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martes, 1 de diciembre de 2015

EL LENGUAJE DE LA CONFUSIÓN: Eufemismos y propaganda política.


         Una definición genérica del EUFEMISMO dice que es “una estrategia discursiva que consiste en substituir una expresión dura, vulgar o grosera, por otra suave, elegante o decorosa” (Enrique Gallud). Es decir, dar a entender una realidad maquillando los aspectos conflictivos de la misma.
        La política es uno de los ámbitos donde son más habituales.
      G. Orwell, en sus ensayos y novelas, demostró la influencia del lenguaje sobre el pensamiento del hombre y su percepción de la realidad.
      Manipular el lenguaje con fines políticos es un hecho repetido en nuestro mundo y hemos llegado a casos tan extremos que conllevan la inversión del significado de las palabras.
      Se está creando una especie de disglosia , es decir, el uso simultáneo de 2 lenguas diferentes: lo que connotan los términos y lo que realmente significan.
       Hoy día, nadie pretende bajarnos el sueldo, es más bien una “devaluación competitiva de los salarios”;  y no nos suben los impuestos, sino que, como dijo S.  Sainz de Santamaría,  se trata de “un recargo temporal de la solidaridad.”

     Me resulta frustrante ver la facilidad con la que los siguientes términos entran en nuestro discurso: Shock de mercado, libre empresa, libre mercado, privatización, eficiencia, etc… Porque estamos en época de “crisis”, es decir, de “severa desaceleración” o de “crecimiento económico negativo”, y por tanto, son necesarias reformas o ajustes (no recortes).

             Darío Villanueva (RAE) dice que “hablar de crecimiento negativo es el colmo de todo esto, es una antífrasis que representa el absurdo; es como decir hielo caliente. Los poetas sí pueden jugar con eso y hablar de soledad sonora, pero hablar de crecimiento negativo  es una antífrasis”.
         Poéticamente debe ser que ahora al soborno le llamamos “tráfico de influencias”.  Y que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, no es más que “el impacto asimétrico de la crisis”
            Cuando se dice que “el mercado requiere recortes salariales” al eufemismo “mercado” se le atribuyen potencialidades humanas, se disocia de responsables y de los valores capitalistas, y aparece como algo favorecedor para todos.
             Los recortes draconianos de salarios, pensiones y bienestar social y su cruda realidad, pueden enmascararse por el eufemismo “austeridad”: Un sacrificio colectivo para el bien común que está encubriendo el incremento de beneficios para el capital y las mayores desigualdades. De hecho, se convierte en un “austericidio”.
            Del mismo modo, esa austeridad está diseñada por las políticas de las élites financieras para reducir los servicios sociales, a favor de la mayor desviación de fondos públicos para pagar tasas de interés de los titulares de bonos de deuda, por ejemplo.  
            Pero en esta sustitución de voces,
           ¿quién decide lo que es o no correcto para una sociedad y con qué autoridad? 

      Periodistas, profesores de universidad, publicistas e ideólogos, fabrican argumentos y un lenguaje donde enmarcar nuestro cotidiano hablar, y esto, como dice J. Petras, es un “recurso material” del que disponen los aparatos del Estado y los sectores empresariales para manipular la conciencia popular y distraer a los críticos. Al final, todos asumimos y utilizamos los mismos términos.
        Añade que “la clase capitalista ha cultivado toda una cosecha de economistas y periodistas que hacen proselitismo en un lenguaje desvaído, evasivo y engañoso, con el fin de neutralizar la oposición popular”.
        Se edulcora la realidad y así los eufemismos se utilizan como arma de cambio social y manipulación manifiesta.

          La usura se le llama “financiación”; al despido libre, “flexibilidad del mercado laboral”; al despido masivo, “ajuste laboral” o “racionalización de plantillas”. Los pobres son “personas de renta limitada” y los países empobrecidos son “países surgentes” o ”zonas deprimidas”.
         El desplazamiento de la esclavitud se llama hoy “deslocalización” y las alambradas de espino de las vallas fronterizas son “obstáculos técnicos”.
        De esta forma, vemos que a los misiles MX, tan mortíferos y de largo alcance, se les llama “guardianes de la paz”, cuando ni siquiera han sido destinados a misiones defensivas. Y a la movilización del espacio y territorio europeo, al rearme, se le denomina “arsenal de democracia”.

         Un campo de batalla es “un teatro de operaciones”; las víctimas de las matanzas de civiles, “daños colaterales”; el exterminio y el genocidio se convierten en “limpiezas étnicas”; masacrar es “depurar”; los bombardeos, “fuego amigo” o “campaña Aérea” y las invasiones son solo “incursiones”.
       Toda esta jerga, ¿justifica de alguna manera la violencia?

     Cuando nos referimos a las fuerzas de represión, policía antidisturbios o similares, los términos se convierten en “unidad de intervención”, para convertir dicha represión en “pacificación”. Se consigue una ausencia de responsabilidad y con menores efectos. Y aunque sustituir la etiqueta no cambia la realidad, lo cierto es que el lenguaje determina nuestro pensamiento.

      Cuando los medios y cronistas políticos adoptan esta forma de expresión, se convierten en agentes que generan y difunden nuevas pautas idiomáticas con las que eliminan el marco analítico.
      Es tan viejo como el poder, forma parte del discurso público, pero tanto uso y abuso parecen grotescos  cuando se trata de evitar las malas noticias y predisponernos a aceptarlas sin protestas.
        Dice Antón Casas,  Catedrático de Economía y Políticas Públicas de una Universidad de Barcelona, que “el lenguaje eufemístico debe tener cuidado porque esas palabras pueden adormecer un tiempo, pero cuando el enfermo despierte y vea lo que ha pasado, puede dar un manotazo”.
          Luis de Guindos, el día que tomó la cartera como ministro de Economía, hizo alarde de este método narcotizante.  Incapaz de pronunciar la palabra RECESIÓN  durante toda la comparecencia, afirmó que  España entraría en  el 2012 con “una tasa de crecimiento negativa” que “iba a determinar el perfil en el que nos adentramos” y que iba a ser “relativamente desacelerado”…. Pero que esto debería ser un acicate “para emprender la agenda de reformas”. Poco después se le escapó ante Olli Rehn (Comisario de Asuntos Económicos de la U.E.) que la reforma iba a ser “extremadamente agresiva”.

         También hablaba el sr. De Guindos de “préstamos en condiciones muy favorables”, para eludir la palabra RESCATE. Y de educación y sanidad gratuitas ,  por ejemplo, para hacernos olvidar que ya se paga con los impuestos.

            Nuestros jóvenes padecen las etiquetas edulcorantes desde pequeños.

           Nos hablan de “Menor”, para denominar al niño a quien no se piensa respetar su condición. Y llaman “Becario” al aprendiz al que se explota literalmente en esas “prácticas   tan mal remuneradas, sustituyendo el  término “explotación”  para dar  el tinte de que se les favorece con una beca.
           Y la emigración sangrante de los jóvenes mejor preparados de este país es “movilidad exterior” que dijo otra ministra.

          Esta es la función de los eufemismos, que no la virtud, la de anestesiarnos de forma cínica e incluso perversa.

       Lo que no se menciona no existe…  Aunque algunos lo llamarán amor.



 
 
 



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