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jueves, 1 de agosto de 2013

EL GOCE DEL IDIOTA. Ajustemos cuentas...



     "Yo juro que vale más ser de baja condición y codearse alegremente  con gentes humildes, que no encontrarse muy encumbrado, con una resplandeciente pesadumbre y llevar una dorada tristeza".

                                 William Shakespeare (1564-1616)




He descubierto a una persona-amiga "depredadora"...



  Le he dado vueltas reflexionando sobre si estaba equivocada o no, pero la impresión es cada vez más real.

     Y no es que a lo largo de mi vida no haya conocido a esa especie de humanos que, bajo múltiples formas, van trepando, ya sea en el escalafón social o en el laboral… Y seguro que todos podríamos  poner ejemplos. Es  que,  en este momento, la constatación me duele más por tratarse de alguien a quien verdaderamente aprecio... ¿apreciaba, quizás?

          No diré si el "Narciso" es  hombre o mujer... ¡Qué más da eso! ... Simplemente he visto cómo es capaz de olvidar con daño a otro amig@, como se deshace de su presa…

A veces no somos conscientes de la importancia de  aceptarse  y aceptar a los demás como son, reconociendo las propias limitaciones o deficiencias, y no apreciamos la sencillez y la serenidad como virtudes de los otros.

Y caemos en "el goce del idiota".

   Además me aplico el cuento, que, reflexionando sobre estas cuestiones,  no me atrevo yo a tirar la primera piedra.

 
      No hablo de esa forma de depredación emocional que se ejerce sin querer, sin darnos cuenta, fruto de nuestras carencias o de nuestra baja  autoestima. Quizás yo misma, en alguna ocasión, haya ejercido esa forma de poder sin querer hacerlo conscientemente. 

No se trata de la transformación personal, fruto de la maduración y el crecimiento, ni tampoco hablo del poder económico, financiero o político.

       La depredación de los bienes comunes, es algo que está a la orden del día, hoy más que nunca, pero hacerlo en el territorio de la amistad es terrible y desolador. Por eso me sitúo en el orden de lo social.  Y de ese "poder" que se ejerce a sabiendas, manejando los hilos de la conducta de forma que el  peso incline siempre la balanza a nuestro favor.

     De ese "modo de hacer" que nos eleva sobre los demás,  y que ante los  otros, hace que nos mostremos como los "divos" que en realidad no somos.

¿Y qué no haremos los hombres, y las mujeres,  para conseguir  ese poder?

        El mundo está lleno de vanidad: "Vanidad de vanidades y todo vanidad", exclama Qohélet  en el Eclesiastés. El predicador reflexiona sobre la fugacidad de los placeres, la incertidumbre que rodea al saber humano, la futilidad de los esfuerzos y bienes de los hombres, la caducidad de todo lo humano y las injusticias de la vida.

        Decimos en psicología que soberbia es concederse más méritos de los que se tienen, estimarse por encima de lo que uno vale, sentirse el centro de todo… Esa soberbia, vivida de forma vehemente, es tan intensa que algún psiquiatra dice que “nubla la razón”, impide que los hechos personales  se vean con una mínima objetividad.

Todo lo demás queda pequeño ante la propia altura.

          En el afán por alzarnos, nos sentimos como una suerte de dioses creadores,  sin nosotros no debe existir nada digno, y  se destruye hasta el  propio hábitat con verdadera  saña, para adornar la morada  donde se vive con oropeles resplandecientes, aunque carentes de ánimo y de auténtica vida.  Incapaz de querer a quien no se puede usar, no importa mucho afligir daño aunque se hayan mostrado leales con nosotros; una vez escalado un peldaño más, podemos dejar a determinadas personas en el camino.

Sobre todo a aquellos que consideramos que ya no son dignos de nuestro entorno, no aportan "glamour" y brillo social.


         Se busca la sumisión incondicional de  los allegados, y de los lejanos incluso,  sin ningún pudor. De forma que si el otro osa hacer algún planteamiento que resulta incómodo, se sufre una "subida de orgullo propio", que altera sobremanera. Esto no deja de ser más que un  ataque de miedo, de pavor a que se descubra la propia debilidad, la verdadera falta de autoestima disimulada bajo el disfraz de "gran cautivador/a",  que se ha suplido creando un personaje para un escenario del que no se baja  nunca.


        De alguna manera, incluso escribimos un pasado adornado de inexactitudes, y a veces, nos presentamos de forma  agresiva, hedonista, algo inhumana... Eso sí, bajo una pátina de solidaridad burguesa.


        Lo que más llama la atención  es que personas de  probada inteligencia, sucumban ante estas depredaciones. Debe ser que todos tenemos un punto débil. Dicen que poco importa el nivel de estudios, o el grado de madurez que tengamos, ya que los depredadores estudian a sus víctimas: "adulan al vanidoso, miman al cariñoso, y elogian al intelectual..." (Neus Colomer)
  

 

         Me viene a la mente el ejemplo de la vid, ésa planta que no tiene ninguna intención de dar buen vino, sino de reproducirse...Tampoco  el sarmiento puede dar fruto por sí mismo, si no es con la vid. Él es, según los diccionarios, su vástago, delgado, flexible y nudoso, de donde brotan las hojas y los racimos: y de éstos, podremos sacar el mejor de los vinos, entre cientos de otros  productos.

El sarmiento, pues, no está ahí  para lucirse, sino para dar frutos.
 
Querida persona-amiga:

             Por mucho que te disfraces de dulce, de bombón o de caramelo, en el fondo esto no es como un tatuaje permanente. Puede que alguna vez, bajes la guardia, y entonces quedes a merced de otros depredadores sobrevenidos a tu alrededor. Que los hay, que los he visto y pululan en tu entorno en busca de propios beneficios.

          Ajustando cuentas, diré que muchas veces me he sentido agobiada por ti, y eso, aunque parezca que pueda ofenderme, no es tanto como haber constatado cómo reaccionas en el trato con los más especiales.

      Pero te deseo que todo te siga saliendo bien,  que nunca llegues a la situación de que, a pesar de  haber salido en las portadas, estás terriblemente sola.

      Si ocurre así, también  deseo que cuando te sitúes ante tí misma, y el espejo devuelva tu verdadera imagen, sepas afrontar el momento con gallardía y entereza.


     Me recuerdo  a mí misma ese refrán que dice que  "quien hace ostentación de su abundancia, es porque nada le pertenece.

Ya lo dijo  Mathatma Gandhi:
"Uno debe ser tan humilde como el polvo para poder descubrir la verdad".


Brindo, pues, con quien pueda apetecer,
por los sencillos sarmientos.


2 comentarios:

  1. DE MARIA DOLORES RODRIGUEZ (A través de Facebook)
    "Gracias, wapa".

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  2. DE FABIAN MURCIANO GOMEZ:
    "No había leído una crítica tan feroz al comportamiento humano, pero echa tan desde el cariño y la generosidad; ese amigo (o será amiga?), sólo puede moverte a compasión, cuando adorna una morada de oropeles, se adentra en ella y no tiene alma, ni vida. Gracias por tu lección y descuida, que si la persona a quien va dirigido tu alegato lo lee no se descubrirá (y esto es casi lo peor) en tu "post". Feliz día! Un beso."

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