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jueves, 23 de junio de 2016

NOCHE DE SAN JUAN











      A la hoguera van las políticas migratorias de esta Europa inhumana, en especial la nuestra; los gobiernos que han hecho de la precariedad y la miseria su base de comodidad y enriquecimiento; del abandono de la cultura y la educación su caldo de cultivo para embrutecernos más; los que han acabado con el sistema sanitario y se jactan de ello; los que ni se inmutan ante los vergonzosos escándalos porque son psicópatas...
Los que consideran a los de sur menos merecedores de vida que ellos; los que arrasan y dejan desolada la tierra y a nosotros, los que la habitábamos como hermanos...
Noche de San Juan,
quietud del miedo.
Camino por el sonido de mi voz,
hasta aquí
ha llegado mi cuerpo:
una sombra de hogueras
un temblor.
Luego,
el despojamiento de las palabras,
el beso en la boca de Dios,
la plenitud,
el vacío
”.


 (Enrique Solinas)

miércoles, 22 de junio de 2016

NÁPOLES. La Ciudad y los niños.

He viajado a Nápoles 3 días, tiempo insuficiente para tener de una ciudad algo más que una vista panorámica, aunque sea mi segunda vez.

Mas quiero traer aquí este texto de hace algún año,  aún actual, elaborado en el Centro Social DAMM, del barrio napolitano de Montesanto, una referencia okupada llena de vida y actividad en zonas marginales:


´Foto de Marisa Perón.
"Nápoles, ciudad de los niños” ha sido uno de los lemas de algunas campañas electorales de los partidos de centro izquierda y ahora es el nombre de un proyecto del Ayuntamiento. Pero Nápoles no es la ciudad de los niños. No es de los niños una ciudad en donde las escuelas separan desde el principio a los “buenos” de los “malos”; en donde las plazas y las calles no son utilizables para jugar y los espacios públicos están llenos de guardias y vecinos intolerantes; en donde la solución al miedo de los adultos es la segregación de los niños.

     Divididos entre casa y escuela, para estos niños la ciudad es desconocida: una entidad indefinible hasta la adolescencia avanzada. Pero entre ellos hay una minoría que sigue utilizando la ciudad: desatendidos o huyendo de pisos pequeños y opresivos y de padres que no tienen recursos para controlarlos, estos niños ocupan habitualmente las calles interiores, los patios y las plazas de los barrios; allí establecen el centro de su vida, entre el tiempo de la escuela y el de la familia.

     El Estado no considera normales a estos niños y los define “de riesgo”. El uso de este término es el primer paso para encerrarlos en un ghetto. En las calles de la ciudad hay una guerra no declarada entre estos niños y los adultos: si ellos ocupan el espacio delante de una iglesia, al día siguiente el cura lo manda llenar de enormes floreros;  cuando una placita interior acaba de transformarse en campo de juego,  ya llega la guardia urbana a desalojarlos; en los parques, hasta los sitios más escondidos están bajo vigilancia; los niños se “arman” –de spray, huevos o petardos-  depende de la estación o de la moda, y a pie recorren la ciudad. Hay quien habla de pandillas...

     La represión de estas energías está organizada en las clásicas estrategias policíacas o a través de las políticas sociales. En este segundo caso la tarea de vigilarlos está confiada (con algunos millones) a la administración de la ciudad. Esta pide ayuda a asociaciones y cooperativas que ofrecen el servicio. En cada barrio hay una red de asociaciones. Cada niño de calle está vigilado al menos por dos jóvenes, hasta aquel momento sin empleo. Estos jóvenes no están preparados para atender a estos niños. Esto es bueno, porque los niños pueden ignorarlos fácilmente. Pero también es malo, porque en una formación oportuna se podría trasmitir la importancia de una relación abierta y paritaria; la actitud de ser receptivos con los más pequeños. Es muy raro que en la formación de los futuros educadores se haga una evaluación respetuosa del punto de vista del atendido y de su cultura. Lo que falta es sobre todo la participación de los que, de hecho, no son más que usuarios. Dar vueltas, escuchar, conocer los problemas, presionar a aquellos que los pueden resolver, encontrar soluciones, todas estas son cosas que necesitan otro modelo de trabajo.

     Cuando el Plan Infancia está listo la Administración declara que sirve para normalizar a los niños de riesgo. Los servidores del Estado se limpian la cara mientras rompen el ghetto que ellos mismos han creado. Se da trabajo (precario y mal pagado) a muchos jóvenes y asistencia a los pequeños... Sin embargo, de estas hazañas siempre se conoce sólo el comienzo y nunca el desarrollo ni los resultados finales. Alrededor todo queda igual, siempre son los mismos los que rechazan la escuela o los que son rechazados por ella; en las escuelas en donde los alumnos hablan el dialetto el nivel de la didáctica siempre es el más bajo; en los barrios falta un referente de confianza ante los conflictos con las instituciones; falta un apoyo escolar y psicológico; centros deportivos gratuitos; espacios públicos sustraídos a los coches o a las largas listas de prohibiciones y a las amenazas del vecindario.

     Para los niños, en la calle, el único modelo de relación es la ley del más fuerte. Los que hacen trabajo político y social desde la base corren el riesgo de quedar machacados entre dos modelos intolerables: el de la legalidad/coerción del Estado, a lo que los niños fingen adaptarse, y la ley de la calle, la del “pez grande que se come al chico”.

     Pero también se pueden crear en la calle relaciones diferentes. También tenemos ejemplos de niños y familias que utilizan la calle de manera inteligente y con parsimonia. Y sabemos que la mayoría, cuando crecen, más que camorristi (mafiosos) se vuelven simplemente adultos desconfiados, pues desde muy pequeños han sido desvalorizados y desalentados, y se encuentran frente a las pocas posibilidades que la vida les ofrece con pocas herramientas y sin saber utilizarlas.

     En este momento los únicos que pueden estrechar un vínculo, estableciendo recíproca confianza con los niños “peligrosos”, son los que entran en contacto con ellos. Esto es más fácil que pase en la calle, de manera informal, y menos en la escuela, en donde los papeles ya están definidos; y todavía menos en las organizaciones de intervención social, que han ocupado rápidamente todo el espacio del tercer sector para hacer sus negocios.

     Algunas luchas todavía se pueden hacer, por parte de entidades que elijan empezar desde la infancia para criticar el modelo de relaciones y la práctica política dominante; que sean gestionadas colectivamente por sus miembros y privilegien una rigurosa autoinformación; que sepan difundir su modelo sin que crezca la burocracia y sin crear dependencias; que para hacer esto sepan disolverse y renacer, reconstruyendo siempre nuevas identidades. De su acción política y social y de su intervención esperamos mucho y en esta dirección trabajamos.
 
(Texto que proviene del Centro social DAMM, 
Diego Armando Maradona Montesanto, en Nápoles).

  
Algunos de sus personajes:
Maurizio Braucci nació en 1966 en el rione Montesanto de Nápoles. Escritor, poeta, también ha realizado vídeos, y fue uno de los fundadores del centro social “DAMM – Diego Armando Maradona Montesanto”. Promotor de laboratorios en lugares de extrema marginalidad –escuelas en la periferia este y norte, cárceles- ha escrito el texto de un espectáculo teatral (“Sete” representado incluso en la cárcel de Volterra). Il mare guasto, 1999, Edizioni E/O, fue su primera novela. Con la misma editorial publicó en el 2004 Una barca di uomini perfetti.
    Es uno de los autores más interesantes y originales de la nuevo panorama literario italiano. Colabora con la revista Lo Straniero y con la redacción napolitana del diario Repubblica. Trabaja como autor y montador de documentales de video y promueve proyectos socioculturales para adolescentes. 

Pietro Marcello: Trabajó en el inicio del DAMM. Dice de esa etapa: Fue una oportunidad única para estar en medio de la gente, para darme cuenta de que el cine no sólo tiene que ver con cuestiones técnicas, sino también con las vivencias. En nuestras películas llevamos nuestras historias, tanto personales como comunitarias, y las experiencias vitales toman forma a través del cine. Lo más importante es interrogarnos profundamente sobre si hay algo que decir o plasmar al hacerlas. Si no lo hay, no merecen la pena.
                     

martes, 14 de junio de 2016

BALADA DEL NIÑO CAMERUNÉS.








Llegaste de África,

con el sonido de la canción de tu abuela en los oídos,
con los ojos llenos del color de la sabana ancestral,

sin saber que la esclavitud se extiende en estas tierras 
también hacia los niños.

¿Cómo evocarás tus memorias?

¿Quizás cómo pisadas sobre baldosas desconocidas
de casas que están enfermas?

¿Como la convivencia con personas de almas arrugadas,
que esperan de ti calor para disipar los fríos de sus inviernos?



¿No saben que ninguna casa es tan sólida que pueda impedir que la lluvia entre en ella?

Tu historia, la verdadera historia, hará oquedad en la construcción

con la fuerza de las termitas.

No llores, pequeño. Tu madre secará tus lágrimas desde la luz de la luna.

Y hará que escuches los tambores tocando.

Y que sientas lo pies de los que bailan alejando a las hienas…

Porque ellas están aquí, te arrebataron, te dieron a las brujas…

Y tú  siegues llamando para que te escuchen,

gritando para que te devuelvan… !Que hasta las hienas tienen madre!

Tu padre te busca desde el principio del mal tiempo...

Sin tregua, sin descanso, sin desmayo.

Como un velero en medio de tormentas, con la brújula en su mano.
Eres el norte y el sur, su día y su noche,
eres su puerto en medio de un desierto de acero y de cemento.
De su dolor, él, tu padre,  encontrará aún más fuerza
para sacar  de su escondite a los ladrones.

********



Nunca es fácil nadar contra corriente.


No lo es para los peces, menos lo será para nosotros, los humanos.


Por tanto, muchos prefieren dejarse llevar por la fuerza del rio o del mar.


Porque remar a la contra es muy cansado.


     Estoy pensando en ello horas después de haber compartido una fiesta solidaria donde nos hemos encontrado muchas personas para apoyar, moral y económicamente, a una familia de Camerún a la que le fue arrebatado su primer hijo por esos servicios sociales que deberían haber hecho todo lo contrario, apoyarles y no inventar supuestos delitos que se demostraron falsos.  

     ¿Qué puede llevar a unos responsables del bienestar social, del cuidado de los más pequeños, a anteponer un criterio demostrado erróneo a todo el dolor de una madre y un padre que no han dejado de luchar por recuperar al hijo arrebatado por esa institución? Un organismo que se ha limitado a rellenar informes y a seguir un proceso contra toda justicia, incluida la del Juzgado de lo penal y la de la Audiencia provincial de Cantabria.
 

     No puede ser que la normativa de la que se nos dota esté por encima de la racionalidad, que el enjambre de leyes que marcan todas nuestras relaciones sociales y personales no puedan volver atrás cuando la maquinaria se ha puesto en marcha… Tiene que haber soluciones coherentes a los problemas y, sobre todo, sentido común.



    “Para dominar a los hombres basta con una oficina bien montada –escribió Desclée de Brouwer en “El Hombre como mercancía”- Todo burócrata tienen en sus manos un instrumento de dominio.  La gente depende de un sello y ese sello se lo tiene que poner un señor que está detrás de una ventanilla”.


      Así es. Y cuando no es el sello, es el informe reglamentario que etiqueta todos tus comportamientos o tu estilo de vida, por más que sea impuesto por las circunstancias y no elegido por ti.

     Ferdinand lleva muchos años luchando contra un gigantesco molino, que no es ya gigante sino un monstruo que devora las entrañas y deja el corazón roto para siempre… 


     Hay muchos niños en desamparo, muchos, demasiados… Niños de los que nadie se ocupa y otros que viven almacenados en centros que se gestionan porque son rentables, porque de cada niño se obtiene una rentabilidad para empresas que lo mismo se encargan de la seguridad de un edificio que  de la limpieza de oficinas y ahora de la guardia de los pequeños. 

 
       Y niños que desean familias que les acojan, que les adopten, que les cuiden y mimen, como es lógico y deseable.

 
       ¿Por qué, entonces, ir a buscar a un pequeño de Camerún que ha llegado a España con un padre y una madre que venmían en busca de los derechos que no tenía en su país?   
       
      ¿Creía alguien que por ser su familia africana no iban a pelear por su recuperación?

      Ferdinand y Monique no han dejado de hacerlo. Saben que cuando se deja de remar se retrocede, y así, a contracorriente, solos al principio, con nosotros después, sabiendo ellos más de derecho y de normativa española que muchos de los abogados que pululan por ahí, siguen buscando una solución a este "sinsentido". 

 
      Ellos están rotos, el dolor es continuo y sin descripción posible… Pero aún son capaces de levantar la voz, no se van a paralizar para lamer sus heridas y conformarse. Y como decía en el poema, conseguirá reducir a los ladrones.







jueves, 2 de junio de 2016

PIE DE NIÑO... (Al pie desde su niño)



Foto: JOSÉ PALAZÓN. IDOMENI, Mayo 2016


















El pie del niño aún no sabe que es pie,
y quiere ser mariposa o manzana.

Pero luego los vidrios y las piedras,
las calles, las escaleras,
y los caminos de la tierra dura
van enseñando al pie que no puede volar,
que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces
fue derrotado, 
cayó en la batalla,
fue prisionero,
condenado a vivir en un zapato.

Poco a poco sin luz
fue conociendo el mundo a su manera,
sin conocer el otro pie, encerrado,
explorando la vida como un ciego.

Aquellas suaves uñas
de cuarzo, de racimo,
se endurecieron, se mudaron
en opaca substancia, en cuerno duro,
y los pequeños pétalos del niño
se aplastaron, se desequilibraron,
tomaron formas de reptil sin ojos,
cabezas triangulares de gusano.
Y luego encallecieron,
se cubrieron
con mínimos volcanes de la muerte,
inaceptables endurecimientos.

Pero este ciego anduvo sin tregua, 
sin parar hora tras hora,
el pie y el otro pie,
ahora de hombre
o de mujer,
arriba,
abajo,
por los campos, las minas,
los almacenes y los ministerios,
atrás,
afuera, adentro,
adelante,
este pie trabajó con su zapato,
apenas tuvo tiempo
de estar desnudo en el amor o el sueño,
caminó, caminaron
hasta que el hombre entero se detuvo.

Y entonces a la tierra
bajó y no supo nada,
porque allí todo y todo estaba oscuro,
no supo que había dejado de ser pie,
si lo enterraban para que volara
o para que pudiera
ser manzana.


(Al pie desde su niño.- PABLO NERUDA)