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miércoles, 13 de marzo de 2013

NUNCA TE CONOCERÉ.


 

La frontera que separa el camino que conduce del bienestar a la indigencia, no es una barrera luminosa situada en la mitad de un largúisimo puente levadizo, sino una simple raya invisible en el suelo, que está ahí,  ahí delante, delante de tus narices.
                (R. Arangüena, 
                               Prólogo al libro "Reducción de daños", de Pedro Monasterio)




Según el fiscal, sobre las tres de la madrugada del 23 de agosto de 2009,  cinco jóvenes golpearon brutalmente en la cabeza al sin techo Rafael Santamaría, que pasaba la noche en un fotomatón en la calle Arcipreste de Hita (Moncloa). A consecuencia de la agresión, sufrió un fuerte golpe en la cabeza con hemorragia, del que tardó en curar 541 días. Como secuela, le ha quedado una alteración cognitiva-conductual que le limita para cualquier actividad de cierta complejidad. 

              Hace años, en este país, allá por 1933, se aprobó una Ley de Vagos y Maleantes, conocida como La Gandula,  para aplicarla a los mendigos y a quienes moralmente no se ajustaran a lo que se entendía por gente de orden. En julio de 1954, el régimen franquista modificó dicha ley para incluir y reprimir con ella también a los homosexuales.
              En 1976 fue derogada y sustituida por la ley sobre peligrosidad y rehabilitación social, incluyendo penas de hasta 5 años de internamiento  en cárceles o manicomios para “rehabilitar” a los “peligrosos sociales”. Estas  penas iban desde el ingreso en un establecimiento "de régimen de trabajo" - lo que se entendía como trabajos forzados-  o "de custodia",  o el "aislamiento curativo en “casas de templanza". En este último caso, la ley era peor, ya que añadía "por tiempo absolutamente indeterminado".
           Solamente la constancia de uno de los colectivos afectados, el de homosexuales, logró que la legislación fuera completamente derogada ya bien entrada la democracia, en 1995.
             Hoy, algunos hemos abierto los ojos como platos al leer la linea de defensa del abogado de los encausados por el hecho que cito al principio. Éste, ha asegurado, según la prensa,   que "la vagancia" y "el constituirse un parásito de lo decente", en referencia a los sin techo, lleva a la repulsión y a añorar con "nostalgia tiempos pasados" , la ley de vagos y maleantes. Y añade que  "hoy empieza a resurgir en círculos políticos, que tienden a prohibir la mendicidad, plaga de nuestras ciudades".  En los pasillos de la Audiencia,  continua contando la prensa, el letrado, Ángel Pelluz, de 90 años, se ha ratificado en sus manifestaciones y ha asegurado que los vagabundos "no son personas humanas", a lo que ha añadido que son "cánceres de la sociedad que deberían ser extirpados". "La mierda siempre se ha recogido", insistió.
            Siempre he mantenido que todos tenemos derecho a una buena defensa, y me he posicionado muchas veces al lado de quienes socialmente han sido niños o jóvenes conflictivos, considerados peligrosos, en vez de "en peligro". Pero el argumento de este abogado, además de vergonzoso y cruel, demuestra cuan impunemente empiezan a manifestarse claramente, y cada vez más alto, determinadas ideologías de sustrato nazi y fascista.  Claro, que desde aquel alegato de nuestro anterior Alcalde, el sr. Ruiz Gallardón, de que "Todo aquel sin techo que duerma en la calle en Madrid es por su voluntad y no por necesidad", muchos tuvieron patente de corso para señalarles y estigmatizarles.

          Actualmente, miles de ciudadanos viven en la calle, en condiciones de miseria y precariedad. Y al paso que vamos con la crisis que nos han impuesto, habrá aún mas en poco tiempo. Como dice Ramón Aragúena: "... pocas veces se les llama personas, siempre se utilizan términos eufemísticos: pordioseros, mendigos, sin techo, sin hogar, el caso es no enfrentarnos a la realidad, que son ciudadanos como usted, con todos sus derechos vulnerados y en un país del primer mundo, civilizado, que se considera solidario con los países más necesitados".

               Nos explica mi querido amigo Pedro Monasterio, conocedor de la vida dentro y fuera de los techos y tejados en su propia persona, que, como seguramente sabrán,  la palabra "indigente" tiene sus raíces en el latín, de las palabras "in" y "digere", que quiere decir "no posee". Sin ningún  adjetivo más. Es decir, no se posee ni dinero, ni ropa, ni techo, ni hogar, y,  como nos  dice él, tampoco  poseen derechos.

                   Conceptos utilizados por los políticos de turno, como "limpiar Madrid", quitar mendigos del paisaje urbano", etc...,  nos demustran lo lejos que están dichos servidores públicos de su cometido, de la cercanía de las personas que más necesitarían su apoyo, su eficacia a través de los servicios sociales que tanto han demostrado, por el contrario,  su ineficacia y su inutilidad.
              ¡Olvidamos, tan a menudo, que existe esa fina raya en el suelo, que nos separa de una a otra situación! ¡Qué fácil no mirarles, pasar delante de ellos como si fuesen invisibles! ¡Qué fácil es, cuando no sabemos a qué huele el frío, a qué sabe esa sopa boba de los comedores, donde se agacha la cabeza para no ser reconocido por alguien!¡ Y qué fácil asustarnos cuando abrimos la puerta de un cajero, y hay alguien allí durmiendo, cuando está demostrado que el que corre el peligro es aquel que está indefenso durmiendo entre los cartones!

               En abril de 2010, el domingo de Resurrección, en el centro de Santander, apareció un mendigo muerto en el interior de un cajero de banco. Un joven amigo mio, muy joven, que estaba allí en aquel momento, le escribió un poema que yo simpre guardé, como homenaje a aquella persona de quien no conocíamos la identidad.

Lo dejo aquí como gesto de aceptación de todos los que se han visto rechazados, humillados y atacados por tanto "pro hombre de bien" en nuestra solidaria sociedad.

NUNCA TE CONOCERÉ

Nunca te conoceré. Nunca te voy a conocer.
Pero sé que te quiero.
Por mis pecados, por los tuyos. 
Porque tenías derecho a vivir y se te ha arrebatado.
Porque no tenías derecho a morir y te lo han obligado.

Ayer domingo, cuando se suponía que resucitaba El de las Barbas,
tú fallecías.
¿Y quién te escuchaba?
Si acaso, sólo aquel que vio a un  desaagradable mendigo durmiendo
en un cajero.

No tenían derecho a robarte la felicidad.
Tal vez fueras una persona repugnante.
Tal vez lo fuieras por genética.
Tal vez por la educación.
Tal vez porque te dio la gana.
Pero sé que te quiero.
Porque nunca habrá nadie como tú.
Porque tenías derecho a vivir y se te ha arrebatado.
Porque no tenías derecho a morir y te lo han obligado.

Tal vez (muy probablemente) eras mejor persona que yo.
Tal vez fuiste padre de una familia.
Tal vez las circunstancias te llevaron por el camino de la mala vida.
Tal vez (quién sabe), no hay mas mal ni mas bien que aquel que impone
El que puede Dormir Tranquilo todas las noches.

No te voy a engañar, no querría estar en tu lugar.
Pero tanpoco quiero que tú estes en ese lugar.

Y nos toca mover ficha; mover ficha para que la gente no vaya a ese lugar.
Porque te quiero.
Y mientras te quiero.
 
                (Antonio Gómez Rincón. 6 de abril de 2010)



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