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lunes, 31 de octubre de 2011

CELEBREMOS LA VIDA.

                                                   

                                                            Su cuerpo dejará no su cuidado;
                                                            Serán ceniza, mas tendrá sentido;
                                                             Polvo serán, mas polvo enamorado
.
                                                                                       (Francisco de Quevedo)
                          
                   He visto tantos tanatorios, tantos cementerios, que confundo unos y otros. 
                    Como la vida y la muerte confunden sus fronteras.
 
              De pronto la muerte  se hace presente como un salto al vacio.  Ha estado siempre ahí,  pero  su visita  es ahora cada vez más asidua.

              En San Carlos decimos que  hay una escalera al cielo, la rockera escalera que los nuestros ya comenzaron a escalar, convirtiéndose en peldaños de la misma,  desde muy tempranas edades, víctimas de cargas muy pesadas, que incluso les llevaban a culpar al cielo de sus pasos en la tierra, como hizo D. Juan Tenorio al sentir cerradas sus puertas, y que cada vez se va haciendo más alta.

             Cuando murió mi hermano Juan, con todo el dramatismo de que estuvo rodeado el accidente, se quebró algo dentro de mí… Josito me envió un escrito suyo titulado “Somos lo que nos han querido”,  que me trajo consuelo y esperanza,  donde decía que “vivir es llenar la propia existencia de rostros, de gestos, de ternura, de pequeños detalles, de hechos discretos pero sublimes...  Y citaba a Casaldáliga, en esa súplica que yo he compartido en el título de este blog, porque,  llegado el momento, también quiero tener las manos vacías y el corazón lleno de nombres. Y porque creo firmente que  somos lo que nos han querido”.

               Cuando el pequeño Mohammed intuía su próxima partida, me decía que yo no tenía que llorar, que él iba a estar bien, que tendría una carita normal, y que en sueños vendría a enseñarme lo bien que estaba. Nos pidió  que cuando se fuese, tomásemos el dinero de su hucha y con él comprásemos cordero, naranjas y dulces para celebrar una cena con todos los amigos. Aquellas palabras y sentimientos en un niño de 9 años, me enseñaron que se puede estar sereno ante la muerte, a pesar de no querer que llegue. Por eso, los últimos días me decía: Vamos a jugar, Toñi, vamos a jugar a la calle, no dejes que me aburra… y yo lo traducía como un: distráeme, Toñi, no dejes que piense… y aquello, como al poeta, me hacía sentir más su muerte que mi vida.

                    Como si cumpliese su promesa,  muchas veces aparece en mis sueños, y hablamos largamente, y en su cara no aparece ni rastro de la enfermedad que se lo llevó.  Es el recuerdo dulcificado de su paso por nuestras vidas, que llenó de luz  y de coraje, dándonos una lección de dignidad.
    
                   Con pocos días de diferencia, se nos marchó también Antonio, amigo entrañable a quien le pasaron factura los años del desasosiego.  Y se amplió la cuenta, en un año cargado de lágrimas.Y ahora siempre digo que si me anunciaran que voy a marcharme yo también, solo tendría que cogerme simbólicamente de su mano  y de la de mi pequeño Spiderman para atravesar con serenidad los momentos duros.

                 Y porque nos enseñaron a morir, nos enseñaron también a vivir, a disfrutar de los instantes  y de los detalles.
                  Y así, esta noche de difuntos quiero celebrar que vivo, que respiro, y quiero vivir con  plenitud hasta el último grano en el reloj  de la vida, y quiero seguir llenando mis manos con los nombres de todos los que estáis ahí, dándome lo mejor de vosotros mismos, compañer@s de batallas perdidas de antemano, utópicos y solidarios  soñadores que me animáis a arrimar el hombro para hacer de esta vida un lugar digno y justo. 

                  Con vuestro calor, sigo amando la vida, superando el dolor,  aprendiendo que hay que vivir bailando y sonriendo, y convivo con el recuerdo de los que partieron,  que llenan mi  corazón  porque   
 
                                               “A las aladas almas de las rosas
                                                del almendro de nata te requiero,
                                                que tenemos que hablar de muchas cosas,
                                                Compañero del alma, compañero.”
                                                                           (M. Hernández)

       

4 comentarios:

  1. MARISA: espero tardar muchos años en subir esa escalera, mientras tanto me gustaria ser una de esas personas que llenan tus manos, y si algun dia parto hacia " yo no se donde" antes que tu, tambien espero llenar un rinconcillo de ese "GRAN CORAZON", que tienes.

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  2. PACO: Comparto tu sentir y creo que es formidable como dices disfrutar de los que aún no han partido, comentar, compartir y vivir con los que están, lo que desearíamos hacer con los ya lo hicieron. Después de tantos amigos que marcharon su recuerdo nos invita a esto.
    Gracias Toñi. Un besazo.

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  3. SONIA RELLO:
    Como siempre, precioso.

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