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martes, 15 de enero de 2013

CUENTO DEL NILO II







Recordó las veces que se había preguntado, tras la primera despedida,  si  sería posible que en toda la eternidad nunca volvieran a encontrarse aquellos dos seres, tan pequeños en el gran universo.

     Y sonrió, porque sí había sido posible...

 Parecía que la voluntad de sus dioses, unidos en el mismo propósito, había cumplido el deseo de ambos, el de encontrarse de nuevo en aquel lugar que para uno era su morada y para ella significaba la fuente de vida y energía que tanto necesitaba para seguir respirando.

      Y esta vez, al mirarse a los ojos, lo hicieron como nunca antes lo habían hecho. Con la naturalidad de reconocerse como únicos y la disposición de entregarse sin pensar en nada más, sin temores, sin demoras...

- ¡Estamos locos! -había dicho él sonriéndo feliz...
- ¡Sí! - había contestado ella -Estamos locos, locos... -
- ¡Qué bendita locura es ésta  de estar contigo! - añadió él mientras sus labios buscaban la  otra boca para unirla a  la suya.
       Después, cuando todos los poros de su piel se habian sentido acariciados, cuandos sus manos y sus bocas habían saciado la sed interminable de meses de ausencia, y sus piernas permanecían entrelazadas, se quedaron quietos, fundidos en un abrazo sosegado, con la ternura que les inspiraba el saberse inesperadamente juntos.  Sí, al fin juntos de nuevo, unidos ya siempre a pesar de que al cabo de unos dias, una distancia de miles de kilómetros volviera a interponerse entre sus cuerpos.


         El manto estelar se extiende brillando con intensidad, en silencio, para poder escuchar la respiración acompasada de aquellas dos motas de polvo en el universo, que sienten  los latidos del corazón cada vez mas cerca el uno del otro.

Nut reinó aquellas noches, y esta vez no estaba defraudada. Antes de amanecer, solía guiñarle un ojo a Hator, si se cruzaba con ella, y ambas sonreían. 
   
 El Padre Nilo aquietaba sus aguas, mandaba callar al viento que mecía las velas  de las falucas.  

   Pronto el mar volverá  tener el poder de separarles y de enviar en el aire  aquel lamento diario de:  ¡cuánto te estoy echando de menos!...
y el sentimiento de amar en lejanía, porque al final ella tendrá que irse, aunque no se irá del todo todavía....

                          Y algunos amaneceres, acercándose al oído del amante,  
   le recuerda aquellos versos del poeta:

                                              "amor sin exigencias de futuro,
                                               presente del pasado,
                                               amor más poderoso que la vida:
                                               perdido y  encontrado,
                                                          encontrado, perdido..."*

                                                               (Mariam)



Para conocer la primera parte de la historia:

*Verso de Jaime Gil de Biedma.

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