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martes, 12 de enero de 2016

AZÚCAR Y LIMÓN: Jarabe para un corazón roto.



“Dicen que cada nueva mañana nos trae mil rosas;
  sí, pero ¿dónde están los pétalos de la rosa de ayer?”
                                                                             (Omar Khayyam)




No tengo el manual de primeros auxilios para un fracaso amoroso.
El primero de uno de mis hijos…
    No nos sirve el jarabe de azúcar y limón.
 
         Cuando nos dejan, por mucho que hayamos pensado en ello o que nos hayan avisado, quedamos hechos polvo. Nos invade esa tristeza que sentimos cuando perdemos algo.
         Y esperamos recuperar lo que "nos han quitado", y si pensamos que lo hemos perdido para siempre, la desolación no nos permite ver que estamos preparados para todo tipo de emociones, con las que crecemos, maduramos, nos fortalecemos y aprendemos a querernos.
        No sabemos aún que todo es cuestión de "19 días y 500 noches", como nos canta Sabina.
          El camino es largo y difícil... Por eso, todo lo que yo le diga hoy  es imposible de asimilar en este momento.
        Tengas la edad que tengas, el fracaso amoroso duele.
 
          ¿Y qué puedo decir?
        Que las personas no responden a nuestro mapa de la realidad, no podemos ni debemos controlar y modificar sus reacciones. No actúan de acuerdo a nuestras expectativas y así debemos aprender a aceptarlo. Asimilar que las conductas de los otros se escapen a nuestro control es una parte importante en nuestras relaciones, también en las sentimentales, por eso el éxito o el fracaso amoroso no dependen solo de uno mismo, hay dos partes en juego.
        Cada persona tiene una percepción de la realidad propia y subjetiva, por lo que tantas veces se da el desencuentro y la ruptura. El fracaso amoroso es algo natural aunque no por ello nos dolerá menos. Pocas sensaciones resultan tan insoportables como la de percibir o escuchar que no nos quieren de la forma que esperábamos, o, sencillamente, que no nos aman.
      Y es que en la aventura del amor la voluntad humana no siempre cuenta. Por eso hay magia y prodigio en ella.
 
        Hijo querido,  pocas veces elegimos de quién enamorarnos o quién se enamora de nosotros.  Las relaciones amorosas evolucionan según percepciones y acontecimientos individuales, y lo hacen de forma desigual e incontrolable.
      un desamor no es más que la manifestación de ese desencuentro del que hablaba antes.
      Nada importa si nos mintieron, si se volvieron atrás, si pusimos o apostamos más...
Eso no nos evita el dolor.
       Aceptar que el rechazo forma parte del juego en esta vida y que todos alguna vez podemos experimentarlo, nos ayudará a comprender y a tener más paz interior.
      No sabes cuánto me gustaría poder consolarte más y mejor. Lo hago, pero sé que hoy es inútil. Solo puedo estar contigo, decirte que si tienes ganas de llorar, lo hagas, los chicos también lloran...
   O mejor, vamos a cantar, hijo, aunque sea la canción más triste del mundo.
   Vamos a bailar, aunque lo hagamos con lágrimas y los pies nos pesen...
           Vamos a vivir, aunque parezca hoy tan poco apetecible…
Tú no, pero yo sé que algún día, aceptarás la situación,
incluso te parecerá esto una pequeña derrota.
                   Y que estarás preparado para el siguiente partido.
 
 
Mariam, tu mami.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
    
 
 
 
 




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