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lunes, 24 de agosto de 2015

EL HOMBRE NO ES UN ÁRBOL.


      “El hombre no es un árbol: carece de raíces, tiene pies, camina. Desde los tiempos del homo erectus circula en busca de pastos, de climas más benignos, de lugares en los que resguardarse de las inclemencias del tiempo y de la brutalidad de sus semejantes. El espacio convida al movimiento y se inscribe en un ámbito mucho más vasto y en continua expansión” (Goytisolo, 2004).
 
   

           En una entrevista a Ryszard Kapuscinski, que he estado releyendo, éste decía  que "nunca ha sido sencillo cruzar una frontera."  Que a menudo cruzarla resulta peligroso,  que puede costar la vida; es la barrera entre la vida y la muerte.

           En Berlín hay un cementerio con la gente que no lo logró. Las fronteras se guardan con armas y en ellas se exigen documentos para pasar al otro lado. Él lo hizo del Este al Oeste, la más brutal.
 
          El gran descubrimiento del hombre, aseguraba también Kapuscinski, no fue la rueda, sino ese “Otro”, cuando la primera tribu-familia de 150 miembros que vivía entre los dos ríos en Mesopotamia se topó con otra tribu-familia y ambos se dieron cuenta de que no estaban solos. ¿Qué hacer ante ese hallazgo?, se pregunta. Tres reacciones son la constante en la historia: ignorarlo, entablar contacto (comercio) o guerrear.
        En otro de sus libros, Viajes, Kapuscinski explica el origen de la hospitalidad, una de las improntas de la civilización griega -acoger al desconocido, darle cobijo y alimento-. Una tradición que se conserva en muchos lugares de África en los que el que nada tiene comparte todo con el extranjero. "Esta costumbre se basa en la creencia griega de que el visitante podía ser un hombre o un dios disfrazado. Esa acogida llevaba pareja una responsabilidad: la seguridad del invitado. Ya nadie conoce de dónde procede esta costumbre ancestral que entiende el encuentro con otra persona como un acontecimiento, como una oportunidad y una fiesta. Nunca como un problema".
    Sin embargo, mientras las multinacionales europeas cruzas las fronteras del sur, sin ningún obstáculo, las personas migrantes  no son bienvenidas, ni acogidas con esa responsabilidad. Como escribía el profesor Juan Carlos Velasco, En países europeos, cuando no están explotando el miedo al Otro, se preguntan: ¿cómo vamos a integrarlos? Para España y muchos países del norte “la integración” de los inmigrantes significa la discriminación del Otro, el silenciamiento de los inmigrantes y la construcción de una sociedad desigual”.
 
      Kapuscinski,  este viajero que tanto nos ha emocionado con su gran obra periodística y literaria, nos ha contado en alguno de sus libros que cruzar una frontera por primera vez fue para él un desafío, quería saber qué se sentía. Quiso siempre hablarnos de los otros, de sus costumbres, de sus pensamientos, porque decía que es en el desconocimiento donde se cultivan los virus del odio y de la guerra.
 
         Añade en la entrevista que cuando se declararon las independencias de India y Pakistán -y después las de la mayoría de los países africanos-, “se produjo una gran euforia, una esperanza de que la misma independencia era la solución a los problemas. Se creó el Movimiento de los No Alineados para confrontar a Occidente, pero 20 años después, en 1972, tuvieron que admitir su fracaso, que el mundo desarrollado no estaba dispuesto a atender sus aspiraciones. Ahora, la táctica es otra. Ya no se trata de buscar la confrontación, esta vez el objetivo es intentar la penetración. No es una acción organizada, sólo el débil que busca la igualdad cruzando el mar y los desiertos, jugándose la existencia, para saltar la nueva frontera que separa la muerte segura de la posibilidad de vida. Y los periodistas no estamos informando del contexto, de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Occidente ha creado unas condiciones de desigualdad tales que la única salida de los pobres es jugarse todo para alcanzar ese mundo donde están acumulados los bienes y el bienestar, y es muy hipócrita decirles que ahora ya no pueden cruzar. Es un problema que  tiene una solución muy difícil".
        Hace tiempo que él murió… pero su crítica sigue siendo vigente, cada día más…  Los trenes siguen partiendo con rumbos inciertos hacia lugares que se buscan con esperanza en el corazón.  Conozco, afortunadamente, profesionales comprometidos con el buen hacer, con la reflexión sobre la realidad... Pero no veo en el medio de comunicación donde trabajo la curiosidad periodística, la necesidad de interrogar al Otro, de interesarse por él, esa parte del carácter de periodistas como Kapuscinski, que también decía que: "Siempre creí que los reporteros éramos buscadores de contextos, de las causas verdaderas que explican lo que sucede en nuestro mundo".
 

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