Páginas vistas en total

viernes, 6 de marzo de 2015

EL ESPARTACO NEGRO DE BRASIL










No es que necesite héroes, no...  Es que siento una enorme emoción al  recordar los momentos en que, ante las situaciones de injusticia y esclavitud en toda la historia humana, alguien se ha levantado sobre sus propias heridas para lanzar un grito de libertad que iniciara un clamor suficientemente alto para hacer temblar al que se alzó sobre los otros.

  • Admiro a cada mujer, a cada hombre, a cada grupo que sabe decir NO a cualquier  imposición o ley que atente contra las personas o grupos más desfavorecidos. 
         Por eso  voy a hablar de uno de estos personajes  cuya vida y anécdotas me gusta recordar de cuando en cuando, a quien encontré en un paseo por Bahía y a quien hice mi abuelo,  como sugería mi compañero de viaje.

 

        Nos encontramos en el siglo XVII,  en el nordeste brasileño, ante uno de esos momentos  que, a veces, quiere ignorar el que escribe la Historia.

 

      Y ante el rey Zumbí, héroe del Quilombo de los Palmares.

 

        “Los esclavos que huían de las plantaciones de caña intentaban refugiarse en lo más  intrincado de la selva; muchos murieron en el intento, pero algunos lograron sobrevivir levantando poblados pletóricos de vida y dignidad, inasequibles al dominio y al desaliento. A estos lugares se les llamó Quilombos”  como nos cuenta en su novela sobre este Zumbí  Enrique Martínez Reguera.

 

           Rui Costa sostiene que la esclavitud africana en Brasil fue uno de los mayores emprendimientos mercantiles de los orígenes del capitalismo, la industria del azúcar, donde la mano de obra esclava cumplían los objetivos de los colonizadores para las grandes plantaciones de caña y los ingenios azucareros. Añade que esta mano de obra africana “fue traída al país por medio de una violencia sin paralelo en la historia de la humanidad”.

 

           Se calcula que cerca de 50 millones de personas fueron llevadas a Brasil durante los más de 300 años de esclavitud, procedentes de Angola, Mozambique, Cabo Verde y Guinea-Bissau.

 

        Portugal  se constituyó como reino independiente de Castilla en 1385, inaugurando con Juan I la dinastía de Aviz.  En Aljubarrota se consolidó el nuevo reino , que en 1415, a partir de la conquista de CEUTA, inicia el  expansionismo   hacia la conquista del pasaje del Cabo de las Tormentas  en África del Sur,  y que alcanzará su apogeo en el reinado de  Manuel I  el afortunado, durante cuyo reinado se  realizan las mayores navegaciones portuguesas y el descubrimiento e inicio de la colonización de Brasil.

 

          A finales del XVI, Portugal se somete a la corona española , entonces la mayor potencia europea,  en busca de estabilidad política y económica,  hasta que en 1640, la aristocracia portuguesa se levanta contra Felipe IV de España,  separando los dos reinos.
 

         Antes, en 1624, los holandeses, a través de la llamada Compañía de las Indias occidentales,  invadían Bahía, siendo expulsados por una fuerza conjunta hispano-portuguesa. Seis años después, en una segunda  tentativa, los holandeses se apoderan de  la Capitanía de Pernambuco… En este marco tiene lugar la mayor crisis de la colonia portuguesa y es donde se da el crecimiento  del Quilombo de Palmares.

 

        El Quilombo, dice Costa, es en realidad la fuga y  creación de un foco de resistencia en forma de comunidad productiva  y es la forma más tradicional de revuelta de los esclavos en la historia de la humanidad.  En Roma se encontraba el mismo método: la fuga de los esclavos, a veces con la liquidación de sus dueños, daba lugar a  comunidades fortificadas que eran obligadas, en la medida en que crecían,
a “entablar un combate de vida o muerte contra el régimen esclavista para poder sobrevivir”.
 

         La importancia histórica del Quilombo de Palmares  se debe a que presenta el alto potencial subversivo en relación al régimen esclavista.

 

       Pues bien, en esta época de relatos de conquistadores, expedicionarios y misioneros , un nombre encarnó los rostros de  millones de seres que desafiaron a los esclavistas y que desde el interior de las selvas de Brasil  quisieron gestionar su propio destino: Zumbí dos Palmares.  Aún hoy, para la población brasileña, es un símbolo de resistencia,  y la fecha de su muerte fue adoptada  como día de la Conciencia Negra.

 

                Dicen que nació en 1654, y que era nieto de la princesa Aqualtune, africana, hija de un importante rey del Congo o de Angola, y que fue comprada como esclava reproductora y llevada al sur de Pernambuco.  Siendo aún pequeño, fue capturado  por una expedición portuguesa y entregado al padre Antonio Melo, quien le bautizó con el nombre cristiano de Francisco. Melo le proporcionó educación  y descubrió en él “un ingenio jamás imaginado en su raza y que pocas veces se encontraba en los blancos”.

 

             Aprendió portugués, latín y la religión católica,  pero a los 15 años se volvió a vivir en el Quilombo de los Palmares.  Allí recuperó su nombre.

 

           Él ya sabía que “la barbarie sobre la que siempre se aupa el PODER, no es fruto de ningún ánimo singualarmente diabólico, sino que brota y se robustece acumulando  el egoísmo de algunos con la cobardía de todos los demás. Por eso ellos, la nación nagô, jamás romperían también sus cadenas, sino haciendo incansable acopio de lucidez, coraje y tenacidad.

 

            Y por eso decidió que en plena selva, las leyes se redactarían en latín, idioma conciso y rotundo, amén de erudito, para dejar bien sentado, como en un desafío, que en nada desmerecían de las que guiaron a los más orgullosos pueblos de la tierra.” 
            Cuando éste núcleo de resistencia era atacado por los portugueses, Zumbí colaboraba en la defensa  y se destacaba como gran guerrero.   Al pasar a liderar el Quilombo, obtuvo grandes victorias y la comunidad creció y se fortaleció .

 

          Usaba tácticas de guerrilla contra las plantaciones de caña, liberando a los esclavos y apoderándose de armas. Así, en la paz, Zumbí estimulaba el comercio con los colonos y el intercambio de alimentos por municiones.

 

              Tras varios intentos sin éxito de acabar con el quilombo,  el gobernador de Pernambuco, Caetano de Melo e Castro, contrata al bandeirante  Domingos Jorge Velho y al capitán Bernardo Vieira de Melo, famosos ambos por su crueldad demostrada en el exterminio de los indígenas.

 

            Los bandeirantes eran aventureros bajo bandera militar, dedicados a la caza de indios y ocupación de sus territorios. Se destacaron por su crueldad y barbarie.

 

           No me extenderé en su vida llena de anécdotas maravillosas, ni escribiré hoy sobre su amada, Maria dos Prazeres, con quien quizás vuelva a encontrarme otro día, sino que vamos ya al final.

 

             El 20 de noviembre, también un 20 de noviembre, Zumbi es traicionado y apuñalado en su refugio, donde 20 hombres consiguen matarlo y después decapitarlo.  Dicen que “la cabeza fue envuelta en sal fina para ser custodiada hasta Recife” (E. Martinez Reguera) 

 

           El mismo autor  añade que “Zumbí poseía todo el arrojo de los que nunca ponen bridas al riesgo y no obstante, siempre hacía derivar sus decisiones por opuestos derroteros. Sentía hacia la vida de cualquier ser humano el más sagrado respeto. Incluso tratándose  del enemigo. Mal dotado para el odio, no toleraba la idea de  aprovechar la desdicha del vencido.” 
 
              Alguien que había entendido desde niño "que el amo solo es amo en tanto el esclavo le reconoce como tal, el que a sí mismo se considera más débil, aún sin saberlo, está rindiendo su alma al que atribuye ser el más fuerte; por eso al rebelde, incluso al más indócil, siempre le llega el momento en el que, o lleva sus convicciones hasta el fin, hasta preferir la muerte a someterse, o de lo contrario seguirá siempre de algún modo sojuzgado”.

 

            Y así  “murió Zumbí, mataron al hombre. Hasta las entrañas del averno procuraron sepultar su memoria y el recuerdo del quilombo.

 

          Pero la afición de vivir con dignidad sigue germinando en todo pecho bien nacido, como aquel día en Cané, Diogo y Bento. Y de aquí y de allá comenzaron a brotar un Zumbí y otro Zumbí, un quilombo y otro quilombo.

 

               Y siguen y seguirán surgiendo en cada curva del camino y en cada rincón de nuestro tiempo. Y atravesando el tiempo. Pese a quien pese.

 

              Quilombos del mundo, ¡resurguid en cualquier tiempo, levantad la frente,  perdedle respeto al Poder!
 

                No tengáis miedo a esa bruta y ciega propensión de algunos hombres a someter a otros hombres".

 
   ¿Veis por qué me emociona recordar a determinadas personas? Me devuelven la fe en los humanos, que a veces tanto cuesta mantener en esta época actual. 
  
       Pues bien, esto es un homenaje al abuelo Zumbí, a quien Martínez Reguera, en su libro, dedica estas palabras (¿O es quizás a nosotros a quien se las dice?):

 
      “Zumbí, héroe del Quilombo de los Palmares. Los esclavos que huían de las plantaciones de caña intentaban refugiarse en los más intrincado de la selva; muchos murieron en el intento, pero algunos lograron sobrevivir levantando poblados pletóricos de vida y dignidad, inasequibles al dominio y al desaliento. A estos lugares se les llamó Quilombos.


                ¡Cuántos no ansiamos hoy que rebrote algún tipo de quilombo,
                   también inasequible al dominio y al desaliento!"