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viernes, 25 de marzo de 2016

"PIEDAD" SIN MIGUEL ÁNGEL

Una "Piedad" es una representación del dolor, del sufrimiento...

Nos han enseñado a María sosteniendo el cuerpo muerto de su hijo, aquel a quien llamaron Jesús.

Muchos artistas las han esculpido, piedades como la de Miguel Ángel, considerada una de las obras más sobresalientes de todos los tiempos.

Hoy, cada día, podemos encontrarnos imágenes reales que los actuales "artesanos" que gobiernan este mundo esculpen sin cesar a golpe de cincel y martillo.

Foto: Gabriel Tizón.
Suele representarse en forma de mujer, pero también hay hombres cansados de gritar ya sin voz, que sostienen a sus hijos con un amor incondicional, porque la paternidad también está en el corazón de los padres...


"Abba" e "Ima", "Abu y Omi"....
Cuando los hijos sufren,
los hombres y las mujeres son doblemente heridos,
sobre todo cuando ya se les ha exiliado 
de entre todo el resto de la humanidad.


Foto: Gabriel Tizón.

jueves, 10 de marzo de 2016

OUAFE, MUJER.- Post urgente para buenas gentes


    
Foto: José Palazón
 En este mes de marzo-mujer, conocemos la dura realidad de  Ouafe y su pareja, Mohamed, atrapados en las afueras del CETI de Melilla, y a los que podemos ayudar al menos firmando para solicitar que sean autorizados a salir de allí.

          José Palazón les conoce y por eso, dejaré que sea él, con su texto y sus fotos, quien nos lo cuente:

  “Mohamed y Ouafe son una joven pareja que se ha instalado en una tienda de campaña en las afueras del CETI de Melilla. Pertenecen a ese colectivo cada vez más numeroso de personas, que por razones muy justificadas, han tenido que desplazarse de su país y desde entonces no han encontrado un lugar que les acoja, un lugar en el que asentarse.
Mohamed es de Tartús, es sirio y Ouafe es de Rabat, es marroquí.

Foto: José Palazón
Pasan el día dando paseos junto al CETI, cogidos de la mano casi siempre y haciéndose carantoñas el uno al otro, ajenos a que son ellos los que  tienen en jaque a las fronteras de Europa, la movilidad en el espacio Schengen, ellos son los que han provocado acuerdos anti natura entre las democracias del norte y las dictaduras del sur. Han cambiado políticas nacionales y políticas globales, están defenestrando a líderes políticos a los que ni la recesión económica hizo estornudar, han avergonzado a los hipócritas, han puesto en cuestión la aplicación de las normas internacionales de Asilo y DDHH en la zona paradigma de los mismos: La UE…  y hasta han conseguido que la OTAN desplace barcos en el Mediterráneo. 
        Y allí están los muy inconscientes…
     ¡Haciéndose carantoñas y viviendo en una tienda de campaña!... Haciendo apología de lo humano y mostrando su dignidad con una irreverencia absoluta  ¡Dinamitando el sistema!
       Mohamed tiene varias edades, como corresponde a ese colectivo de millones de personas que no tienen sitio en este mundo, en su pasaporte es menor de edad pero realmente tiene 19 años. Su familia decidió marcharse de Siria cuando los bombardeos destrozaron el pequeño restaurante que regentaban. En total eran 8 miembros que tuvieron que hacer un largo recorrido durante varios meses: Líbano, Argelia, Túnez, Argelia otra vez, Marruecos… Lograron entrar a Melilla el pasado mes de octubre.

 
       Mohamed fue el último de la familia en pasar la frontera de Beni Enzar. En Marruecos solo les quedaba dinero para pagar a las mafias parapoliciales marroquíes el paso de tres personas. Los demás tuvieron que pasar a las bravas pagando con: arrestos, detenciones y golpes. A Mohamed se le transforma la cara cuando cuenta que un día lo metieron en un calabozo junto a otros tres sirios y una mujer, con ellos entraron también cinco policías que no pararon de golpearles durante un buen rato. Todos intentaban proteger a la mujer pero… ¡Entonces les pegaban más!

          Sin cambiar la expresión seria de su cara sigue relatando que todos los problemas empezaron cuando se les acabó el dinero. Habla de mujeres y niños que estaban en la calle sin agua ni comida, esperando poder colarse algún día en Melilla, cierra los ojos y baja la cabeza haciendo gestos de reproche y rabia.
         A su lado Ouafe le coge la mano y nos dice que conoció a  Mohamed en Rabat.
        Ouafe estudiaba en la universidad para ser profesora de inglés pero su familia apañó su boda con un hombre mayor. Entonces se unió a Mohamed y su familia y se puso en camino con ellos hacia la frontera de Melilla.
        Ouafe fue la primera en pasar la frontera, lo consiguió en el segundo intento sin gran dificultad al ser marroquí y  al llegar al lado español pidió asilo.
        En Noviembre la familia de Mohamed fue autorizada a salir de Melilla ¡pero no Ouafe! Mohamed no quería irse, quería quedarse con ella pero le obligaron a irse porque según su pasaporte era menor de edad y debía marchar con la familia. Ouafe quedó entonces sola, interna en el CETI esperando la resolución de su solicitud de asilo hasta que a principios de febrero recibió la notificación negándoselo y fue expulsada del CETI, quedando en la calle.

          Mohamed cogió inmediatamente un autobús en Bruselas y recorriendo media Europa, volvió a Melilla para reunirse con ella… Y allí están los muy inconscientes ¡Haciéndose carantoñas y viviendo en una tienda de campaña!... Haciendo apología de lo humano y mostrando su dignidad con una irreverencia absoluta ¡Dinamitando el sistema! ¡Invencibles!”
  (José Palazón)
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 Quiero añadir algún dato para situarnos.
      En Marruecos,  la  situación jurídica de las mujeres  está reflejada en el Código de familia, la Mudawana, que se redactó entre 1957 y 1958, inspirándose en los valores del Islam  y de la tradición, 
y obligaba a ésta a obedecer siempre al marido, en prejuicio de sus derechos.
       En 1992, un grupo de mujeres lanzó  un manifiesto exigiendo la igualdad entre hombres y mujeres, con justicia en todas sus relaciones.  Fue cuando Hassan II  realizó alguna reforma que no fueron más allá de un simple maquillado de la situación. Después de años de reivindicaciones, manifestaciones y trabajo duro, en 2003, Mohamed VI anunció la modificación de la Mudawana. Y en 2004 entra en vigor un nuevo código de familia, donde se coloca la responsabilidad familiar conjunta, desaparece la noción de autoridad del marido y de la sumisión de la esposa, y se dice que las muchachas no pueden ser obligadas a contraer matrimonio  contra su voluntad.
       Pero las tradiciones son difíciles de cambiar. Para que esto tomara cuerpo, habría que potenciar las capacidades económicas y sociales de las mujeres, y reforzar la lucha contra la violencia machista que, como en todos los lugares, se sigue produciendo.  

               A pesar de que con la reforma se ha fijado la edad del matrimonio en los 17 años, la realidad es que perviven las bodas a partir de los 14, ya que la tradición se aúna con la falta de medios económicos. Los jueces contemplan las excepciones…. ¡Como no!

          Las mujeres que tanto tiempo han sido ninguneadas, sometidas,  son como sombras sin vida propia. Todos saben que hasta el hermano más pequeño, solo por el hecho de ser hombre, puede imponerse sobre la hermana, aunque ésta sea mayor.

   Ouafe es una de estas mujeres que lucha por su libertad para escoger con quien vivir, con quien casarse y qué hacer en la vida.

       
Vamos a ayudarla, empezando con una firma  en esta petición organizada para ello:
 
 

miércoles, 9 de marzo de 2016

ABU HODA (El padre de Hoda)


¿Conocéis la conmovedora  historia de Sisa Abu Dauh?
Se hizo pública en todo el mundo en marzo del pasado año 2015.
Pero vamos a escucharla de su propia voz:
         "Me llamo Sisa Abu Dauh. Nací en 1950 en Al Aqaltah, un pequeño poblado de  felahin (campesinos), a unos kilómetros del Lúxor de los templos y las tumbas de faraones.

          Yo nunca salí de mi aldea. No fui a la escuela. No sé leer ni escribir. Era apenas una muchacha cuando me casé con un señor de Quena a 50 kms. al norte de Luxor. No recuerdo bien la edad que tenía entonces, pero no más de 20 años. Mi marido murió en el sexto mes de mi primer y único embarazo.
         Lo pensé, en el caso de que el bebé resultara ser hembra, me haría cargo de su cuidado y educación.  Lo tenía claro: le dedicaría mi vida. Y di a luz a una niña. La llamé Hoda y a paratir de entonces juré que jamás le faltaría un pedazo de pan que llevarse a la boca.
       Luego comprendí que cumplir la promesa no sería sencillo. Mis hermanos quisieron casarme de nuevo y por el salón de nuestro hogar desfilaron pretendientes de todas las edades. Siempre les recibí, les ofrecí un té y rechacé amablemente la oferta de una boda que me habría  obligado a dejar a mi hija  en el regazo de la familia de mi difunto esposo.
        Sugerí mi intención de buscar un empleo con el que arañar unas cuantas libras. Se negaron.

        No era respetable –argumentaron- que una mujer saliera cada mañana a la calle para ganarse el jornal. Entonces hallé una solución.
        Una mujer  -me dije- no podía trabajar, no me quedaba otra que ser hombre.

        Me afeité la cabeza, me puse un turbante y oculté mi figura bajo una holgada galabiya (túnica)

Y, como cualquier otro muchacho de mi pueblo, me fui a buscar un sueldo por escaso que fuera y por penoso que resultara el trabajo. Era joven y todavía tenía la fuerza de diez hombres.
          Me partí el lomo como el que más. Trabajé en el campo empuñando la hoz. Después me hice peón de albañil. Durante 7 años fui uno más de la cuadrilla. Como el resto de mis compañeros, transporté sobre mis hombros espuertas cargadas de cemento. Nunca me quejé. Y eso que me enfrenté a no pocas molestias.
        Cuando descubrían mi secreto, me insultaban y me acosaban.
       Curada de espanto, no me volví a separar de una estaca de madera. También me cargué de paciencia. Llegué a la conclusión  de que me convenía ser ciega, sorda y muda. Ignoré los ataques que se mofaban de mi aspecto y de que trabajara para alimentar a mi hija.
        Había ocasiones incluso en las que al atardecer, concluida la jornada, me reunía con mis colegas de tajo en los cafés del pueblo. Bebíamos té y fumábamos cigarrillos. Con el tiempo empezaron a llamarme “Abu Hoda” (el padre de Hoda) y aceptaron que rezase con ellos en la mezquita.
        Han pasado ya 42 años desde aquella mañana en la que crucé la puerta vestida de hombre. No me arrepiento. Cuando me flaquearon las fuerzas y aparecieron los primeros achaques, cambié la obra por un oficio más cómodo: limpiabotas.
       Aún sigo dando lustre a los calzados de los hombres que recorren las calles polvorientas de Luxor.
        Gano a diario 20 libras egipcias (alrededor de  dos euros).
     Hace unas semanas el gobernador de la ciudad me entregó el diploma a la madre ejemplar del año y me regaló un quiosco donde poder trabajar sin tener que patearme las calles".
(Testimonio de Sisa Abu Dauh recogido por el periodista Francisco Carrión, corresponsal en El Cairo y publicado en El Mundo.)

          Un amigo egipcio, me cuenta  que por las calles de Luxor era frecuente ver a un hombre delgado, eso creían, de tez morena  que limpiaba zapatos. Pero debajo de la galabeya se escondía un secreto que nos demuestran cómo las apariencias engañan y que hay personas audaces y valientes que a menudo pasan inadvertidas.
       La tradición egipcia condena a las mujeres que enviudan a vivir de la caridad, sin posibilidad de optar a un trabajo digno. Lo “correcto” es volver a casarse, pero no era lo que Sisa quería. Y tomó una decisión radical.

       “Quizá sorprendentemente en una sociedad donde muchos tienen ideas conservadoras sobre los papeles de género, el anuncio de Daooh no fue recibido con declaraciones de condena sino de curiosidad y una avalancha de reacciones mayormente positivas de parte de los funcionarios y medios noticiosos locales”, destacó The New York Times .
      Su caso llegó finalmente a los oídos del presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sissi, que la invitó a El Cairo el 21 de marzo, con motivo del Día de la Madre, para darle la medalla de "Mejor Madre trabajadora".
Ella, una vez que ha salido a la luz su verdadera identidad, asegura:  
  “He decidido morir con estas ropas. Ya me acostumbré a usarlas. Han sido mi vida entera y no puedo dejarlas ahora”´.

            Y su hija con mucho orgullo considera que ella no es solo su madre, sino que también es su padre y su "todo" en la vida, y le está muy agradecida.


viernes, 26 de febrero de 2016

SOMBRAS DE NIÑOS


EL NIÑO JOHN

 


Foto de José Palazón
El niño John no es el niño Juan.



Los ojos del niño John y los ojos del niño Juan no ven las mismas cosas en el fondo del lago.


Bajo los párpados del niño John, la sed es un caballito de mar que vale dos dólares.

Bajo los párpados del niño Juan, aletean las mariposas negras del vendedor de sandías.



El niño John tiene un martillo de cristal,
el niño Juan tiene una nuez transparente.

Las manos del niño John cuentan las semillas de las estrellas, los dedos del niño Juan juegan con la chapa de la luna nublada.


Los ojos del niño John y los ojos del niño Juan no miran a los mismos pájaros   que tiemblan en la oscuridad.


El niño John trae a su madre el declive de la montaña, el ruido del río, la perla de granizo le trae el niño Juan.


Cuando se hace de noche la sombra del niño John sueña que es la sombra del niño Juan cuando se ha hecho de día.

(Juan Carlos Mestre)

 



 

Todo el poema se construye, surge, de una oposición
(o un diálogo imposible).

Dos niños idénticos, con el mismo nombre, que viven al mismo tiempo,
que miran cosas idénticas y, sin embargo, no ven lo mismo.

Porque el niño John no es el niño Juan.

Hay una distancia infinita entre ellos.

La distancia, el abismo, entre el Norte y el Sur, entre la riqueza y la miseria, entre los países del primer mundo y los del Tercer Mundo.

Un caballito de mar que vale dos dólares o las mariposas negras del vendedor de sandías, contar las estrellas o jugar con la chapa de la luna.
 
Pintura de Antonio López Torres.
Y, sin embargo, a pesar de esta distancia, se diría que se buscan y se necesitan, que se complementan, que se dan la mano en sus juegos y en su esperanza.
 
Así el último verso: la sombra del niño John sueña que es la sombra del niño Juan, la noche sueña con encontrar el día.

El final del poema es el principio de un sueño: anular la distancia, hacer que nada separe al niño John del niño Juan.
 

Un sueño que, como en el poema, puede ser real.

Un sueño que es una exigencia.
 
 




De: “UNA MANO TOMÓ LA OTRA”

Alberto Hilario Silva, Jesús Pedro y varios autores

 

 

 


jueves, 18 de febrero de 2016

ÉXODOS


Foto: Juan Medina.















¿Qué realidad perversa condena a un ser humano al destierro?

      Emigrar no es una elección libre, aunque alguien decida partir voluntariamente.

¿Qué hay detrás de esa acción de tener que comenzar de cero, de tener que afrontar la incomprensión, la soledad, el recelo e incluso el rechazo?

      ¿Tanto dolor, no nos muestra el fracaso de la humanidad en “su modelo de progreso”?

       Sin duda, lo provoca  un deterioro de su situación vital, la triste realidad que obliga a partir y de la que va a surgir el desarraigo, el dolor de las pérdidas, la nostalgia .

Antonio Coché Ixtamer
       Desposeído de su gente, de su cultura y de su tierra, quien emigra va a estar fluctuando  “entre la reafirmación de una identidad que se resiste a perder y la necesidad de integrarse en un ámbito extraño que le acoge”.

       Por eso, el corazón del emigrante  agradece al que ofrece hospitalidad
en el lugar al que llega,
al que le ayuda a atenuar,
al menos en parte,
el desgarro de su situación.
 

lunes, 15 de febrero de 2016

BOCAS




Un beso,
solamente un beso,
separa
la boca de África
de los labios de Europa.
                     
                                  (***Limam Boicha )












 

 







 *** Limam Boicha nació en el Sáhara Occidental en 1972 y a los diez años fue a estudiar a Cuba, donde estuvo trece años, hasta acabar sus estudios de periodismo. Trabajó cuatro años en la Radio Nacional saharaui. En 1999 se fue a España y actualmente reside en Barcelona. Sus versos han sido incluidos en las antologías Bubisher, Añoranza, y Treinta y Uno — Thirty One. En 2004 publicó en Las Palmas de Gran Canaria su libro de poemas, "Los versos de madera".






lunes, 8 de febrero de 2016

EL ULTIMO CAMELLO DE LA FILA...







          La primera película que subtitulé para accesibilidad de personas sordas fue "Flor del desierto", dirigida por Sherry Hormann, sobre la vida de la modelo somalí Waris Dirie.

        Dejé por unos días los noticieros y me adentré en la aventura.

       Tengo un cariño especial por este film, del que me aprendí algunos diálogos a fuerza de reescribir el texto y colorear las frases mientras descubría la importancia de este servicio público al que hacía poco tiempo había llegado.
 

    En estos días que recordamos el tema de la ablación genital femenina, he querido traer un fragmento de esta película, el del momento en que la protagonista habla ante la ONU para reclamar  atención sobre esta tradición que mutila a tantas mujeres:


      "Amo a mi madre, amo a mi familia y amo África. Desde hace más de 3.000 años, las familias creen firmemente, que una joven a la que no se le ha hecho la circuncisión, es impura, porque lo que tenemos entre las piernas, es impuro y debe ser removido y cerrado después, como prueba de virginidad y virtud.

       La noche de bodas el marido coge una cuchilla o una navaja y corta antes de penetrar por la fuerza a su esposa. Una niña no circuncidada no puede casarse y por consiguiente es expulsada de su aldea y puesta al mismo nivel de una puta.
      
       Esta práctica continúa a pesar de que no figura en El Corán.




         Es bien sabido que a consecuencia de esta mutilación las mujeres enferman psicológica y físicamente para el resto de sus vidas, esas mismas mujeres son la espina dorsal de África.


       Yo sobreviví, pero mis dos hermanas no; Sofía murió desangrada, después de ser mutilada y Amina falleció, en el parto, con el bebé aún en su vientre. 

       Hasta qué punto se fortalecería nuestro continente si un ritual tan salvaje fuera abolido.

     Existe un proverbio en mí país: El último camello de la fila, camina tan de prisa como el primero”, lo que nos pase a cualquiera de nosotros, nos afecta a todos nosotros.

     Cuando era una niña, decía que no quería ser mujer, ¿Para qué?
Cuando sufres tanto dolor y eres tan desdichada…
      
        Pero ahora que he madurado, estoy orgullosa de ser lo que soy.

     Por el bien de todos nosotros, intentemos cambiar lo que significa ser  una mujer".


**(Discurso de Waris Dirie ante la ONU - Película: Flor del Desierto)


**** Waris Dirie, nacida en Somalia entre pastores nómadas, se convirtió en una de las modelos más solicitadas de la época. Recorrió un camino fascinante hasta pisar las pasarelas más famosas y ser portada de las mejores revistas de moda. A los 13 años huyó de una boda de conveniencia y anduvo días por el desierto antes de llegar a Mogadiscio, capital de Somalia. Allí, sus parientes la mandaron a trabajar como criada a la Embajada de su país en Londres, donde pasó la adolescencia sin saber leer ni escribir. Antes de volver a un país destrozado por la guerra, prefirió permanecer ilegalmente en Londres y trabajar de dependienta. Mientras trabajaba en un restaurante de comida rápida, fue descubierta por el famoso fotógrafo Terry Donaldson.