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viernes, 26 de febrero de 2016

SOMBRAS DE NIÑOS


EL NIÑO JOHN

 


Foto de José Palazón
El niño John no es el niño Juan.



Los ojos del niño John y los ojos del niño Juan no ven las mismas cosas en el fondo del lago.


Bajo los párpados del niño John, la sed es un caballito de mar que vale dos dólares.

Bajo los párpados del niño Juan, aletean las mariposas negras del vendedor de sandías.



El niño John tiene un martillo de cristal,
el niño Juan tiene una nuez transparente.

Las manos del niño John cuentan las semillas de las estrellas, los dedos del niño Juan juegan con la chapa de la luna nublada.


Los ojos del niño John y los ojos del niño Juan no miran a los mismos pájaros   que tiemblan en la oscuridad.


El niño John trae a su madre el declive de la montaña, el ruido del río, la perla de granizo le trae el niño Juan.


Cuando se hace de noche la sombra del niño John sueña que es la sombra del niño Juan cuando se ha hecho de día.

(Juan Carlos Mestre)

 



 

Todo el poema se construye, surge, de una oposición
(o un diálogo imposible).

Dos niños idénticos, con el mismo nombre, que viven al mismo tiempo,
que miran cosas idénticas y, sin embargo, no ven lo mismo.

Porque el niño John no es el niño Juan.

Hay una distancia infinita entre ellos.

La distancia, el abismo, entre el Norte y el Sur, entre la riqueza y la miseria, entre los países del primer mundo y los del Tercer Mundo.

Un caballito de mar que vale dos dólares o las mariposas negras del vendedor de sandías, contar las estrellas o jugar con la chapa de la luna.
 
Pintura de Antonio López Torres.
Y, sin embargo, a pesar de esta distancia, se diría que se buscan y se necesitan, que se complementan, que se dan la mano en sus juegos y en su esperanza.
 
Así el último verso: la sombra del niño John sueña que es la sombra del niño Juan, la noche sueña con encontrar el día.

El final del poema es el principio de un sueño: anular la distancia, hacer que nada separe al niño John del niño Juan.
 

Un sueño que, como en el poema, puede ser real.

Un sueño que es una exigencia.
 
 




De: “UNA MANO TOMÓ LA OTRA”

Alberto Hilario Silva, Jesús Pedro y varios autores

 

 

 


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