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lunes, 25 de enero de 2016

JOAQUIN, "ELCURA".


“Para los políticos corruptos el pueblo son votantes, para los financieros somos recursos económicos y fáciles de engañar, para la sociedad capitalista somos clientes, consumidores y productores. El capitalismo ha reducido a la gente a producir y consumir, a ser competitivos de tal manera que piensan que la vida de mucha gente sobra.”
              (Joaquín Sánchez, en  “La épica del Compromiso”, de Jose A.Enrique/Josefo)

    Entre el día 2 y el 11 de febrero, Joaquín Sánchez “Elcura”, Arcadio Martínez Corrales y varios componentes más de la PAH en Murcia van a ser juzgados tras la denuncia de un director del BBVA por ocupar su oficina bancaria.

      El objetivo: dialogar con algún representante del banco que no aceptaba la dación en pago ni el alquiler social para 15 familias  que habían sido desahuciadas.

      Voy a hablar hoy del primer citado, Joaquín,  a quien hace poquito he tenido el placer de conocer en persona y darle un abrazo en la San Carlos Borromeo de Entrevías. Y porque me gustan mis amigos curas, esos que viven para la recuperación filosófica del cristianismo liberador.

     Los que tienen claro que su lugar está junto a aquellos a los que la vida les ha reservado el peor papel y luchan desde la defensa de los derechos humanos vinculándose a la militancia social.

      Los que asumen un compromiso por la transformación de la realidad histórica en base a la solidaridad y han renunciado a prometedoras carreras en el seno de la iglesia, a las altas jerarquías, porque estos tiempos exigen definiciones, compromisos y valentía.
      Estos curas que se atreven a preguntar: ¡Eh, tú! ¿Por qué comercias con la necesidad?

      Y Joaquín es de esos, de los que creen en la gente. Nada más, pero tampoco nada menos.
     Pero los  que se solidarizan con los más desfavorecidos ya saben con quién van a entrar en conflicto.

     Está claro que a ningún gobierno le gusta la movilización social ni la participación colectiva. Por eso se criminalizan las luchas sociales y a las gentes que se rebelan contra el sistema establecido.

      A los  obispos, en su mayoría, tampoco les agrada que sus curas se signifiquen en la promoción política del pueblo y no les ponen las cosas fáciles, desde una postura cada vez más alejada de las personas, convertidos en miembros de una institución de gran poder con tantos privilegios que les hacen  escorarse hacia una destacada complicidad con los poderes financieros y con posturas tan condescendiente con las injustas medidas gubernamentales.
      Ha existido, aún existe, un divorcio claro entre la iglesia y las clases trabajadoras, que vive alejada de la cultura de la democracia y de las libertades ciudadanas.

      Algunos miembros de la Teología de la Liberación que quisieron revertir la historia, superar la civilización del capital y bajar a los crucificados de la cruz, como decía Ellacuría, quisieron responder a los desafíos de esta época con el compromiso político de su vivencia religiosa. Y lo pagaron con su vida.

      Pero ya lo dice Mateo en su evangelio: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia…” Y así, el teólogo Pagola señala que “Jesús sería hoy un indignado que pide una revolución de las conciencias”.

      El propio Joaquín El cura nos habla a menudo de la “eutanasia social”: “El capitalismo no es sólo un sistema económico y político, es antropológico, configura la forma de pensar y una cultura de valores que hemos mamado y que deja a la población indefensa intelectualmente”.

      Tenemos un resorte conservador que no nos deja ver que es posible cambiar las cosas, porque para ello hace falta que perdamos el miedo. El propio Joaquín ha escrito que “tener miedo es muy humano, lo importante es que no nos paralice”.

      La pobreza no es fruto del azar o del fatalismo, como dice B. Forcano, sino de la lógica del sistema neoliberal, hoy predominante y globalizado.  
      La dictadura de los mercaderes y el pensamiento único se han institucionalizado, cree Joaquín,  a través de leyes y decisiones políticas, olvidando que “este mundo debe ser un mundo de todos y para todos”.
      Hablar de los desahucios es referirse a la realidad concreta de este país, y la PAH de Murcia ha conseguido frenar en más de 200 ocasiones las órdenes de la comisión judicial buscando después negociar con las entidades bancarias.
     “Nos sentamos en el suelo, cuenta Joaquín, hasta que el banco acceda a negociar con las familias cualquiera de las soluciones posibles, menos echarla a la calle. (…) Vamos con ellos a hablar con el director de la sucursal… Su técnica es hablarte siempre de los de arriba: “Yo es que no puedo hacer nada, es que el ordenador…” Esto del ordenador es un fenómeno, como si fuera un dios con voluntad propia que ha decidido tu destino”.
      En sus artículos publicados en prensa y en sus libros, (el último “La fragilidad de la vida”)  este cura-flauta como alguno le ha calificado, nos habla de todo lo que tiene que ver con lo que nos rodea, sin medias tintas.
 
     Y ante las críticas que recibe, confiesa : “No quiero ser  inocente porque significaría mirar para otro lado”.

    Dentro de unos días, él y otros compañeros se van a sentar en el banquillo.

   No deberíamos dejarles solos, porque ellos no lo han hecho ante nuestra adversidad.    

     Hay que conseguir que el compromiso social se reconozca, no se criminalice.

   Y que se nos oiga, alto y claro:
   "Nos quieren en soledad, nos tendrán en común".
 

 





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