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viernes, 29 de marzo de 2013

VIERNES SANTO 2013

         

MALDITA SEA LA CRUZ  



Maldita sea la cruz
que cargamos sin amor
como una fatal herencia.

Maldita sea la cruz
que echamos sobre los hombros
de los hermanos pequeños.

Maldita sea la cruz
que no quebramos a golpes
de libertad solidaria,
desnudos para la entrega,
rebeldes contra la muerte.

Maldita sea la cruz
que exhiben los opresores
en las paredes del banco,
detrás del trono impasible,
en el blasón de las armas,
sobre el escote del lujo,
ante los ojos del miedo.

Maldita sea la cruz
que el poder hinca en el Pueblo,
en nombre de Dios quizás. 

Maldita sea la cruz
que la Iglesia justifica
- quizás en nombre de Cristo-
cuando debiera abrasarla
en llamas de profecía.

¡Maldita sea la cruz
que no pueda ser La Cruz!


         Pedro Casaldáliga.

lunes, 25 de marzo de 2013

MENSAJE EN EL CONTESTADOR






 

Hola. Soy yo.
Sólo llamaba
porque estos lunes
siempre me matan.
Ha amanecido
tarde este día;
mi almohada llena
de tus cenizas.

Pasé, ¿recuerdas?,
por nuestros bares
donde arañábamos
a la nostalgia
su sucio esmalte.

Cogí al futuro
por la cintura.
Donde hubo vuelo
sólo ha quedado
escombro de plumas.

Qué cosas pasan,
días bulliciosos,
tan cerca estamos
pero tan solos.
Sólo era eso.
Bueno, pues, nada,
si tienes frío y tiempo
me llamas.


                          (Ismael Serrano)












domingo, 24 de marzo de 2013

ESCRACHE...

No siempre lo legal es justo, y no siempre   lo justo es legal
                                                                 (Adolfo Perez Esquivel y otros)




      Mucho se está hablando estos días sobre una palabra repetida ya continuamente por los medios de comunicación y por cada tertuliano que se precie: “Escrache”, que parece ser un vocablo de origen argentino, y  cuyo concepto podríamos definir como los mismos argentinos definen: una "denuncia popular en contra de personas acusadas de violaciones a los derechos humanos o de corrupción, que se realiza mediante actos tales como sentadas, cánticos o pintadas, frente a su domicilio particular o en lugares públicos”.

        Dice la Wikipedia que la palabra fue utilizada desde 1995 por la agrupación de derechos humanos HIJOS, en la época en que procesados por delitos cometidos durante el Proceso de Reorganización Nacional habían sido puestos en libertad por el indulto concedido por Carlos Menem para denominar las manifestaciones realizadas en las inmediaciones del lugar donde vivía, y mediante cánticos,  música, pintadas, representaciones teatrales, se avisaba a la población vecina que vivían en la cercanía de un criminal. 

          Y la fama española que acaba de llegar a esta palabra se debe a que miembros de 'Stop Desahucios'  han comenzado esta semana una campaña para intensificar  la comunicación con los políticos, llevándoles cartas de los afectados por dichos desahucios.

       Algunos de estos políticos dicen que las protestas ante las casas privadas es una coacción. Tienen miedo de que esta conducta se generalice, y dicen que lo hagan contra los responsables de las entidades bancarias. Entre ellos se han solidarizado, no comparten esta forma de manifestación, y aseguran que no es legal.


      Pero ¿Es que nosotros, los ciudadanos, tenemos REALMENTE forma de hablar con los diputados y que nos escuchen serenamente?


          Recuerdo que hace ya tiempo, se popularizó una figura denominada “el cobrador del frac”, que seguía y se presentaba en el trabajo y en las casas de los “deudores” sin ningún escrúpulo. Y entonces nadie se echaba las manos a la cabeza. ¿Quizás porque eran empresas privadas quienes enviaban a estos “acosadores”? Porque digo yo, que también tendrían hijos, familia, amigos, vecinos, igualmente que el sr. Pons, y sentiría vergüenza por este “modo de presión.”

       Sí, sí… Ya se que una cosa es ser “deudor de a pie de calle”, del vulgo mismo, y otra muy distinta es pertenecer a la casta política… Que no tiene nada que ver. Pero ¿quién es responsable de la legislación que se nos aplica favoreciendo la rapiña con que  están actuando los bancos sobre nosotros y nuestras casas y ahorros?

       Que conste que no defiendo el "escroche” como forma válida, que aún ando reflexionando sobre ello, porque hay mucho que matizar, no creo que en este caso, haya acoso por parte de manifestantes, y me surgen preguntas y dudas, como por ejemplo:

        -¿Por qué el que unos miembros de la sociedad más angustiada y más apeada de los derechos constitucionales protesten en las cercanías de los hábitats de los políticos, que son sus representantes legales, no lo olvidemos, es tan grave y cuando las mismas instituciones políticas, judiciales, económicas, envían a las fuerzas de seguridad y a todos los efectivos antidisturbios a la puerta de una casa para “ayudar” a echar a la calle a las familias, no se considera que se produce “escrache”?

        -¿Por qué es más grave que los hijos del señor Pons o del señor Gallardón se enteren de lo que dicen de sus padres que el que los hijos de mi vecina se enteren de que su madre no pagó al Banco, porque no tenía trabajo, porque lo poco que tenía se lo había gastado en mantenerles y porque su padre les había abandonado hace tiempo?

         -¿Qué hijos estarán en mayor riesgo de estigmatización y de desolación?

      ¡Ojo con todo esto! Que si seguimos sin reflexionar y avanzar, acabarán imponiéndonos un  manifestódromo para ir a gritar cuando queramos, y nososros acabaremos aceptando el ir a ese lugar a hacerlo.

       Mi amigo el abogado Javier Rubio, miembro de la plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), en una entrevista que le hicieron en la sexta uno de estos días, sostiene que el objetivo de esta medida es trasladar a los políticos la realidad que están viviendo miles de ciudadanos. "Es una campaña explicativa e informativa de afectado a diputado", dice.

      Y añade: "Pedimos que se haga justicia y que se repare el daño que han causado". 
Rubio denuncia que la información que ha dado Pons es "manifiestamente falsa". Reconoce que la campaña puede causar ciertas molestias, y señala que "están siendo muy escrupulosos con el tema de las familias de los diputados". E  insiste: "A los políticos hay que pedirles responsabilidades".

Creo que seguiré reflexionando sobre el tema, pero para acabar,  os dejo un artículo  de Guillem Martínez y obtener más puntos de vista.


‘Escrache’ como derecho donde no lo hay

¿Es el escrache un ejercicio de coacción? Respuesta: sí, absolutamente. Lo que indica que la pregunta es otra: ¿la coacción ciudadana es un derecho? Para el Gobierno, que ayer mismo advirtió que el escrache no está contemplado en el derecho de manifestación, no lo es. Para el tipo que firma estas líneas, lo es. O, al menos, es de la opinión de que, ante la coacción financiera, debería de haber algún tipo de derecho. Lo que, a su vez, puede orientar hacia la posibilidad de que la pregunta del millón sea otra: ¿qué derechos le queda a la sociedad frente a la coacción que recibe?

Porque la coacción es llamativa. La democracia, esa cosa que solo fue posible en el Estado, se ha deslocalizado hacia otras instancias no estatales ni democráticas. Los Gobiernos carecen de programas. O son irrelevantes, pues las políticas les son indicadas desde otros organismos —BCE, FMI, BCE—, no democráticos. El caso Bárcenas, incluso, ofrece la sospecha de que las políticas, además, sean incentivadas, previo pago, por empresas. El Bienestar, la forma de democracia en Europa, está desapareciendo. Recortes y contrarreformas como la educativa, la sanitaria, la financiera, o la laboral, suponen, por sí mismos, esa desaparición y una coacción social radical. Todo esto ilustra una crisis de representatividad. Amplia. Europea. Que en el sur es dramática. En España resulta casi imposible hablar —entendiendo hablar como un intercambio— con la clase política que, en su gran mayoría, vive en otra cultura —varias generaciones la llamamos Cultura de la Transición—, cuyos marcos, inamovibles y delimitados hace décadas, solo permiten ver las tensiones de la realidad que hayan sido señaladas como tales por los Gobiernos.

No, el escrache no es una manera de hablar con diputados. Para ello sería necesario un cambio de cultura en el diputado que, por cierto, haría innecesario el escrache. Es una manera de coacción democrática. Las hay. Son antiguas y modularon, en su día, el nacimiento de los derechos sociales: huelga, la protesta, la manifestación. La sociedad empieza a saber mucho de coacción. Y puede discernir entre la coacción posdemocrática —la reducción de derechos que sufre—, y las formas de coacción que utiliza en su defensa. El pensador francés Pierre Rosanvallon habla un poco de ello cuando, al tratar del futuro de una democracia en crisis, dibuja un quinto poder, consistente en la ciudadanía en la calle, modulándola. Quizás eso —la posdemocracia y la ciudadanía en la calle—, es lo que está pasando.



miércoles, 13 de marzo de 2013

NUNCA TE CONOCERÉ.


 

La frontera que separa el camino que conduce del bienestar a la indigencia, no es una barrera luminosa situada en la mitad de un largúisimo puente levadizo, sino una simple raya invisible en el suelo, que está ahí,  ahí delante, delante de tus narices.
                (R. Arangüena, 
                               Prólogo al libro "Reducción de daños", de Pedro Monasterio)




Según el fiscal, sobre las tres de la madrugada del 23 de agosto de 2009,  cinco jóvenes golpearon brutalmente en la cabeza al sin techo Rafael Santamaría, que pasaba la noche en un fotomatón en la calle Arcipreste de Hita (Moncloa). A consecuencia de la agresión, sufrió un fuerte golpe en la cabeza con hemorragia, del que tardó en curar 541 días. Como secuela, le ha quedado una alteración cognitiva-conductual que le limita para cualquier actividad de cierta complejidad. 

              Hace años, en este país, allá por 1933, se aprobó una Ley de Vagos y Maleantes, conocida como La Gandula,  para aplicarla a los mendigos y a quienes moralmente no se ajustaran a lo que se entendía por gente de orden. En julio de 1954, el régimen franquista modificó dicha ley para incluir y reprimir con ella también a los homosexuales.
              En 1976 fue derogada y sustituida por la ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, incluyendo penas de hasta 5 años de internamiento  en cárceles o manicomios para “rehabilitar” a los “peligrosos sociales”. Estas  penas iban desde el ingreso en un establecimiento "de régimen de trabajo" - lo que se entendía como trabajos forzados-  o "de custodia",  o el "aislamiento curativo en “casas de templanza". En este último caso, la ley era peor, ya que añadía "por tiempo absolutamente indeterminado".
           Solamente la constancia de uno de los colectivos afectados, el de homosexuales, logró que la legislación fuera completamente derogada ya bien entrada la democracia, en 1995.
             Hoy, algunos hemos abierto los ojos como platos al leer la linea de defensa del abogado de los encausados por el hecho que cito al principio. Éste, ha asegurado, según la prensa,   que "la vagancia" y "el constituirse un parásito de lo decente", en referencia a los sin techo, lleva a la repulsión y a añorar con "nostalgia tiempos pasados" , la ley de vagos y maleantes. Y añade que  "hoy empieza a resurgir en círculos políticos, que tienden a prohibir la mendicidad, plaga de nuestras ciudades".  En los pasillos de la Audiencia,  continua contando la prensa, el letrado, Ángel Pelluz, de 90 años, se ha ratificado en sus manifestaciones y ha asegurado que los vagabundos "no son personas humanas", a lo que ha añadido que son "cánceres de la sociedad que deberían ser extirpados". "La mierda siempre se ha recogido", insistió.
            Siempre he mantenido que todos tenemos derecho a una buena defensa, y me he posicionado muchas veces al lado de quienes socialmente han sido niños o jóvenes conflictivos, considerados peligrosos, en vez de "en peligro". Pero el argumento de este abogado, además de vergonzoso y cruel, demuestra cuan impunemente empiezan a manifestarse claramente, y cada vez más alto, determinadas ideologías de sustrato nazi y fascista.  Claro, que desde aquel alegato de nuestro anterior Alcalde, el sr. Ruiz Gallardón, de que "Todo aquel sin techo que duerma en la calle en Madrid es por su voluntad y no por necesidad", muchos tuvieron patente de corso para señalarles y estigmatizarles.

          Actualmente, miles de ciudadanos viven en la calle, en condiciones de miseria y precariedad. Y al paso que vamos con la crisis que nos han impuesto, habrá aún mas en poco tiempo. Como dice Ramón Aragúena: "... pocas veces se les llama personas, siempre se utilizan términos eufemísticos: pordioseros, mendigos, sin techo, sin hogar, el caso es no enfrentarnos a la realidad, que son ciudadanos como usted, con todos sus derechos vulnerados y en un país del primer mundo, civilizado, que se considera solidario con los países más necesitados".

               Nos explica mi querido amigo Pedro Monasterio, conocedor de la vida dentro y fuera de los techos y tejados en su propia persona, que, como seguramente sabrán,  la palabra "indigente" tiene sus raíces en el latín, de las palabras "in" y "digere", que quiere decir "no posee". Sin ningún  adjetivo más. Es decir, no se posee ni dinero, ni ropa, ni techo, ni hogar, y,  como nos  dice él, tampoco  poseen derechos.

                   Conceptos utilizados por los políticos de turno, como "limpiar Madrid", quitar mendigos del paisaje urbano", etc...,  nos demustran lo lejos que están dichos servidores públicos de su cometido, de la cercanía de las personas que más necesitarían su apoyo, su eficacia a través de los servicios sociales que tanto han demostrado, por el contrario,  su ineficacia y su inutilidad.
              ¡Olvidamos, tan a menudo, que existe esa fina raya en el suelo, que nos separa de una a otra situación! ¡Qué fácil no mirarles, pasar delante de ellos como si fuesen invisibles! ¡Qué fácil es, cuando no sabemos a qué huele el frío, a qué sabe esa sopa boba de los comedores, donde se agacha la cabeza para no ser reconocido por alguien!¡ Y qué fácil asustarnos cuando abrimos la puerta de un cajero, y hay alguien allí durmiendo, cuando está demostrado que el que corre el peligro es aquel que está indefenso durmiendo entre los cartones!

               En abril de 2010, el domingo de Resurrección, en el centro de Santander, apareció un mendigo muerto en el interior de un cajero de banco. Un joven amigo mio, muy joven, que estaba allí en aquel momento, le escribió un poema que yo simpre guardé, como homenaje a aquella persona de quien no conocíamos la identidad.

Lo dejo aquí como gesto de aceptación de todos los que se han visto rechazados, humillados y atacados por tanto "pro hombre de bien" en nuestra solidaria sociedad.

NUNCA TE CONOCERÉ

Nunca te conoceré. Nunca te voy a conocer.
Pero sé que te quiero.
Por mis pecados, por los tuyos. 
Porque tenías derecho a vivir y se te ha arrebatado.
Porque no tenías derecho a morir y te lo han obligado.

Ayer domingo, cuando se suponía que resucitaba El de las Barbas,
tú fallecías.
¿Y quién te escuchaba?
Si acaso, sólo aquel que vio a un  desaagradable mendigo durmiendo
en un cajero.

No tenían derecho a robarte la felicidad.
Tal vez fueras una persona repugnante.
Tal vez lo fuieras por genética.
Tal vez por la educación.
Tal vez porque te dio la gana.
Pero sé que te quiero.
Porque nunca habrá nadie como tú.
Porque tenías derecho a vivir y se te ha arrebatado.
Porque no tenías derecho a morir y te lo han obligado.

Tal vez (muy probablemente) eras mejor persona que yo.
Tal vez fuiste padre de una familia.
Tal vez las circunstancias te llevaron por el camino de la mala vida.
Tal vez (quién sabe), no hay mas mal ni mas bien que aquel que impone
El que puede Dormir Tranquilo todas las noches.

No te voy a engañar, no querría estar en tu lugar.
Pero tanpoco quiero que tú estes en ese lugar.

Y nos toca mover ficha; mover ficha para que la gente no vaya a ese lugar.
Porque te quiero.
Y mientras te quiero.
 
                (Antonio Gómez Rincón. 6 de abril de 2010)



viernes, 1 de marzo de 2013

CONFIESO QUE HE VIVIDO.





MARRUECOS EN EL CORAZON:

          Sabeis que este país está arraigado en mi con fuertes raíces. Que voy en cuanto puedo, y que mi relación con gente de allí es muy estrecha. 

            Por eso hoy quiero que conozcais el relato de este joven marroquí, amigo querido con el que el año pasado compartí experiencias importantes, porque con sus propias palabras nos va a narrar cómo empezó el movimiento 20 de Febrero en su lugar.  El ha necesitado desahogar mucha pena y mucha tristeza, quizás también decepción, y reunir muchas fuerzas para contarlo, a pesar del riesgo que supone hacerlo.
Os dejo con él:

Confieso que he vivido
   No se, ¿por dónde empiezo? ¿Qué debo escribir? ¿Acaso puedo comenzar mi artículo con palabras habituales? ¿o con otras que han perdido su significado después de muchas repeticiones? Se me ocurren muchas ideas, pero dispersas, apenas puedo reunirlas para que logren formar la apertura de estas líneas que deseo compartir con ustedes, un poco de lo que he vivido en un movimiento del que se habló muchísimo, un movimiento que pudo unir a islamistas e izquierdistas, incluso extremistas radicales bajo el lema "Dignidad - libertad y justicia social". Recuerdo que cuando vi el primer comunicado a través de las redes sociales (Facebook), no presté mucha atención a lo que ponía en aquel llamamiento. Se decía que era una imitación de la primavera árabe y que pronto pasaría, pero el pueblo marroquí se negó a sentarse y a dejar pasar esta ocasión sin reaccionar de manera alguna, no quiso ser la excepción, sobre todo si se trataba de libertad y dignidad.
Me sorprendieron mucho los rumores lanzados por las autoridades marroquíes contra éstos jóvenes que iniciaron el llamamiento a la protesta y en los que se les etiquetaba de que eran gais, maricones, homosexuales, espías para países extranjeros, etc. Todo ésto se dijo para que la gente no se implicara y no respondiera ante éste llamamiento convocado por parte de ellos. Como de costumbre, por la tarde me fui a tomar un café con uno de mis amigos y durante nuestra conversación, surgió el tema y le pregunté por la opinión que tenía acerca de la protesta que tendría lugar el 20 de febrero. La respuesta fue totalmente inesperada, acompañada del exalto y de una ferviente oposición, por lo que, espontáneamente,  le pregunté sobre el por qué de ésa reacción, ¿acaso éstos manifestantes no son también marroquíes que protestan para exigir mejores condiciones de vida en Marruecos tanto a nivel social como político, tal como expresa éste comunicado? Pero mi amigo tenía otro punto de vista  y me dijo de que el día 20 de febrero habría una celebración anticipada del aniversario del Frente Polisario y que si tomábamos las calles en esa misma fecha, estaríamos de una forma u otra en contra de la unidad del territorio nacional. Intenté convencerle de que éso sólo eran justificaciones que le habían metido en la cabeza, que no eran reales, que formaban parte de los rumores lanzados por las autoridades de seguridad para que la gente no saliera a manifestarse y a reclamar sus derechos.
Cuando empezaron a aparecer vídeos en las redes sociales y al observar que varias ciudades confirmaban su participación en las manifestaciones convocadas para el día 20 de febrero, quedé con un grupo de amigos con los que compartía una formación común desde hacía años. Formaban parte de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) y también eran miembros de partidos políticos. Mientras charlábamos un poco sobre distintos temas, me comunicaron que ellos también iban a participar en la protesta, entre ellos había médicos, abogados, maestros... Finalmente decidí unirme a ellos y protestar por lo mismo, pidiendo que se juzgara a aquellos que han robado toda la riqueza de mi país, y cuando me despedí de ellos para regresar a mi casa, uno de ellos se me acercó dirigiéndose a mí en voz baja, y me pidió que tuviera cuidado porque todos nuestros pasos estarían controlados, en aquel momento pensé que exageraba.
Al día siguiente, recibí un mensaje en mi móvil, era una invitación para asistir a una reunión en la que se concretaría el trayecto por el que pasaría la manifestación. Llegué a tiempo para la reunión, la cual tuvo lugar en una de las organizaciones que pertenecen a la coordinación de apoyo al Movimiento 20F en Tánger. Las puertas estaban cerradas y había un grupo de jóvenes cerca de ellas. Me quedé quieto en mi sitio, viendo ésas caras que me miraban de manera extraña y en ése momento me acordé de lo que me advirtieron “ten cuidado”. De repente vi a mi amigo en medio del grupo, lo llamé en voz alta para romper ese silencio terrible que prevalecía en aquel lugar, me acerqué y le saludé. Algunos sonrieron diciéndome: "pensábamos que eras de la secreta" y al pasar unos minutos empezamos la reunión.
Notaba el miedo en la cara de todos los presentes en la sala. Nos conocíamos unos a los otros ya que no se permitía entrar a cualquier persona que no conociera al menos a dos personas de los que estaban allí, para que pudiera acceder a la reunión bajo su responsabilidad. Teníamos que apagar todos los móviles y separar sus baterías para así depositarlas en una caja que se encontraba en otra sala para evitar que alguien hiciera fotos o grabara cualquier cosa de lo que se acordada en la reunión. Se podría decir que era como los que luchaban en secreto, pero sin armas. Y por fin llegó la hora, el día de la protesta que convocó
 el Movimiento 20 de febrero.

Una gran multitud de ciudadanos tomaron las calles de Marruecos, sentí algo no había sentido antes, entre una mezcla de alegría y tristeza. Dieron comienzo las marchas y se oía a los manifestantes gritando en una voz cada vez más alta: "el pueblo quiere derrocar a la corrupción". Pasaban por la gran mayoría de las calles de la ciudad hasta llegar a la actual Plaza de las Naciones tal y como estaba planificado; leyeron el manifiesto al final de la manifestación y dieron otra fecha para para volver a tomar la calle en el plazo de una semana. Pero una desconcertante pregunta obsesionaba a todos los manifestantes, ¿cómo es posible que las autoridades marroquíes de pronto permitan que la gente salga a protestar? Todas las calles estaban vacías, no había ni un sólo policía, ni siquiera los de la circulación de tráfico... Parecía obvio que su ausencia no era una buena señal, y todo el mundo decía que ésto era como el silencio que viene antes de la tormenta. Sólo un par de horas después del final de la protesta, el régimen marroquí decidió no quedarse con las manos cruzadas ante quien trata de sensibilizar a la gente explicándoles sus derechos otorgados por la Constitución y la libertad de expresión, por lo que aprovecharon la presencia de los manifestantes y prendieron fuego dentro de las agencias bancarias, destrozaron tiendas, discotecas, coches, etc... Lo hicieron para justificar una serie de detenciones en masa, sin diferenciar entre culpables e inocentes, no se salvaron ni siquiera los enfermos mentales que iban por las calles y que con gran rapidez fueron sometidos a juicio. Algunas sentencias alcanzaban los 10 años de prisión, y ésto hizo evidente el mensaje que el régimen quería transmitir: la participación en la protesta tendría una sanción de 10 años de prisión. Ello difundió el miedo. Más adelante, empezaron con una serie de rumores que contaban que los manifestantes tenían la intención de transformar la ciudad de Tánger en una especie de Kandahar por el terrible destrozo que sufrió, pero los ciudadanos sabían que su ciudad, al igual que otras ciudades, estaban siendo víctimas de un grupo de soldados secretos con teorías conspirativas y que la falta de seguridad en aquel momento se debía a las órdenes de los órganos superiores, para que pudieran vengarse de los manifestantes y acusarles por cargos ya preparados con antelación y así, finalmente, llevarlos a la cárcel.


Comenzó el juego y todos somos conscientes de que el cambio o es un sueño muy difícil de cumplir o es una pesadilla, pero algo que se hallaba en nuestro interior nos decía que hay que seguir adelante y no darse por vencido. Tras  varias reuniones, decidimos seguir con la organización y continuar hasta lograr una respuesta a las demandas por las que salíamos a la calle. Las autoridades se dieron cuenta de que nada y nadie es capaz de frenar nuestra lucha contra la corrupción y la tiranía, por eso tomó la iniciativa y empezó a imponernos una ley que prohibía las reuniones y las manifestaciones en la calle. Ésta orden fue denegada por parte del Movimiento 20F, sobre todo porque era algo ilegal ya que la constitución permite las manifestaciones pacificas; por ese mismo motivo habíamos decidido salir a protestar, pero las fuerzas de seguridad de Tánger echaban de menos los viejos tiempos (años de plomo) para tener que aplicar “ la letra con la sangre entra" contra una nueva generación que sueña con la dignidad, la libertad y la justicia social.
Una vez llegados al lugar de la protesta, parecía reinar la guerra, casi no podía creer lo que estaban viendo mis ojos; parecía un desfile del ejército, de las fuerzas auxiliares y la gendarmería ¡había hasta bomberos!. Era evidente que estaban planeando hacer una carnicería contra ciudadanos desarmados, pues su única arma era la fe en sus demanda, así que la primera consigna dio la orden a las fuerzas de reprimir a los manifestantes mediante el uso de todos los medios de represión (palos de madera y otros plásticos...), además de patear a todo aquel al que alcanzaran, no les importaba lo más mínimo si se trataba de un menor o un mayor de edad, hombre o mujer.






No dispersaron a los manifestantes tal y como se habían dado las órdenes, nos estaban vengando teniendo en cuenta que el domingo era el día libre para la mayoría de ellos (los agentes de seguridad) y que no podrían descansar por culpa de las manifestaciones. Eso nos convertía en enemigos suyos, es lo que me dijo un agente cuando me detuvo y me llevaron a la comisaría. Cuando me arrestaron por primera vez (no puedo describir lo que se puede experimentar por un momento durante la detención y la presencia en la comisaría), a mí me recibieron con una patada en la cara y me pusieron a dormir en el pasillo con un grupo de jóvenes, ancianos y niños, acostados con la cara hacia abajo para pasar así, pasar por encima de nuestras espaldas. Eran como máquinas humanas que actuaban sin la menor piedad. De repente gritó a mi lado una mujer después de que le hubieran pateado fuertemente su barriga, causándole así un aborto involuntario

           En ese momento, me pareció que ése lugar no era mi lugar y que el tiempo no estaba a favor de mis tiempos. Hasta que llamó a mi puerta un libro de Pablo Neruda y sus líneas (Confieso que he vivido). Las palabras eran mucho más que eso, revivieron en mí una tierra totalmente muerta. Palabras que despertaron en mí una pasión por escribir sobre mi experiencia, para que no se perdiera entre mis secretos, vi a Pablo Neruda ofreciéndome una pluma y recordé cuando dijo "Puedo escribir los versos más tristes esta noche"...Sentí que vivía la vida para contar mi historia. Y desde ese día, como Pablo Neruda, puedo confesar que he vivido.


MUSTAPHA EL-MAAROUF|  TÁNGER