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miércoles, 8 de julio de 2015

IMAGINAD...


Imaginad a una familia de Camerún que llega a vivir a  Cantabria, España, donde se instalan. Tienen un hijo, W, que ha pasado los primeros 3 años de su vida en aquel país, donde nació.
Imaginadle, porque es como todos los niños: juguetón, acostumbrado a moverse con libertad y saltarín, que corretea más que nuestros niños, a quienes sometemos tantas veces a una incómoda quietud.
Imaginad que, como todos los niños, se cae a veces corriendo… Y otro día, de un columpio. Y otro, saltando una pequeña valla, se hace daño en  la pierna. En otra ocasión, sufre un catarro con fiebre alta, como mi hija, como vuestros hijos, como cualquier pequeño. En cada una de estas ocasiones, sus padres le llevan al hospital para que sea atendido… ¿Qué otra cosa hubierais hecho vosotros?
Y que en el hospital, inmerso en tanta normativa que nos han ido aplicando e imponiendo, el médico considera que son varias las veces que W. ha acudido a la urgencia o a la consulta, y da aviso a la policía, porque interpreta que podría haber algo “raro”… Ésta avisa a los servicios sociales, y sin realizarse investigaciones previas, se detiene a los padres inmediatamente.  Os informo que la madre, M., se encuentra embarazada de 5 meses cuando pasa la noche en el calabozo.

Imaginad que se trata de alguno de vuestros hijos… Y que os encontrais en esta situación. Pero sigo contándoos:

A los dos días de estos acontecimientos, los Servicios Sociales decretan la retirada de la patria potestad a los padres de W.,  sin más investigaciones de los hechos ni atención a las alegaciones. Pero imaginad ahora algo peor:

El niño está en el colegio donde, como cada día, sus padres le han acompañado para asistir a clase. Y de pronto, sin que él sepa por qué, personas desconocidas entran a llevárselo de allí, y angustiado, ve como le trasladan a un lugar que no ha visto nunca, en un entorno extraño y donde no encuentra a sus padres por ningún lado. Apenas tiene 5 años.

¿Podemos percibir la angustia de este pequeño? ¿Podemos intuir al menos, lo perdido y lo solo que se encuentra en estos momentos? No sabemos si alguien le explica qué pasa,  si consuelan sus lágrimas, o qué le responden cuando pregunta por sus padres. Y hemos de  suponer que todo esto es por “el bien superior del menor”.

Hasta aquí, encontramos varias atrocidades graves. Pero hay más.

Cuando estos padres angustiados se empiezan a movilizar para encontrar a su hijo, para defenderse, para recuperarle, desde alguna institución se les asusta, se les rechaza, se les criminaliza y les acusan ante un tribunal penal de maltrato familiar. En el transcurso de estas acciones, se pide para ellos hasta 9 años de cárcel.

Son de Camerún… Inmigrantes trabajadores… ¿Le importa a alguien su dolor y su tristeza?

Los trabajadores sociales actúan, muchísimas veces, como técnicos burócratas, la ley obliga…
Se rellenan informes, se “suponen” datos que nadie ha demostrado ni contrastado.  En el caso que nos ocupa, se acusa de maltrato a unos padres que lo que sí sabemos es que han acudido cada vez que su hijo estaba enfermo a un hospital para ser atendido.
 
En Primera Instancia, el Juzgado Penal a quien tocó el asunto, tras las investigaciones de la instrucción, atendiendo a los informes forenses, psicológicos y cuantos creyó oportunos, procedió a la absolución de F. y M. de todas, TODAS, las acusaciones.

El Instituto de Servicios Sociales cántabro recurrió. No sabemos en base a qué interés.

La Audiencia Nacional volvió a ratificar la absolución de todos los cargos de que eran acusados. En 2011 se presentó un informe firmado por el Catedrático de Psicología de la Universidad del País Vasco, Joaquín de Paúl, y por la Doctora en Psicología de la misma institución, Ignacia Arruabarrena, en el que se señalaba que “la intervención del Gobierno de Cantabria no se ha llevado a cabo siguiendo algunos principios y criterios de actuación básicos y centrales”. Ambos profesionales coinciden en que en este tipo de situaciones la Administración o el ente encargado de velar por la seguridad del menos tiene que llevar a cabo un proceso de evaluación para, con la información recopilada, diseñar un “Plan de Caso”. El informe señala que, con la documentación que les había sido aportada, no estaban en facultad de afirmar que el Gobierno hubiese llevado a cabo ni la evaluación ni el Plan de Caso necesarios en estas situaciones.
El ISSC recurre de nuevo la sentencia de la Audiencia Provincial.
Mientras, han ido pasando los meses, los años… No se ha conseguido que F. y M. puedan, al menos, ver de vez en cuando al hijo, tener contacto con él.

Sabemos que W. está en situación de pre-adopción. No dudamos, ojalá así sea, que la familia que le acoge sea buena y le quiera mucho. Pero ¿sabe esta familia las irregularidades que se han dado en este caso y cómo fue el niño arrebatado de su entorno? ¿Están de acuerdo con la arbitrariedad cometida por algunas instituciones sociales?

Si en lugar de denunciar y querellarse contra los que apoyamos  en público a la familia de W., dichos organismos procuraran el bien superior de este niño, entenderían que, para reparar el daño ya hecho y no agrandarlo, deberían, como dicen grandes expertos y profesionales, colaborar en que los padres biológicos y los pre-adoptivos pudieran encontrarse. Es aberrante que las instituciones procuren que los progenitores y los cuidadores se ignoren y se enfrenten y se disputen a los niños, como si de una propiedad de terreno se tratase.

Los niños tienen vivencias, memoria, identidad, biografía; decimos en nuestro grupo que no pueden ser trasladados como una prenda de vestir de una percha a otra sin los oportunos y correctos cuidados. Muchos de nosotros hemos tenido niños en acogida en casa y jamás hemos pretendido suplantar a su verdadera familia. Sí colaborar para que estuvieran atendidos, acompañados y se sintieran queridos. ¡Y cuántos de ellos agradecen tener dos familias o una familia más grande!

Dice Enrique M. Reguera que “la noción de pertenencia no tiene mucho que ver con la noción de propiedad”. Y así es, falta solo que los que legislan sobre custodia y adopción quieran por fin entenderlo. Que el derecho positivo no pisotee el orden natural, el derecho natural.

Mariam del Toro, Julio, 2015.


*Fotos: Mariam del Toro y cuadro perteneciente a la obra
           de Concha Mayordomo.


Página de apoyo a W y a su familia:

https://www.facebook.com/libertadparaw?fref=ts




 

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