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viernes, 31 de agosto de 2012

AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS

CARTA PARA AM.


Entre todos los nombres que ocupan mi corazón, tantos, tantos… el tuyo ocupa un lugar privilegiado.
Y tú, bien sabes por qué.
En tu ausencia no hay vacío. Sabes llenar de luz y color mis alrededores, mis lugares interiores, los exteriores, los pensamientos y las emociones.
También traes ilusión, sorpresa, vibraciones, aires de libertad y de renacimiento.
Recordar el encuentro entre nosotros es algo habitual, porque sé,  sin duda,  que uno de los mejores regalos que he recibido de la vida ha sido el tiempo que me diste, las horas que compartimos, las palabras que me hiciste oir, las preguntas que sabias hacer casi sin palabras…
Recuerdos que me van acompañando siempre, quizás toda mi existencia.
Luego vino el silencio que dejó la ausencia de tu voz,  hasta volver a escucharte preguntar “¿Cómo estás?”, pero a pesar de cierta nostalgia, la sensación era hermosa, feliz…
No había daños a terceros,  ni siquiera a nosotros mismos.
De ese encuentro,  que proyecta tu sombra, demasiado larga para olvidar, surgió una amistad  cultivada en la distancia, con pequeños detalles, con largas conversaciones telefónicas, con mensajes apasionados, con deseos entre líneas…  Fuiste de las primeras personas que me ayudó a sentir otra vez,
 Y ahora, estoy a 2 días de volver a encontrarme contigo.
Cada noche espero el repiqueteo del teléfono que me anuncia que has enviado un nuevo mensaje, que estás ahí, lejos pero cercano, pensando en qué decirme para hacerme sentir tan bien… Y me tiemblan las manos cuando abro el sobre virtual para leer tus palabras, ésas que me hacen contar los minutos para llegar a tu país, para volver a encontrarme contigo.
Más tarde, el sueño evade mi requerimiento.
No se  cierran los ojos, a pesar de mis turnos de trabajo y cambios de horarios y del cansancio de tanta noticia desgarradora… Me imagino ya allí, me pregunto cómo estarás, cómo será  el encuentro, si me vas a reconocer o si no será lo mismo en la cercanía que en la distancia.
Me suenan en los oídos canciones románticas, como si mi primera juventud quisiera despertarse, volver a ser la protagonista de una historia que  es de las que dicen mis amigas que les harían temblar las piernas:
“Bailar pegados como a fuego…
La música después te va pidiendo un beso a gritos… “
 O esta de Aute que escucho a veces una y otra vez:
“Quiéreme, aunque sólo sea un instante… Qiéreme, haz que se incinere el mar,
quiéreme, como el vendaval que pasa  por el resto de una brasa, dentro de un glaciar".
Lo que sí sé, estoy segura por lo que me trasmites, es que vamos a mirarnos de nuevo,  sin rendirnos,  y que avivarás el deseo que me lleva hasta allí… Que no dejaremos prisioneros, pero que viviremos lo que se nos de sin pensar en la caverna de imposibles, porque como dicen “así incansablemente, Insobornablemente,  entre siempre y jamás, fluye la vida insomne “ y porque, como también escribió Benedetti, “porque tú siempre existes dondequiera,
pero existes mejor donde te quiero”.
En este viaje, tu me acompañas, y juntos volaremos como un milagro que jamás creí que se realizaría… al final, voy a tener que creer en los milagros. 
Porque me hablarás de lo que pasó y está pasando en tu país...
Porque conoceré de tu voz la magia de antiguas civilizaciones, la historia y la cultura que me sonarán de otra manera cuando la relates tú… ( ya me has dicho que te estás preparando para ser buen guía con la chica más maravillosa del universo,  y no sonaba a zalamería… que de eso yo se bastante); porque tenemos muchas conversaciones pendientes y ya no me podrás decir que ya me contarás cuando nos encontremos. El encuentro está tan próximo que me pare irreal...

La vuelta, el regreso a la rutina diaria, ahora mismo, no me preocupa. Tiempo habrá para lamentar si me he quedado enganchada en esta historia. Como tú sueles decir, tenemos toda la eternidad para…

Se que un día después de casi un instante, ya no estarás en mi día ni en mi  noche,   y me preguntaré quién me manda ser adicta de tus besos, y que  qué estoy haciendo yo sin ti… y recordaré  que hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos  y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes que hasta nos creímos  dueños del universo. Que fuimos como una enredadera en primavera y  que eso puede doler…
Acepto el riesgo, merece la pena. He superado tantas cosas en esta vida que una más no deja de ser eso, una más… y se bien que a veces la felicidad presente es parte del dolor que llegará después.
De momento, lo importantes es que sé que voy a quererte…   sin preguntas
y que vas a quererme… sin respuestas 

Hasta pronto, amigo querido, hasta siempre...






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