"Realmente me duele ser testigo de hasta qué punto consentimos hacer del mundo un lugar horrible. Estoy siendo testigo de un genocidio y me cuestiono todas mis convicciones sobre la bondad de la naturaleza humana..." (Rachel Corrie)
Ayer fue el aniversario de la muerte de Rachel Corrie, estudiante de 23 años, activista de derechos humanos procedente de Olimpia, en elestado norteamericano de Washington, que fue arrollada y muerta por una excavadora militar israelí en Rafah (Gaza) mientras defendía una vivienda palestina que iba a ser demolida.
El 16 de marzo de 2003 la joven estadounidense Rachel Corrie, de 23 años, se encontraba en la ciudad gazatí de Rafah, frente a la vivienda familiar de los Nasrallah. El Dr. Nasrallah era un farmacéutico local y Rachel estaba alojándose en su casa mientras prestaba servicios como voluntaria en el Movimiento de Solidaridad Internacional (ISM, por sus siglas en inglés), cuyo propósito era disuadir a las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF) de su plan de demolición de viviendas palestinas. (Entre 2000 y 2004 los israelíes dejaron sin hogar a 1700 palestinos en el área de Rafah.)
El Ejército israelí sostenía que esas viviendas servían de refugio a terroristas que abrían fuego sobre los asentamientos o los soldados judíos. Pero durante el tiempo que Rachel vivió con los Nasrallah, toda la familia dormía sobre el suelo y alejados de las ventanas a causa del constante repiqueteo de balas de los francotiradores israelíes.
Desde el día de su llegada a Rafah su activismo había consistido mayormente en hacer de "escudo humano": dormía en casas de familias palestinas para impedir que las demolieran, se plantaba junto a los pozos de agua para que no los destruyeran o escoltaba a los niños a la escuela.
El abismo entre su mundo y el que estaba viviendo era palpable: “Llevo dos semanas y una hora en Palestina y aún no encuentro palabras para describir lo que estoy viendo”, escribió.
Le parecía sorprendente que los palestinos pudieran mantener alta su humanidad a pesar del horror en el que se habían convertido sus vidas y de la constante presencia de la muerte.
“He descubierto una fuerza y una resistencia esenciales
en los seres humanos para mantener su humanidad en las circunstancias más terribles, algo que no conocía.
Creo que la palabra es dignidad".
El día que murió, se hallaba interpuesta entre la vivienda de los Nasrallah y una enorme excavadora conducida por un soldado israelí. Una de esas monstruosas máquinas llamadas "bulldozers" por su nombre en inglés, fabricadas en Estados Unidos y vendidas a Israel por Caterpillar, a pesar de que es sabido que en Israel este producto se utiliza para destruir viviendas de un modo que viola las leyes internacionales. Rachel vestía un vistoso chaleco anaranjado fluorescente y hablaba por un megáfono solicitando al conductor que se detuviera o que diera la vuelta. El tractor se movió hacia ella y la casa lentamente, en una operación que el Ejército israelí describiría después como de "limpieza de vegetación y escombros" con el objetivo de remover artefactos explosivos o destruir túneles "utilizados por los terroristas palestinos para el contrabando ilegal de armas procedentes de Egipto".
A medida que el bulldozer se aproximaba, el conductor hizo descender la pala y comenzó a arrastrar polvo y escombros en su trayecto. Cuando estaba a pocos metros de la pared exterior de la casa de los Nasrallah, Rachel se trepó a la montaña de escombros. Desde este lugar podía mirar directamente a la cabina del conductor y el conductor podía divisarla a ella, no los separaban más que tres o cuatro metros. La máquina continuó avanzando. Entonces Rachel perdió el equilibrio, cayó hacia atrás y fue aplastada dos veces por la pala del bulldozer.
El conductor testificaría después que él nunca había visto a Rachel hasta que notó "gente tratando de sacar el cuerpo de debajo de la tierra".
Hubo, por supuesto, una investigación militar interna del incidente, y el entonces Primer Ministro israelí Ariel Sharon prometió al entonces Presidente de los Estados Unidos George W. Bush que sería "profunda, creíble y transparente". Sin embargo nada de esto ocurrió, y oficiales estadounidenses y hasta el mismo embajador en Tel Aviv, Dan Schapiro, se mostraron insatisfechos con la investigación. Los militares israelíes exoneraron tanto al conductor del bulldozer como al oficial a cargo, afirmando que ni habían visto a Rachel ni que tampoco estaban tratando de demoler la vivienda de los Nasrallah ese día.
En el área de Rafah, durante los años que Rachel y otros voluntarios del ISM trabajaron, el Ejército israelí tuvo por costumbre disparar a los niños palestinos asesinando a unos 400, 25% de los cuales tenía menos de doce años. En la mayoría de los casos no hubo penalidad para quienes cometieron el delito. La práctica de garantizar inmunidad legal ha sido también adoptada por la policía y los jueces israelíes en el caso de crímenes cometidos por civiles israelíes, especialmente colonos, en contra de palestinos. Hasta hoy, el 90 por ciento de las investigaciones de tales actos criminales cometidos por israelíes contra palestinos y sus propiedades son cerradas sin sanciones de ningún tipo.
En el año 2005 los padres de Rachel iniciaron una demanda civil contra el Ministerio de Defensa en una corte israelí. Esperaban que el juicio probara de manera "creíble y transparente" los hechos que se habían negado hasta entonces. De ahí en más, se sucedieron quince sesiones del jurado en la ciudad de Haifa y declararon 23 testigos. Pero al final de su sentencia de 62 páginas este último 28 de agosto, el Juez Oded Gershon rechazó la demanda afirmando que Rachel Corrie y otros activistas del ISM habían elegido premeditadamente ingresar a una "zona militar cerrada" donde actuaban para "proteger terroristas".
El juez aceptó la afirmación del Ejército de que el conductor del bulldozer no había visto a Rachel. En cualquier caso, de acuerdo al juez, ella había actuado "irracionalmente".
"Corrie podría haber simplemente salido del trayecto del bulldozer como cualquier persona razonable habría hecho", pero no lo hizo, por eso era en última instancia
responsable de su propia muerte y no había justificación para exigirle al Estado que pagara ningún daño.
Los testigos oculares dieron fe de que la pala de la excavadora iba acumulando montones de tierra a medida que avanzaba y que Rachel subió a lo alto del montículo de forma que pudiera establecer contacto visual con el conductor de la excavadora.
Con anterioridad, esa misma tarde las excavadoras habían maniobradopeligrosamente cerca de los activistas internacionales presentes en el lugar, pero seetuvieron antes de llegar a causarles daño.
En esta ocasión, el conductor siguió adelante,
empujando a Rachel bajo la pala.
Las últimas palabras que Rachel escribió a su madre antes de perder la vida en la franja de Gaza son una prueba de que aún existe gente realmente comprometida y sensible frente los atropellos e injusticias que ocurren en el mundo: "Esto tiene que terminar. Hemos de abandonar todo lo demás y dedicar nuestras vidas a conseguir que esto termine. No creo que haya nada más urgente. Yo quiero poder bailar, tener amigos y enamorados y dibujar historietas para mis compañeros. Pero, antes, quiero que esto se termine. Lo que siento se llama incredulidad y horror. Decepción. Me deprime pensar que esta es la realidad básica de nuestro mundo y que, de hecho, todos participamos en lo que ocurre. No fue esto lo que yo quería cuando me trajeron a esta vida. No es esto lo que esperaba la gente de aquí cuando vino al mundo.
Este no es el mundo al que papa y tu quisisteis que viniera cuando decidisteis tenerme. No es esto lo que yo quise decir cuando mire hacia Capital Lake y dije: "Este es elmundo y a él llego yo". No pensaba que venia a un mundo en el que podria llevar una vida cómoda y, probablemente, sin ningun esfuerzo, existir sin enterarme en absoluto de que estoy participando en un genocidio".



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