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sábado, 7 de julio de 2018

EL ARCO IRIS TAMBIEN ES NEGRO.


        



      A quien corresponda, ¡Feliz Orgullo!

     Y al recuerdo de Marsha P.Johnson, Sylvia Rivera, Storme Delarverie y Miss Major Griffin-Gracy. 

     Porque la historia de StoneWall y del 28 de junio de 1969 no fue solo una lucha de personas blanquitas.

      

     Hay fechas que quizás deban salvarse de las efemérides inconsecuentes, porque en ellas se producen acontecimientos que llegan a convertirse en leyenda.


     Seguro que sabeis que StoneWall era un bar en el barrio Greenwich Village de Nueva York, famoso por su clientela: personas homosexuales y trans que,  clandestinamente, se reunían allí en el contexto de opresión y persecución policial de los años 60 en EE.UU.


Foto: José Palazón.
     Dicen que era un lugar enlazado a la marginalidad económica y racial.


     Y allí se produjo la primera reacción espontánea contra la persecución policial y el fermento del movimiento que comenzará desde esa madrugada a luchar por los derechos LGTB en todo el mundo.


      En los Estados Unidos de los años 60 se produjeron varios movimientos sociales: ecologismo, pacifismo, feminismo, hippismo y black power,  que pusieron sobre la mesa la constitución de la sociedad norteamericana. Y también del "Gay power".


      Eran tiempos en que la vida homosexual tenía que ser furtiva y el StoneWall era el tipo de bar que "podía arruinarte la vida". Contaba el pintor Segalman que "si  te arrestaban en un lugar así podías terminar en la cárcel, o sometido a un tratamiento de electrochoque o a una lobotomía para sacarte los demonios homosexuales del cuerpo".


       El presidente Eisenhower, en 1953, firmó una orden ejecutiva que establecía "la perversión sexual" como motivo de despido en el  trabajo y "merodear en un baño público" era motivo de arresto.
       Se había extendido el odio, el miedo y la ignorancia hacia los gays por lo que se daba una feroz represión en nombre de de los pricipios conservadores y religiosos de la supremacía blanca.  No había protección legal alguna.


      El Grenwich Village era un barrio único, donde se podia expresar la homosexualidad de alguna manera, y allí se organizó la comunidad, que estaba compuesta en gran parte por negros, latinos, chinos, lesbianas, transexuales, etc... Los alrededores del barrio, las afueras, estaban principalmente constituidos por la población más pobre, racializada y a menudo protituída.

      Las agresiones policiales eran frecuentes y violentas.

      Especialmente golpeadas con regularidad eran travestis y trans afro.


      Las autoridades solicitaban identificaciones e incluso revisaban los genitales para ver si las personas usaban prendas consideradas femeninas, porque si eran trans, se les detenía.


     "Éramos "ratas callejeras", escribió Thomas Lanigan-Schmidt: "Puertoriqueños, negros, blancos del sur y del norte. Estaba Debby la Tortillera y una loquita asiática que se hacía llamar Jade East. Vivíamos en hoteles baratos, edificios ruinosos y hasta en las calles. Tu hogar era donde estuviera tu corazón. A la mayoría nos habían echado de casa antes de terminar el bachillerato".
    
      Hasta que aquella madrugada, algunos clientes del bar se resistieron a ser  inspeccionados. La policía había cerrado las puertas, pero la voz se corrió y una muchedumbre se había arremolinado fuera del local.


       Cuando tres travestis fueron arrestadas y un policía golpeó a una de ellas, la gente comenzó a tirar monedas a la policia, en referencia a las mordidas que se llevaban de la mafia que regentaba los bares. Y cuando no tenían monedas, empezaron a lanzar botellas, piedras y otros objetos.


        A partir de la noche siguiente, grupos como los Black Panthers, la comunidad negra, se unen a los disturbios y al alzamiento de toda aquella comunidad por sus derechos civiles.


       Pero aunque los acontecimientos pasaron a la historia, las contribuciones de personas como Rivera y Johnson  no se recogieron en las noticias.


       Marsha P. Johnson fue al StoneWall esa noche para celebrar su 25 cumpleaños y, según los informes consultados, se convirtió en parte del momento inicial de la resistencia.


        Durante la epidemia de VIH en los ochenta, que devastó a la comunidad gay, se convirtió en activista de la Coalición contra el SIDA, también luchó contra los precios tan elevados de los medicamentos experimentales contra dicha enfermedad.


       Murió en 1992 a los 48 años, en circunstancias misteriosas: su cuerpo fue encontrado flotando  en el río Hudson y nunca se resolvió el caso.


       Sylvia Rivera, pionera activista transgénero, era una drag queen puertoriqueña, también estaba en las puertas del StoneWall gritando: ¡Es la revolución! 

          Es recordada como una de las primeras en lanzar una botella o un ladrillo contra la policía aquella noche. 
 

         Después se convirtió en una activista contra el racismo, la violencia sexual y la transfobia.


      Ambas fundaron Street Transvestite Action Revolutionaries, un grupo que trabajó con drag queens sin hogar y mujeres transgénero negras en la ciudad de Nueva York. Murió a los 50 años.


         Películas como "Stonewall" han eliminado la historia de los homoxesuales de color colocando como protagonista a un hombre blanco cisgénero, es decir, homosexual liberal y de clase media o alta, olvidando a los chaperos, travestis, lesbianas, trans y  queers, y que incluso militaron en movimientos comunistas, anarquistas o de liberación racial durante los añs 60 y 70 en los EE.UU.


    En agosto de 1970, en el periódico Black Panthers, H. NEWTON escribió " Una carta a los hermanos y hermanas revolucionarios sobre la liberación de la mujer y la liberación gay", asunto importante si se considera que en los setenta los movimientos comunistas y anarquistas  veian la homosexualidad como una desviación burguesa.  Y eso a pesar que algunos tenían amantes homosexuales.

      Por eso, ellas adquieran la importancia de concienciar a la clase: no la clase trabajadora industrial organizada, sino a la clase trabajadora de la calle desorganizada.


       Como escribe Piña Narvaez, la construcción de los géneros tiene raíces ancestrales y espirituales. La lucha comenzó antes de StoneWall, con el colonialismo binario, y se han "construído relatos únicos que desconocen la existencia de cuerpos negros, africanos y afrodescendientes y cuerpos no blancos en la construcción de la historia".

       Por tanto, viva el Orgullo Crítico, el que celebra, pero a su vez protesta contra la violencia sexista, la homofobia y la discriminación racista que persisten en las escuelas, en el trabajo, en las prisiones, en las calles,  en algunos hogares y en demasiados países todavía.

          El que no olvida los derechos civiles de los inmigrantes, de los perseguidos, de los refugiados, de los que han de huir de sus lugares debido a la persecución que sufren por su codición sexual y de aquellos que incluso han de saltar las vallas o echarse al mar.






 






   

  






 

    
  

   
  

   


 

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