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viernes, 4 de noviembre de 2011

LA PARABOLA DEL DEPOSITO DE AGUA

          Tenía 15 años cuando alguien muy cercano me dejó leer un pequeño librito que me descubrió todo el intrincado mundo de los mercados, de la propiedad privada, de la esclavitud y de la plus valía. Edward Bellamy lo escribió a finales del siglo XIX, y sin embargo, hay algo que aún tiene vigencia. Con él  comencé a pensar en términos políticos sobre la sociedad en la que vivimos… Aquí  dejo la historia,  porque en estos tiempos revueltos, no solo los mercados nos marcan el paso y la forma de ser más o menos pobres, sino que también nos quieren privatizar el agua… la fuente de la vida.

      La Parábola del depósito de agua.

                      ( Edward Bellamy (18501898))

      "Había un cierto país muy seco, cuya gente estaba en extrema necesidad de agua. Y no hacían otra cosa que buscar agua de la mañana a la noche, y muchos perecían porque no podían encontrarla.

         Había  ciertas personas en aquel país que eran más astutas y diligentes que el resto, y habían acumulado depósitos de agua donde otros no podían encontrarla, y el nombre de aquellas personas era capitalistas. Y sucedió que la gente del país acudió a los capitalistas y les rogó que les diesen del agua que habían acumulado y que podían beber, porque su necesidad era extrema. Pero los capitalistas respondieron y dijeron:
      -"¡Marchaos, gente tonta! ¿Por qué deberíamos daros del agua que hemos acumulado, si entonces estaríamos igual que estáis vosotros, y pereceríamos con vosotros? Pero mirad lo que haremos por vosotros. Sed nuestros sirvientes y tendréis agua."
        Y la gente dijo: "dadnos de beber y seremos vuestros sirvientes, nosotros y nuestros hijos." Y así fue.
         Ahora bien, los capitalistas eran personas de entendimiento, y sabios en su creación. Ordenaron a la gente que fuese sus sirvientes en cuadrillas con capitanes y oficiales, y a algunos de ellos los pusieron en las fuentes para zambullirse, y a otros les hicieron acarrear el agua, y a otros los pusieron a buscar nuevas fuentes. Y todo el agua era concentrada en un único lugar, y allí hicieron los capitalistas un gran depósito para contenerla, y el depósito se llamaba el Mercado, porque allí era donde la gente, incluso los sirvientes de los capitalistas, iban para conseguir agua. Y los capitalistas dijeron a la gente:
         Por cada cubo de agua que nos traigáis, que nosotros verteremos en el depósito, que es el Mercado, ¡mirad! os daremos un céntimo, pero por cada cubo que extraigamos para dároslo para que bebáis de él, vosotros y vuestras esposas y vuestros hijos, nos daréis dos céntimos, y la diferencia será nuestra ganancia, bien entendido que si no fuese por esta ganancia no haríamos esto por vosotros, sino que todos vosotros pereceríais."

         Y ello fue bueno a los ojos de la gente, porque era torpe de entendimiento, y diligentemente trajo agua al depósito durante muchos días, y por cada cubo que trajeron, los capitalistas dieron a cada uno un céntimo; pero por cada cubo que los capitalistas extrajeron del depósito para dárselo de nuevo a la gente, ¡mirad! la gente dio a los capitalistas dos céntimos.

          Y después de muchos días el depósito de agua, que era el Mercado, rebosó por la parte superior, porque la gente era mucha, pero los capitalistas eran unos pocos, y no podían beber más que los demás. Así pues, el depósito rebosó. Y cuando los capitalistas vieron que el agua se desbordaba, dijeron a la gente: 
               "¿No veis que el depósito, que es el Mercado, rebosa? Sentaos, pues y sed pacientes, porque no habéis de traernos más agua hasta que el depósito se vacíe."

            Pero cuando la gente ya no recibió los céntimos de los capitalistas por el agua que traían, no pudieron comprar más agua de los capitalistas, no habiendo nada con que comprar. Y cuando los capitalistas vieron que ya no tenían más ganancia porque nadie les compraba agua, se turbaron. Y enviaron personas a las carreteras, a los caminos secundarios, a los vallados, gritando, "Si alguien tiene sed que venga al depósito y nos compre agua, porque rebosa." Porque se dijeron entre ellos, "Mirad, los tiempos están faltos de animación; debemos hacer publicidad."

         Pero la gente respondió, diciendo: "¿Cómo podemos comprar a no ser que nos contraten, porque cómo, si no, tendremos medios para comprar? Contratadnos, pues, como antes, y gustosamente compraremos agua, porque tenemos sed, y no hace falta que hagáis publicidad." Pero los capitalistas dijeron a la gente: "¿Contrataros para traer agua cuando el depósito, que es el Mercado, ya rebosa? Comprad, pues, agua primero, y cuando el depósito se vacíe, a base de que compréis, os contrataremos de nuevo." Y así, sucedió que, debido a que los capitalistas ya no contrataban a la gente para traer agua, la gente no podía comprar el agua que ya había traído, y debido a que la gente no podía comprar el agua que ya había traído, los capitalistas ya no contrataban a la gente para traer agua. Y la frase común se propagó, "Es una crisis económica."
         Y la sed de la gente era grande, porque ahora ya no ocurría como había ocurrido en la época de sus padres, cuando el país se abría ante ellos, para que cada uno buscase agua por sí mismo, viendo que los capitalistas habían tomado todas las fuentes, y los pozos, y las norias, y las vasijas y los cubos, para que nadie pudiese conseguir agua excepto del depósito, que era el Mercado. Y la gente se quejaba contra los capitalistas y decía: "Mirad, el depósito ha rebosado, y nosotros nos morimos de sed. Dadnos, pues, del agua, que no perezcamos."

         Pero los capitalistas respondían: "Nada de eso. El agua es nuestra. No beberéis de ella a no ser que nos la compréis con céntimos." Y lo confirmaron con un juramento, diciendo, según su costumbre, "El negocio es el negocio."

         Pero los capitalistas estaban desasosegados porque la gente ya no compraba agua, por lo cual ellos ya no tenían ganancias, y hablaron entre ellos, diciendo: "parece que nuestras ganancias han detenido nuestras ganancias, y por razón de las ganancias que hemos hecho, ya no podemos hacer más ganancias. ¿Cómo es que nuestras ganancias han dejado de darnos ganancias, y nuestras ganancias nos empobrecen? Hagamos llamar pues a los agoreros, para que ellos puedan interpretarnos esta cosa," y enviaron a buscarlos.
            Ahora bien, los agoreros eran personas que habían aprendido oscuros proverbios, y que se unieron a los capitalistas por razón del agua de los capitalistas, para poder de este modo vivir, ellos y sus hijos. Y hablaron en favor de los capitalistas ante la gente, e hicieron sus embajadas por ellos, viendo que los capitalistas no eran un compañero ágil de entendimiento, ni preparado para el discurso.

          Y los capitalistas demandaron de los agoreros que les interpretasen esta cosa, por qué la gente no les compraba más agua, aunque el depósito estaba lleno. Y ciertos agoreros respondieron y dijeron, "es por razón de la sobreproducción", y alguno dijo, "es el exceso de producción"; pero el significado de las dos cosas es el mismo. Y otros dijeron, "No, pero esta cosa es por razón de las manchas solares." E incluso otros respondieron, diciendo, "No es por razón del exceso de producción, ni de las manchas solares como este mal ha llegado a ocurrir, sino por la falta de  confianza.
                           "Y mientras los agoreros competían entre ellos, conforme a sus modales, las personas de ganancia dormían y dormían, y cuando despertaron dijeron a los agoreros: "Basta. Nos habéis hablado confortablemente. Ahora marchaos y hablad asimismo confortablemente a esta gente, para que se estén quietos y nos dejen también en paz."  

           "Pero los agoreros, precisamente los hombres de la ciencia lúgubre--porque así los llamaban algunos--eran reacios a ir ante la gente por miedo a que los apedreasen, porque la gente no los quería. Y los agoreros dijeron a los capitalistas:"
    "Amos, es un misterio de nuestro arte, que si las personas están llenas y no tienen sed, entonces encontrarán confort en nuestro discurso igual que vosotros. Pero si tienen sed y están vacías, no encontrarán confort en él, sino que en cambio se burlarán de nosotros, porque parece que a no ser que una persona esté llena, nuestra sabiduría no le parece sino vaciedad." Pero los capitalistas dijeron: "Id. ¿No sois los que nos hacéis las embajadas?"
"Y entonces los agoreros fueron ante la gente y les expusieron el misterio del exceso de producción, y cómo era que debían perecer de sed porque había agua en demasía, y cómo no podía haber suficiente porque había demasiada. E igualmente hablaron ante la gente en relación a las manchas solares, y también por qué era que estas cosas les habían sucedido por razón de la falta de confianza. Y ocurrió tal como los agoreros habían dicho, porque a la gente su sabiduría les pareció vaciedad. Y la gente los vituperó, diciendo: "¡Fuera, calvorotas! ¿Os burláis de nosotros? ¿La abundancia engendra escasez? ¿No sale nada de lo mucho?" Y cogieron piedras para apedrearlos.
             Y cuando los capitalistas vieron que la gente todavía se quejaba y no prestaría oído a los agoreros, y porque también tenían miedo de que la gente se subiese al depósito y tomase el agua por la fuerza, trajeron ante la gente a ciertos hombres sagrados (pero eran falsos sacerdotes), quienes hablaron ante la gente de que debía estarse callada y no turbar a los capitalistas por estar sedienta. Y estos hombres sagrados, que eran falsos sacerdotes, dieron testimonio ante la gente de que esta aflicción fue enviada a ellos por Dios, para la curación de sus almas, y que si lo soportaban con paciencia y no sentían deseos por el agua, ni turbaban a los capitalistas, ocurriría que después de que muriesen irían a un país donde no habría capitalisas sino una abundancia de agua. No obstante, había ciertos auténticos profetas de Dios también, y estos tenían compasión con la gente y no profetizaban para los capitalistas, sino que en cambio hablaban constantemente en su contra.
"Entonces, cuando los capitalistas vieron que la gente todavía se quejaba y que no se estarían quietos, ni por las palabras de los agoreros ni por las de los falsos sacerdotes, acudieron ellos mismos ante la gente y pusieron la punta de sus dedos en el agua que rebosaba en el depósito y humedecieron las yemas de sus dedos en él, y esparcieron las gotas que había en la punta de sus dedos sobre la gente que se agolpaba alrededor del depósito, y el nombre de las gotas de agua era "caridad", y eran en extremo amargas.
"Y cuando los capitalistas vieron una vez más que ni por las palabras de los agoreros, ni de los hombres sagrados que eran falsos sacerdotes, ni por las gotas que fueron llamadas caridad, la gente se quedaba quieta, sino que se enfurecía más, y se agolpaba alrededor del depósito como si lo fuesen a tomar por la fuerza, entonces se reunieron en consejo y enviaron hombres en secreto a mezclarse con la gente. Y estos hombres buscaron a los más fornidos de entre la gente y a todos los que tuviesen habilidades para la guerra, y los apartaron y hablaron con ellos taimadamente, diciendo:
           "Venid, ahora, ¿por qué no fundís vuestra suerte con la de los capitalistas? Si sois sus hombres y les servís en contra de la gente, para que no entren por la fuerza en el depósito, entonces tendréis abundancia de agua, no pereceréis, ni vosotros ni vuestros hijos."
            Y los hombres fornidos y los que tenían habilidades para la guerra prestaron oído a este discurso y se resignaron a ser persuadidos, porque su sed les obligaba, y fueron ante los capitalistas y se convirtieron en sus hombres, y en sus manos fueron puestos bastones y espadas y se hicieron defensores de los capitalistas y golpearon a la gente cuando se apiñaban ante el depósito.
              Y tras muchos días, el nivel del agua del depósito había bajado, porque los capitalistas hicieron fuentes y estanques de peces con el agua de aquel, y allí se bañaban, ellos y sus esposas e hijos, y despilfarraban el agua para su placer.
            Y cuando los capitalistas vieron que el depósito estaba vacío, dijeron: "La crisis ha terminado"; y entonces hicieron llamar y contrataron a la gente que debía traer agua para llenarlo otra vez. Y por el agua que la gente traía al depósito la gente recibía un céntimo por cubo, pero por el agua que los capitalistas dejaban extraer del depósito para dárselo otra vez a la gente recibían dos céntimos, porque ellos debían tener su ganancia. Y después de un tiempo, el depósito volvió a rebosar otra vez igual que antes.
          Y entonces, cuando la gente había llenado muchas veces el depósito hasta rebosar y había tenido sed hasta que el agua que había en él hubiese sido despilfarrada por los capitalistas, sucedió que aparecieron en el país unas ciertas personas que fueron llamadas agitadores, porque estimulaban a la gente. Y hablaron a la gente, diciendo que debería asociarse, y entonces no necesitaría ser sirviente de los capitalistas y no tendría sed nunca más. Y a los ojos de los capitalistas los agitadores fueron individuos infames, y de buena gana los habrían crucificado, pero no se atrevieron por miedo a la gente.
              Y las palabras de los agitadores con las que hablaban a la gente fueron de esta manera:
               "Gente insensata, ¿por cuánto tiempo vais a ser engañados por una mentira y creer para vuestro perjuicio que no lo es? Porque mirad, todas esas cosas que han sido dichas ante vosotros por los capitalistas y por los agoreros han sido fábulas astutamente urdidas. Y de la misma manera los hombres sagrados, que dicen que es la voluntad de Dios que seais siempre pobres y míseros y sedientos, ¡mirad! ellos blasfeman contra Dios y son unos mentirosos, a quienes Él juzgará amargamente aunque perdonará a todos los demás. ¿Cómo es que no podéis ir por el agua que hay en el depósito? ¿No es porque no tenéis dinero? ¿Y por qué no tenéis dinero? ¿No es porque no recibís más que un céntimo por cada cubo que lleváis al depósito, que es el Mercado, pero debéis dar dos céntimos por cada cubo que sacáis, para que los capitalistas puedan tener su ganancia? ¿No veis que de este modo el depósito ha de rebosar, siendo llenado con aquello de lo que carecéis y siendo abundante a costa de vuestra carencia? ¿No veis tampoco que cuanto más duro trabajéis y con más diligencia busquéis y traigáis el agua, será peor y no mejor para vosotros por razón de la ganancia, y así para siempre?"
         De esta manera hablaron los agitadores durante muchos días ante la gente, y nadie les hizo caso, pero sucedió que después de un tiempo la gente aguzó el oído. Y respondieron y dijeron ante los agitadores:
         “Decís la verdad. Es por culpa de los capitalistas y sus ganancias por lo que pasamos necesidad, viendo que por culpa de ellos y sus beneficios no podemos conseguir el fruto de nuestro trabajo, así que nuestro trabajo es en vano, y cuanto más trabajemos para llenar el depósito, antes rebosará, y podemos no recibir nada porque hay demasiado, conforme a las palabras de los agoreros. Pero mirad, los capitalistas son duros y sus tiernas compasiones son crueles. Decidnos si sabéis algún modo mediante el cual podamos liberarnos de nuestra sumisión a ellos. Pero si no conocéis un modo cierto de liberación, os imploramos que os apacigüéis y nos dejéis en paz, que podamos olvidar nuestra miseria."
        Y los agitadores respondieron y dijeron, "Conocemos una manera."
        Y la gente dijo: "No nos engañéis, porque esta situación dura desde el principio, y nadie ha encontrado una manera de liberarse hasta ahora, aunque muchos la han buscado cuidadosamente entre lágrimas. Pero si conocéis una manera, hablad ante nosotros, rápido."
        Entonces los agitadores hablaron ante la gente sobre la manera. Y dijeron:  "Mirad, ¿qué necesidad tenéis en absoluto de estos capitalistas, de tener que darles sus ganancias a costa de vuestro trabajo? ¿Qué gran cosa hacen ellos, por la cual les dais este tributo? ¡Mira por dónde! Es únicamente porque ellos os ordenan en cuadrillas y os dirigen adentro y afuera y os ponen las tareas y después os dan sólo un poco del agua que vosotros mismos habéis traído y no ellos. Ahora, ¡mirad la manera de salir de vuestra sumisión! Haced para vosotros lo que es hecho por los capitalistas--a saber, ordenad vuestro trabajo, y organizad vuestras cuadrillas, y el reparto de vuestras tareas. Así no tendréis necesidad en absoluto de los capitalistas y no les daréis ninguna ganancia, sino que todo el fruto de vuestro trabajo lo compartiréis como hermanos, teniendo todos lo mismo; y así nunca rebosará el depósito hasta que cada ser humano esté lleno y no menearía ni la lengua para tener más, y después, con lo que rebosa haréis fuentes placenteras y estanques con peces para vuestro deleite igual que hacían los capitalistas; pero estas serán para el deleite de todos."
          Y la gente respondió, "¿Cómo llevaremos a cabo esto?, ya que nos parece bueno para nosotros."
           Y los agitadores respondieron: "Elegid personas prudentes para entrar y salir delante de vosotros y para organizar vuestras cuadrillas y ordenar vuestro trabajo, y estas personas serán como eran los capitalistas; pero, mirad, no serán vuestros amos como lo eran los capitalistas, sino vuestros hermanos e intendentes que harán vuestra voluntad, y no sacarán ninguna ganancia, sino cada uno su parte como los demás, ya que no habrá amos ni sirvientes entre vosotros, sino solamente hermanos. Y de vez en cuando, como fijéis, elegiréis otras personas prudentes en su lugar para ordenar vuestro trabajo."
             Y la gente aguzó el oído, y la cosa les pareció muy buena para ellos. Igualmente no pareció una cosa difícil. Y con una sola voz clamaron: "¡Sea, pues, como habéis dicho, porque lo haremos!"
          Y los capitalistas oyeron el alboroto del griterío y lo que la gente decía, y los agoreros lo oyeron también, e igualmente los falsos sacerdotes y los fornidos hombres de guerra, que defendían a los capitalistas; y cuando ellos oyeron temblaron en extremo, de modo qu rodillas se golpeaban, y dijeron entre ellos, "¡Es nuestro final!"gente fue e hizo todas las cosas que los agitadores dijeron que tenían que hacerse. Y sucedió como los agitadores habían dicho, exactamente conforme a todas sus palabras. Y no hubo más sed en aquél país, ni nadie que pasase hambre, o estuviese desnudo, o tuviese frío, o en alguna situación de necesidad; y cada hombre dijo a su compañero, "Hermano mío," y cada mujer dijo a su compañera, "Hermana mía," porque así fueron los unos con los otros como hermanos y hermanas que vivieron juntos en armonía.

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