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viernes, 26 de abril de 2013

ENFERMOS DE SOLEDAD








                             Hay cientos de miles de canciones tiradas en la calle… La gente las deja  tiradas como historias de su pasado… Si el autor está atento, puede ir recogiéndolas, limpiarlas un poco, sacudirlas, alimentarlas, vestirlas, prepararlas, y después, compartirlas con la gente.    

                                                                                            (R. Arjona)



El texto comenzó como un ejercicio de escritura. Se trataba de componerlo utilizando frases ya escritas para canciones, de realizar una historia con los versos encadenados de las letras que incluso hubiesen cantado diversos cantautores, que en un momento determinado, aparecieran ese día por mis alrededores.

Y según iba escribiendo, rescatando del suelo las historias que me llegaban al oído, me daba cuenta de que muchas hablaban de situaciones que conocía, como espejos de una situación concreta, que me llegaba y me acercaba a mi gente, y de que, en este día, en particular, me hablaban más que nunca, de alguien a quien denomino “el enfermo de soledad”, porque tengo la certeza de que muchas veces quisiera decir cosas iguales o parecidas, con sus silencios o con sus gritos silenciados.

A partir de aquí, esto puede parecer un plagio, es más,  confieso que lo es. Pero todo el texto describe de forma muy acertada a  personas a quienes quiero mucho, y a quienes quisiera ver feliz. Y además, a gente que ama la música como yo,  que no podríamos vivir sin ella, por lo que es también, un pequeño homenaje a los compositores.

Dicen los expertos que “la soledad representa el contexto social de la persona en sí”, y que los solitarios son más propensos a enfermarse ya que la producción de anticuerpos se ve mermada. Cuando ella te invade, los gritos de auxilio no siempre tienen respuesta. 

Lo pienso y digo muy a menudo: en este siglo nuestro, rodeados como estamos por tanta tecnología y tantos adelantos, donde el futuro casi nos ha alcanzado ya, estamos más solos y tristes que nunca.



ENFERMOS  DE SOLEDAD:

A ti, te estoy hablando a ti, aunque te importe poco lo que estoy diciendo.
A ti, te estoy hablando a ti, porque amar como tú amas es un absurdo y lo sabemos.
Porque tus llamadas parecen pedirme que te acompañe a estar solo, a abrazarnos sin contacto, a rozarte sin tocar tu piel… Solo a acompañarte a estar solo.

Porque has habilitado un rincón en tus entrañas donde guardas la ternura, ésa que cuando  esparcías  parecía caer sobre rocas que la infertilizaban y donde nunca encontraban la forma de germinar.   Y que guardaste en tu interior, quizás cansado de que te llamaran soñador, iluso, tonto y necio. 

Y te volviste vulnerable a las personas que consuelan con Chanel las huellas del fracaso, del dolor, de la muerte en vida.

Ahora vives señalando la bancarrota moral que te rodea.
Y eso tiene su coste.

Hay cicatrices de heridas que no cierran.

Y un exilio voluntario donde la nostalgia sigue de Primer Ministro.
A pesar de todo,  quieres seguir haciendo el amor con la vida,
para dejarla preñada de  hermosos sueños,
de sonoras risas y de cielos azules. Pero… ¡Cuesta tanto!

Y te veo enfermar de soledad,  ese personaje  que viene cuando todos se van. Con tus sueños rotos,  y las heridas que tratas de suturar y que no siempre cierran.

Y a veces, solo funciona un cóctel de pastillas para dormir.

     Y cuando vas a hablar, ciertas frases se quedan enredadas en la punta de tu boca, y ya no me cuentas cuanto duele estar tan lejos de ella durmiendo en su misma cama, pero a cientos de kilómetros de ti… y que hay pingüinos en la cama por el hielo que provoca.

Que en esta relación siempre tu buscas un sueño y ella un testigo. Que el espejo no miente, que se pasa el tiempo, y cada noche hay un beso desperdiciado en la almohada.

Pero nunca te das por vencido, y le regalas tu risa,  y sigues pagando los impuestos de esta  ruina que es vivir así, con el corazón en fuga
herido de dudas de amor.


     Y hoy quieres bailar conmigo aunque, te advierto,  puede que te pise los pies.

    Y yo, como el reparador de sueños, con mis herramientas de aflojar los odios y apretar amores, voy quitando piedras, lágrimas, basura … Siempre intentando trocar lo sucio en oro, para que no naufragues  por haber creído que amar era el verbo más bello… Y a veces puede parecer que la soledad soy yo, en compañía del pasado. 

 Y  quién fuera un poderoso sortilegio, porque has de saber
que yo te ayudaría a pintar mariposas en la oscuridad.
Más las ideas son balas hoy día y no puedo usar flores por ti.

Y a la sombra de mi sombra, te estoy hablando a ti, aunque te importe poco lo que estoy diciendo.


Es verdad que yo puedo entenderte, porque vivo con el alma aferrada a un dulce recuerdo,
estoy aquí, dándole un beso en el cuello a su espacio vacío. 

 
El amor luce bien cuando está lejos ...
Porque también un mar pone kilómetros entre él y yo, y  hay noches en que siento un miedo que no se calibrar y necesito un ángel de la guarda que me toque sin rozar,
y a contraluz me diga que a veces se apaga el infierno.

Esos dias que deseas que no amanezca por favor, porque la vida es una cárcel con las puertas abiertas.

Hoy quisiera hablar como un árbol con mi sombra hacia ti. 
Como un libro salvado en el mar,Porque ambos preguntamos muchas veces
¿adónde van las palabras que no se quedaron?  ¿adónde van las miradas que un día partieron?

           Recuerda esto, que ya fue escrito: que siempre,  o casi siempre, la soledad es una ingrata a la que se le va agarrando el gusto...
Con un alto riesgo de parar completamente enamorado de ella...


La soledad... la compañera, la del miedo, la de los futuros inciertos... la del camino.. la de la búsqueda.
la de escavar la fosa y contar los  huesos de los besos enterrados

Hay tantos momentos en que yo también te pediría
que te acuestes  a mi lado en esta noche en que  la soledad  ya    nos hermana.
Acuéstate  a mi lado en esta noche para poder amanecer mañana.
No me entregues amor  si no lo sientes.
No me entregues un cuerpo enajenado.
Entrega el corazón por una noche.

Tu calor, tu silencio, tu mirada.
No demores que el frío va calando
La pena que nos llega
con el viento.

Huyamos de la calle que nos mata como dos marginados de estos tiempos.
Te ofrezco acompañar la madrugada  que yo creo que sientes y que siento.
Cuando al fin amanezca y otros días, vengan a dar la luz de un nuevo aliento.

Y créeme cuando te diga que  no soy primavera, sino una tabla sobre un mar violento.

Créeme, si no me ves, si no te digo nada,
Si un día me pierdo y no regreso nunca, yo siempre me pierdo en el mismo camino.

          He plantado abedules para que los abraces, y pienso  a menudo, que si tu te atrevieras …  
por mi vida que te sigo...

A cambio, enséñame a convivir con la presencia de su ausencia.
Aprendamos a andar por encima del sol sin quemarnos los pies ...

 
Mi querido enfermo de soledad, 
como dijo  Marguerite Yourcenar:

“ Existe  entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad".

Y sé que si se apagan las luces, si me siento perdida, tú estaras conmigo con un beso de rescate…. Por eso, acompáñame a estar sola….

      Necesito que  secuestren la utopía, que incineren los glaciares, esta noche.  Ante tanta pesadilla, haz amigo, que reencontremos el sentido de los sueños.

 Soy vecina de este mundo por un rato y hoy coincide que también tú estas aquí, (coincidencias tan extrañas de la vida),
 tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir ...

Al final del viaje está el horizonte, al final del viaje partiremos de nuevo,  al final del viaje comienza un camino ...
otro buen camino que seguir descalzos contando la arena.

Al final del viaje estaremos tú y yo, intactos.

Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.


Vamos, pues, a juntar cicatrices, y a olvidar que mis castillos
son de arena,
    y que no siempre lo urgente es lo importante,

    Ahora, si se callase el ruido, oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros, te oiría hablar en sueños  y abriría las ventanas.

      Si se callase el ruido quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza.

    Se oye tanto el ruido de los iluminados gritando desde sus hogueras que trae el fin del mundo la luz de la diferencia.

Ruido de inquisidores, que nos hablan de libertades
agrietando con sus gritos su barniz de tolerantes.



Nunca pisa la batalla tanto ruido de guerreros,
que traen de sus almenas la paz de los cementerios.
Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto,
de la luz de tu utopía, y que tu voz tape este estruendo...

Si miro un poco afuera me detengo,
la ciudad se derrumba y yo cantando...
aunque, la verdad,  me gustaría parafrasear a Hamfrey diciendo:

  "El mundo se derrumba y tu yo nos enamoramos..."




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