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jueves, 21 de septiembre de 2017

CATÁLOGOS DEL HORROR.


"Yo me pregunto, después de más 16 años en Ceuta, ¿estos controles van a parar la inmigración?

Desde que yo estoy en Ceuta la emigración sigue siendo la misma, la diferencia es que mueren más, que sufren más, que lo pasan peor… pero realmente  una valla no corta los sueños de una persona que ha dejado su país".

                                                                                                 (Paula, Elin)
      

Nuestros ministros a menudo manifiestan no saber nada ante determinados asuntos que ocurren en sus áreas de competencia. O no saben nada o no les consta. Y esto es grave, a mi parecer.  Y además, es mentira.   

     Hace tiempo, Mariano Rajoy, durante una entrevista en RNE, dijo que había pedido un informe al Ministerio del Interior sobre los daños que podrían causar las cuchillas que se habían instalando en la valla de Melilla.  "No sé si pueden causar efectos en las personas", decía.
     Entonces,  el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba le instó a preguntarle a él, ya que fue quien retiró este material en 2007 cuando se demostraron las heridas que causaban, aunque no nombró que también fue el gobierno socialista el que las instaló.
   "Que no busque informes, que ya los hay, pero se lo digo yo, que es más fácil (...) que me llame por teléfono y se lo digo gratis: las cuchillas cortan", afirmaba a la Cadena SER. 

     El alambre de cuchillas se colocó por primera vez en la valla de Melilla en 2005, con José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno y José Antonio Alonso como titular del Ministerio de Interior, del que era competencia el control fronterizo. En 2007, cuando Rubalcaba ya estaba frente a la cartera de Interior, y comprobados los efectos de la "concertina barbada", ante las protestas, se retiró este material de la zona superior de la alambrada.



  Tampoco contó que se mantuvieron las de la base del lado marroquí, que causan graves heridas a los inmigrantes. 

  El entonces ministro de interior Jorge Fernández Díaz aseguraba que las cuchillas colocadas en la valla “no son agresivas”, sino “disuasorias” y que las heridas que causan son de carácter “superficial”.


   Alegar ignorancia en este sentido no es más que otra muestra de cuán tontos nos creen.

   Las propias empresas que venden las concertinas publicitan ampliamente sus productos, y a la hora de adquirirlos,  los encargados han leído las ventajas e inconvenientes de cada modelo.

  Dicha publicidad está al alcance de todos:

-Fabricado con acero templado (casi imposible de cortar con herramientas normales) y las cuchillas tienen forma de arpón, diseñadas para penetrar y enganchar”. (De la empresa Mallas Galbis).


-Barrera que protege 24 horas al día de forma pasiva. No requiere de ningún tipo de energía, ni de cámaras, no requiere mantenimiento y supone una amenaza a la integridad física de los intrusos.  (EASY). 


-Barrera integrada por una serie de alambres y navajas, con calidad de bisturí, muy duras y de diferentes formas, incluyendo la de un anzuelo que, al tener contacto muy ligero con el cuerpo humano, ya sean manos, brazos, tórax, cara, pies, etc causan serias heridas y en muchos casos requieren intervención de cirujanos para sacar la navaja de la concertina insertada en el cuerpo de una persona...

“European Security Fencing”  (ESF), del grupo Mora Salazar, es la única empresa española fabricante a nivel europeo de concertinas. Se publicitan como “expertos en alta seguridad pasiva” y se han convertido en un referente mundial en este sector.

http://concertina.es/productos/



El gerente de la empresa que las vende, Antonio Moro, declaró en su día que el destino final que les dé el cliente no les incumbe ni es de su competencia.
 
 
Este mismo gerente manifestó al El PAÍS que “la tapa de una lata de atún o de anchoas tiene un espesor de 0,2 milímetros. Corta más que las concertinas”,  en referencia a la alambrada de Melilla. (El PAÍS, 16/9/2015).

Pero en realidad, constan de una cuchilla de 22 milímetros de largo, 0.5 de grosor, 15  de ancho y 34 de separación entre diente y diente.
Foto: Mariam y T. (Nador, 2017)


“Sambo Sadiako, un senegalés de 30 años, apareció muerto en la mañana del 6 de marzo de 2009 en la valla de Ceuta. Su cuerpo sin vida fue descubierto por la Guardia Civil tras un intento de salto. Se desangró tras seccionarse una arteria principal a través de la axila con el alambre de cuchillas de la parte superior de la valla. 

La autopsia a su cadáver informaba de que “el inmigrante falleció en la concertina de la segunda valla, que le cortó una de las arterias, causándole la muerte por pérdida masiva de sangre”. Pero la primera versión difundida por el gobierno y que replicaron la mayoría de los medios de comunicación fue que “se vio sorprendido por las adversas condiciones climatológicas que pudieron hacer que perdiera el equilibrio” y se golpeara en el suelo “debido al efecto péndulo” en una noche de mucho viento.

No es el único. Hay más cuyos nombres nadie quiere saber.
Fernández Díaz defendió continuamente la colocación de cuchillas en el perímetro fronterizo y repetía que producían solo “erosiones leves, superficiales".

 “En la defensa de los Derechos Humanos nadie nos va a ganar”, repetía como un mantra con toda su cara de cemento de hormigón armado.

Foto: Mariam y.T. (Nador 2017)

 La APDHA, organización que elabora un registro de inmigrantes muertos en esta zona, en su Balance Migratorio 2012, manifiesta que: “Al menos 225 personas perdieron la vida en 2012 al intentar alcanzar El Dorado europeo a través de su frontera sur, 156 de ellas en el reverso marroquí.  “Y se trata solo de los datos que hemos podido contrastar”.
 La Defensora del Pueblo, Soledad Becerril afirmaba en 2013 que, en su opinión, la recolocación del alambre de cuchillas en la valla fronteriza de Melilla con Marruecos es "una barbaridad" y así se lo ha trasladado "a algunas personas del Gobierno", para alertarles, además, de que esta medida puede acarrear consecuencias.

 "Son una barbaridad y nos pueden producir algún desgraciadísimo accidente", señalaba durante un desayuno informativo organizado por Nueva Economía Forum en Madrid, para incidir en que esta medida no conseguirá frenar la llegada de las personas que buscan una oportunidad porque, "la aspiración a una vida mejor no va a cesar por altas que sean las alambradas".
  
      Con motivo del viaje de la Caravana Abriendo Fronteras a Melilla, durante el pasado verano de 2017, mi amiga y yo pasamos una mañana en Nador para ver la valla del “otro lado”. Esa valla que  Chakib al Jayari, presidente de la Asociación Rif de Derechos Humanos, describe "con postes de los que sale una alambrada llena de cuchillas de cinco metros de ancho por tres de alto. Además a ras del suelo se colocará una alfombra de rollos de cuchillas.
Y pudimos hacer fotos, hasta que un Ali nos dijo en francés que no podíamos “ni mirar”...
     No les gusta que miremos  esa cara más “sucia” de la frontera, donde se mantiene la mayor carga de obstáculos para fracturar no solo el cuerpo, sino hasta el espíritu.

¿Con qué fondos construye Marruecos la valla y los fosos?


Fondos europeos, alentados por nuestro país.

   Lejos de reconocer los resultados perversos de las actuales políticas migratorias, el actual ministro de Interior, sr. Zoido ha tratado de derivar la culpabilidad hacia las ONG.

   No quieren testigos, no quieren tomar conciencia de su responsabilidad. 

   Pero tal vez nosotros, como ciudadanos, también somos culpables. Hemos normalizado que se pueda violentar los derechos humanos y matar personas en la frontera.
   A veces temo que nuestras manos se hayan convertido también en cuchillas, en parte del muro que consentimos, que nos estemos convirtiendo a nosotros mismos en un refuerzo de las crueles vallas de Ceuta y Melilla.










Fotografías de Mariam y T. (NADOR, 2017)

miércoles, 30 de agosto de 2017

¿QUÉ COSECHA UN PAÍS QUE SIEMBRA CUERPOS?



                                              “Nada es igual si alguien desaparece”. 

                                                          (Amnistía Internacional)




                      
Hay una herida social que no cura ni cicatriza bien, la de nuestros desaparecidos.



   Las víctimas de prácticas totalitarias y acciones represivas, las desapariciones forzosas que los gobiernos militares y civiles se niegan a admitir así como su responsabilidad sobre el destino o el paradero de las personas que dejaron de estar. 



 




   ¿Quién pedirá justicia cada día por la Operación Cóndor en Argentina, por los desaparecidos de Chile, de Brasil, de México, de Honduras, de Guatemala, de El Salvador, de la Venezuela de Raúl Leoni?

     Los estados no rinden cuentas, no revelan la verdad, no castigan a los responsables, no piden perdón…
 
     Se lavan las manos manchadas de sangre y siguen ejerciendo el poder, se burlan de nuestro dolor.

     Y nos duelen todos los que levantaron la voz por la justicia y la igualdad y que, por ello, fueron perseguidos, acosados, apresados, torturados y, por si no bastaba, desaparecidos.

     Piensan que hay que escarmentar a los que se alzan, a esos revolucionarios que son “peligrosos”. No quieren permitir que sean héroes ni mártires.

     “Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después … a sus simpatizantes; enseguida… a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos”. 

    Esto dijo Ibérico Saint Jean, general del ejército de Videla y gobernador de la Provincia de Buenos Aires,  en mayo de 1977. Murió en 2012, a los 90 años.

      Se dice que quemaron cadáveres en un horno de “Los Cabitos”, en Ayacucho.  
  
     Investigaciones fiscales determinaron que peruanos de lengua quechua fueron llevados allí  donde fueron asesinados, acusados sin pruebas de ser senderistas.

     Hay “Comisiones de la Verdad”  que testimonian que muchos de los desaparecidos fueron arrojados a barrancos, a los botaderos donde madres y esposas revisaban los rostros de los cadáveres para reconocerlos.


     O al mar, donde nadie podrá recuperarlos.

     El 26 de septiembre de 2014 pasó a la historia de México. 

     Murieron 6 jóvenes y desaparecieron 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, en Iguala, Guerrero, sur de México. Parece que fueron interceptados por la policía y entregados a bandas vinculadas al narcotráfico que los mataron e incineraron en el basurero de Cocula, localidad cercana.

    Pero muchas de sus familias no quieren creer que no estén vivos.

    Habían viajado para participar en una protesta.
      
     Y desparecieron, como los hijos de las madres locas, y pronto dirán que ni siquiera nacieron.
    
    Hay más de 2.000 historias de hijas desaparecidas en Ciudad Juárez: "En Juárez sabemos cuando salimos, pero no si vamos a volver..."

        Las desapariciones se convierten a menudo en política de los gobiernos. 

     También en China, en Rusia, en Europa... 

     Ahí están nuestros "Papeles de Salamanca", documentos que dejan constancia de lo que durante la guerra civil española se hacía con la información sobre personas y grupos objeto de persecución (Causa general contra la Masonería y el Comunismo) y que justificarían el "alzamiento nacional".

    Y nuestros muertos en las cunetas y en fosas comunes.

    Y la lucha por la "Memoria Histórica", ese concepto ideológico e historiográfico desarrollado por Pierre Nova y que designa el esfuerzo consciente de los grupos humanos por encontrar su pasado.

   Pero existe también una memoria colectiva. (M.Halbwachs)

   Por eso clamamos por los desaparecidos, imnumerables, en nuestro Mediterráneo.

   Por todos los bebés robados. 


Foto: Mariam del Toro. (Melilla)
   Por los niños y niñas que, en la actualidad,  son "expropiados" de sus familias por las instituciones sociales de las comunidades autónomas españolas, en algunos casos de forma demostradamente perversa.  

   Por los niños que viven en la calle y no son atendidos por las administraciones responsables de su tutela, porque ellos también están desaparecidos de la vida común.

  Y por los invisibilizados, los que estando a nuestro lado, están desaparecidos del espectro social: Los habitantes marginales de las barriadas como el Gallinero, los y las presas, las personas interngénero (genderqueer), las trans,  las sin techo... En fin, todos los que hacemos desaparecer de nuestro entorno solo con ponernos la venda en los ojos.
  
 ¿Cómo imaginar la angustia y el sufrimiento de quien busca a alguien, de quién no sabe qué pasó con alguna persona, como creció, cómo murió, si vive aún, si sufrió mucho antes de...?

  
       Y no volveremos a tener noticias, no llegaremos a saber qué ocurrió con ellas.  
 
       Los recuerdos nos confirman que hemos vivido.
 


      La desaparición forzada es un crimen aberrante e inhumano que viola todos los derechos elementales de una persona. 
  
  
"¿Qué cosecha un país que siembra cuerpos?", grita la pancarta.

    Ojalá brote la justicia que quisieron hacer desaparecer.





    UNA VEZ MÁS volvemos a reclamar la responsabilidad de los Estados por los crímenes de violación de los derechos humanos.   



    
 ¡No a la impunidad!