad política tienen que ser reconocidos como ciudadanos.


3.- Los ciudadanos, que son los destinatarios de las leyes, tienen que ser también de alguna manera  sus autores.


   La ciudadanía ha de ser ciudadanía activa, que elige representantes, les pide cuentas y participa activamente en la vida política. La ciudadanía activa es un motor de transformación social.


.... La ciudadanía social  recoge los derechos de la Declaración Universal de Naciones Unidas de 1948, una declaración que compromete a todas las naciones que han firmado los pactos a esforzarse para que se vean protegidos en todos los países de la Tierra.


 Pero es imposible proteger estos derechos, en el nivel local y global, si quien gobierna es el mercado financiero, opaco y onmipotente, insensible a los derechos y necesidades de las personas.


Por eso es necesaria otra economía, en la que los ciudadanos intervengan. Es necesario hacer posible una ciudadanía económica.


   En algún tiempo se decía  que las 3 grandes preguntas de la economía son: ¿qué se produce, para qué se produce y quién decide lo que se produce? Y ya entonces era una flagrante contradicción afirmar que las personas son iguales en tanto que ciudadanas,  pero radicalmente desiguales a la hora de tomar decisiones económicas.


   Siempre deciden otros qué se produce y para qué, los afectados no son consultados,  con lo cual, en ningún lugar de la tierra hay ciudadanos económicos.
En el siglo XXI hemos pasado de una economía productiva a una economía financiera. En ella lo que importa no es quien decide lo que se produce, sino quién decide donde se invierte para ganar más, aún sin producir bienes y servicios.

   Ciudadanos y países pasan a depender de los mercados financieros y de las agencias de rating y toda posibilidad de ciudadanía económica activa se corta de raíz. Es necesaria otra economía que tenga por centro a las personas.


La economía no es un mecanismo fatal. Es una actividad humana y, por lo tanto, debe orientarse por unas metas que le den sentido y legitimidad social.


La meta de la economía legítima consiste en "crear riqueza material e inmaterial para satisfacer las necesidades de las personas y para reforzar sus capacidades básicas de modo que puedan llevar adelante aquellos planes de vida feliz que elijan".


   Aunque suele decirse que la economía es una ciencia ajena a los valores morales, que solo debe preocuparse por la producción eficiente de riqueza, sin atender a su distribución ni tampoco a cómo esa producción afecta a la libertad, la solidaridad y la igualdad de los seres humanos, eso es falso.


   Cualquier opción económica potencia unos valores y debilita otros. Una economía legítima tendería a erradicar la pobreza y el hambre, reducir las desigualdades, satisfacer las necesidades básicas, potenciar las capacidades básicas de las personas, reforzar la autoestima, promover la libertad.


   Las personas deben ser el centro de la economía y de la política. Pero las personas no somos individuos aislados, sino seres en relación de reconocimiento mutuo: llegamos a reconocernos como personas porque otras nos han reconocido como personas.


   Por eso es falso el Principio del Individualismo Posesivo que dio comienzo al capitalismo y sigue vigente. Según ese principio, "cada individuo es dueño de sus  y y del producto de sus capacidades, sin deber por ello nada a la sociedad." Por el contrario, toda persona es lo que es por su relación con otras, está ligada a las otras personas y, por lo tanto, obligada a ellas.


Lo que tiene se debe en muy buena parte a la sociedad y más en un mundo globalizado. De donde se sigue que los bienes de la tierra son sociales y tienen que ser globalmente distribuidos.


  Los principios éticos de la economía ética serían el Reconocimiento de la Igual Dignidad de las Personas, la Apuesta por los más Vulnerables y la Responsabilidad por la Naturaleza, que no permiten exclusión alguna de la vida económica.


La desigualdad en las formas de consumo es aterradora entre los países y dentro de ellos. Mientras  algunas personas no pueden satisfacer sus necesidades, otras consumen los bienes más sofisticados para satisfacer caprichos  y por eso para ellas nunca hay bastante. Una forma de vida humana reclama apostar por un consumo liberador, que no esclavice; por un consumo justo, que tenga en cuenta las necesidades de todos, y por un consumo felicitante, que tenga en cuenta que lo más valioso para conseguir la felicidad es disfrutar de las relaciones humanas.


      Construir un mundo en el que todas las personas se sientan ciudadanas es el reto político, económico y cultural  del siglo XXI. Para ello es necesario hacer llegar los beneficios de la globalización a todas las personas. Es ésta una exigencia de justicia.


  Pero los bienes de la tierra no son solo "bienes de justicia", necesidades cuya satisfacción puede reclamarse como un derecho al que corresponde por parte de otros un deber. Quien se sabe cordialmente ligado a otras personas, se sabe también obligado a ellas, le resulta imposible llevar una vida feliz si no es contando con ellas. Hay una creativa  economía del don que va más allá del intercambio de equivalentes y abre camino a la gratuidad, que brota de la abundancia del corazón. Sin ella no habrá una economía ética".



(Adela Cortina, para la Agenda colectiva Latinoamericana).