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martes, 22 de julio de 2014

COORDENADAS MARGINALES





         Alba Morales, activista de Human Righhts Watch, ha presentado recientemente un informe en el que denuncia que en Nueva York, si un chico de 16 años es sorprendido colándose en el metro, puede ser sentenciado a cumplir condena en una prisión para adultos y que en Florida, adolescentes de 14 años son juzgados como mayores de edad por delitos de robo o vandalismo y sus condenas exceden la duración promedio de una vida.

          Estados Unidos es el único país del mundo que condena a cadena perpetua a niños, sin posibilidad de libertad provisional, aunque la Corte Suprema quiere limitar ahora esta práctica.  Human Righhts Watch y otras organizaciones de derechos humanos dicen  que en Florida, decenas de menores de 18 años se encuentran en cárceles de adultos, y muchos permanecen en celdas de aislamiento. Dan cifras de 95 mil menores en todo el país y muchos de ellos son víctimas de violencia física o abuso sexual por parte de otros reclusos o funcionarios de las prisiones.

       Alba Morales ha visitado prisiones y hablado con los niños y cuenta que estas cárceles están destinadas a castigar, mientras que las juveniles son para rehabilitar.

       En Estados Unidos, una persona menor de 18 años no puede votar, comprar bebidas alcohólicas, billetes de lotería o cigarrillos, ni prestar su consentimiento en la mayoría de los tratamientos médicos, pero sí puede ser condenada a pasar el resto de su vida en prisión. 

       En el informe "Aquí es donde voy a estar cuando muera"Amnistía Internacional insta a las autoridades de Estados Unidos a prohibir la imposición de la cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional a menores de edad y a revisar los casos de más de 2.500 personas que actualmente cumplen esta condena, a fin de que sean conformes a lo exigido por el derecho internacional.

       Niños y niñas que tan sólo tenían 11 años en el momento de la comisión del delito han sido condenados a cadena perpetua en Estados Unidos, el único país del mundo en el que se impone esta pena a menores.

       En muchos casos se impone como pena preceptiva, sin tener en cuenta circunstancias atenuantes como el historial de abusos o traumas, el grado de participación en el delito, el estado de la salud mental o la receptividad a la rehabilitación.

     No se trata de disculpar los delitos cometidos por menores ni restar importancia a sus consecuencias, sino de tener en cuenta el especial potencial para la rehabilitación y el cambio que tienen los niños y niñas infractores.

La Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, que entró en vigor hace más de 20 años, prohíbe expresamente la imposición de la cadena perpetua sin posibilidad de excarcelación por delitos cometidos por menores de 18 años, independientemente de la gravedad de dichos delitos. Todos los países han ratificado la Convención, con la excepción de Estados Unidos y Somalia.

Amnistía Internacional insta a Estados Unidos a ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño sin reservas ni otras condiciones restrictivas e implemente plenamente su prohibición de imponer cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional a menores, incluidos los casos de personas ya condenadas.

En estos días estamos asistiendo también a la atención que prestan muchos medios de comunicación al problema planteado por la  migración de niños y adolescentes hacia
Estados Unidos, pequeños que recorren miles de kilómetros para cruzar la frontera a través de México, y que parece crecer a niveles sin precedentes. Niños indocumentados que quieren reunirse con padres u otros familiares y que algunos no llegan a enfrentarse a la Patrulla Fronteriza porque muere en el desierto. Otros, con algo de suerte, son acogidos en estaciones migratorias, que no son más que cárceles con medidas de seguridad donde se priva de libertad  tras los barrotes. Y ahí acaba el sueño americano.

"Deberíamos estar enviando a la Cruz Roja a la frontera, no la Guardia Nacional ante esta crisis humanitaria", ha dicho, en Estados Unidos, un congresista hispano.
 
 
      Reflexiono a menudo sobre estas cuestiones porque se suele pensar que si muchos de los problemas de la infancia no  se acaban de resolver es por la naturaleza y dificultad del propio asunto. Nada más lejos de la realidad. Como señala Enrique Martínez Regueira, el mundo de los marginados, sobre todo tratándose de niños y adolescentes, no es algo residual: es un mundo intenso, pletórico de vida, de posibilidades, de penalidades, ciertamente, pero también de inimaginables alegrías.

         Dice que: "El ser humano nace como un manojillo de pulsiones y es lo más dúctil de la naturaleza. El niño es pura plasticidad y desde que nace pasa por todo un proceso de humanización primero y de personalización después. Si se rodea de humanidad sale muy humanizado y si se le rodea de bestialismo se le deteriora. Junto a este proceso de humanización hay paralelamente otro de personalización: Para poder llegar a ser una persona se necesitan ciertos aprendizajes que comienzan en la primera crianza, el amamantamiento y después con el encuentro con el padre, la familia, el barrio, etc. Allí se construyen cosas fundamentales que yo llamo la seguridad básica; que uno se sienta seguro dentro de su especie humana, dentro de su ambiente de vecinos, la seguridad básica es el sentido de pertenencia. La autoestima, la identidad, que uno descubra su identidad por comparación o contraste con los demás. Por lo tanto hay que construir la identidad de una persona y uno de los aspectos más influyentes es la autoestima. El niño necesita saberse estimado para reconocerse como digno de estima. Muchas cosas las podrá construir o no después, en función de ello. Todo esto se cultiva desde que nace hasta que empieza a aproximarse a la condición de adulto. A medida que va creciendo hay que cultivar primero su dependencia porque sobre una dependencia satisfecha se construirá la independencia. También la autonomía interior, que aprenda a ser dueño de sus emociones, reacciones, etc. y la autonomía externa para que sepa distinguir las influencias positivas y negativas. Yo tuve que realizar este tipo de crianza con niños de entre 13 y 15 años que la sociedad consideraba peligrosos. Como psicólogo puedo decir que salvo raras excepciones, una entre millares, los niños no necesitan psicólogos, sino una buena crianza. Y esto es lo que no veo trabajar ni en los centros de tutela ni en los de reforma.  La crianza es una actividad personal, una trasmisión de lo interior adulto a lo interior de un niño, labores estrictamente personales donde lo profesional es perjudicial, molesto y absurdo".
 
Se necesitan centros de acogida y tutela pero por muy breve tiempo, si es imprescindible y muy vinculado a sus raíces. Igualmente, se necesitarán centros de reforma pero estrictamente por el tiempo imprescindible. Hay que modificar profundamente el interior de estas maquinarias. Un centro de reforma no puede ser un lugar donde a un muchacho se le pueda castigar por hablar en tono alto, por hablar con los compañeros de su pasado. Hay que hacerlos desaparecer, denunciar toda la insania que hoy existe y darles un buen fregado a fondo para que sean realmente centros con intenciones humanas, dignos de respeto. Hay que conservar ciertas cosas que son imprescindibles, cosas que en otra época se hacían espontáneamente y mejor, sin tanta profesionalización. Lo primero que se necesita es lograr un encuentro personal con el muchacho, no profesional. Si yo me encuentro con un muchacho como psicólogo, soy alguien y el muchacho no es nadie. Si lo hago como persona, allí tenemos algo en común y a partir de eso podemos construir algo.
 
       Primero hay que buscar el encuentro personal, subrayando ese carácter. Porque de entrada, el chiquillo puede vivir al adulto como enemigo. El educador se va a encontrar con una situación bélica y a él le corresponde desmontarla. Tendrá que dejar que el muchacho invada su territorio para que éste sepa en manos de quién se pone. Si es el educador quien invade al niño en primera instancia, estaremos ante una colonización y no iremos a ninguna parte. Tienen que pasarlo bien juntos y quizás así puedan afrontar conflictos juntos. Allí empieza la labor. De primeras el educador sentirá que el conflicto es tremendo y le desborda. Problemas jurídicos, con la policía, familiares, con los vecinos, académicos y de toda índole. El educador no puede ser especialista en todas estas cuestiones. Ha de ser una célula de apoyo y crear un entorno.
 

      En nuestra civilización, en cambio, tomamos otras medidas más deshumanizadas.

     Sacar más a la Guardia Nacional es la medida que ha anunciado el gobernador de Texas, el republicano Rick Perry, ante la entrada masiva de menores centroamericanos a Estados Unidos.
 
La oposición demócrata critica la medida y dice que ante la crisis humanitaria debería enviar no a militares, sino a la Cruz Roja . Es desproporcionado y criminal enviar a la Guardia Nacional contra niños indocumentados.

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