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lunes, 5 de octubre de 2015

LAS LÁGRIMAS DE ÁFRICA.







       Las fronteras son lugares de sufrimiento, de separación de dos mundos: el enriquecido y el empobrecido y que normalizan las muchas violaciones de derechos humanos que  se cometen a diario en sus perímetros.


        A este lugar nos ha lleva Amparo Climent en su documental  Las lágrimas de África” porque ella misma dice que el primer viaje que hizo a la frontera sur le cambió la vida y nos ha querido enseñar su propia experiencia de una forma poética a la vez que intensa, por más que descubriera en ese recorrido por qué dicen en el Gurugú que ése es un lugar donde dios no ha estado nunca.


        Sin utilizar imágenes morbosas que buscan el impacto fácil, Amparo nos muestra las historias estremecedoras de tantas personas a las que la miseria, la guerra o la violencia estructural les hizo perder su destino. Porque no hace falta que nos enseñe explícitamente el hambre, el frío, el abandono, las enfermedades, los golpes, las señales del cuerpo, el miedo, los robos, la violencia…


       Vemos sus zapatos, las sandalias, los pies doloridos por tanto camino esquivando peligros, y  se entiende todo lo demás.  La realidad se impone y es suficiente para impactarnos.


          Caminamos a la espalda de un grupo de chavalillos de la calle y me admiro de que mi país invierta tantos recursos en instituciones que se dedican solo a “desarbolar la dignidad”, como diría E. Martinez Reguera, la entereza y el coraje  de adolescentes que solo reclaman su derecho a crecer.


       Aparece ante nosotros la valla, esos 12 kms. de alambrada instalada en nombre de “nuestros intereses”, con cuchillas con el fin de desgarrar, de herir otros cuerpos humanos más indefensos de lo que nos hacen creer.


        Las mujeres porteadoras, su esfuerzo y lucha diaria, su cuerpo doblado bajo fardos pesados que acarrean hasta 3 veces al día…  


     Y después, los campamentos, el Gurugú, Bolingo, lugares donde pasan la rueda de los días tantos y tantas en espera de que el horizonte se despeje, y donde tantas veces son sitiados, acorralados, cuando otros hombres salen como fieras a cazar dejando la devastación tras de sí. Y donde tienen que volver a reinventar su casa, renaciendo de nuevo desde cero.


         Ropas olvidadas  en el desorden de la huida  nos hablan también de la irracionalidad de los que, como buitres, acosan  a los que buscan un lugar en la vida.


       Desde la comodidad de la butaca, en nuestro confortable mundo,  contemplamos miradas que interpelan nuestra ceguera; escuchamos sus palabras, su voz, que hiere nuestros cómplices silencios, su cansancio choca contra nuestra distancia; su esperanza y su fe, contra nuestros dioses-inquisidores e hipócritas.


        Pero en la cinta no faltan las sonrisas, la alegría, la cadencia del ritmo de la música, la danza y el baile, esa poesía hecha imagen  que nos enseña cómo esta terrible realidad es un canto de vida en las mujeres embarazadas de Bolingo, que esperan dar algo  mejor a sus hijos, aunque atrás hayan quedado familias divididas, vidas destruidas y se hayan convertido en personas que huyen de sus propias vidas.


      Incluso aquí, nacen niños para recordarnos que el mundo aún es fértil.


      Y en las madres y en los pequeños intuimos la mirada hacia el mar, ese mar que tanto sabe de naufragios, y que es para ellos el principio y el fin de todas las cosas.




Foto: Blog "Frontera Sur".
       La denuncia de lo que ocurre en los saltos, las horas que algunos pueden permanecer encaramados a la valla,  heridos por las  concertinas, o devueltos por la  guardia civil sin ningún tipo de procedimiento ni garantía a las fuerzas auxiliares marroquíes, también aparecen recogidas en el documental porque hemos de tener muy claro que estas actuaciones son absolutamente ilegales  y ocurre ante la pasividad de las fiscalías y sin que se proceda a la investigación y ejercicio de la acción penal en supuestos con tan claros indicios delictivos.


         No he podido contener algunas lágrimas,  mi hija que me acompaña tampoco, porque aun conviviendo tan cerca de los que han conseguido atravesar las vallas y los muros para llegar a Madrid, el documental araña nuestro corazón y pone más nombres en nuestros recuerdos.


        Y al terminar, todavía con la emoción a flor de piel, convenimos tácitamente que es increíble que esto esté sucediendo en pleno siglo XXI.  


       Pero tengamos claro que tanto desgarro y tanto sufrimiento en las fronteras, la multitud de muertos que  se extienden ya en Europa y en nuestro Mediterráneo, no ocurren por azar, sino por la estrategia hipócrita  de lo que llamamos “política de emigración” que solo sirven para levantar alambradas, y que están ahí porque nuestros gobiernos las ponen y las estamos pagando con nuestros impuestos.


      Menos mal que hay personas que trabajan por cambiar esa política a pie de valla, exponiéndose al acoso también de las administraciones implicadas, a multas y a juicios por pedir únicamente que se respeten la legalidad. Activistas, reporteros gráficos y periodistas que continuamente documentan y denuncian los incumplimientos de la normativa internacional de derechos humanos suscrita por España. 


        Gracias a todos ellos, nos quedará la memoria de este mundo actual,  en el que se han tejido telas de miseria  para envolver a los que más tarde estrellaremos contra  el alambre de espino.


      Fruto de la colaboración de estas personas, y de otras que, a través de una campaña de mecenazgo, se sienten orgullosas de haber contribuido a la realización del documental, Amparo nos ha regalado con él el retrato de esos Ulises modernos, cuyo viaje empieza y termina en una patera, en los bajos de un camión o saltando una valla.


      Seguiremos empujando para que caigan los muros y las fronteras entre los humanos, para que el grito: ¡BOSSA, BOSSA, BOSSA!, se convierta en una canción de esperanza y alegría.  


       Y mientras caen, tenemos que optar por estar a un lado de la valla o al otro, porque en  definitiva la ética consiste en eso, en elegir entre la fraternidad o la hostilidad.







 

4 comentarios:

  1. Muchísimas gracias por este relato tan profundo y sincero de tu emoción al ver Las lágrimas de África.
    Como dices estas pequeñas iniciativas ayudan a remover un poco las conciencias del mundo y en mi caso, ha servido para saber que cualquiera puede hacer algo, lo que sea, que todo vale para denunciar lo que los gobiernos están haciendo con esas personas que llenas de vida aspiran a un mundo mejor.
    Gracias. Un abrazo
    Amparo Climent

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