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domingo, 18 de diciembre de 2016

MACARRA, DE CEÑIDO PANTALON...


¿Recordais esta canción?: 

"Macarra de ceñido pantalón,
pandillero tatuado y suburbial.

Hijo de la derrota y el alcohol,
sobrino del dolor,
primo hermano de la necesidad.

Tuviste por escuela una prisión,
por maestra una mesa de billar.

Te lo montas de guapo y de matón,
de golfo y de ladrón
y de darle al canuto cantidad.

Aún no tienes años “pa” votar
Y ya pasas del rollo de vivir.
Chorizo y delincuente habitual
contra la propiedad
de los que no te dejan elegir.

Si al fondo del oscuro callejón
un Bugatti te come la moral,
a punta de navaja y empujón
el coche vacilón
va cambiando de dueño y de lugar.



¡Que no se mueva nadie !-has ordenao- .
Y van ya quince atracos en un mes.
Tu vieja apura el vino que has mercao
y nunca ha preguntao:
¿De dónde sale todo este parné?

La pasma va pisándote el talón.
Hay bronca por donde quiera que vas.
Las chavalas del barrio sueñan con
robarte el corazón
si el sábado las llevas a bailar.

Una noche que andabas desarmao,
la muerte en una esquina te esperó.
Te pegaron seis tiros descaraos
y, luego, desangrao
te ingresaron en el Piramidón.

Pero antes de palmarla, se te oyó
decir:"Que demasiao,
de esta me sacan en televisión".

                             https://www.youtube.com/watch?v=a1u6mpC-zGI
 
          Estos días que he estado moviéndome con algunos de mis muchachos supervivientes de los años  90, todavía en busca de alternativas y recursos para seguir sobreviviendo dignamente, me daba cuenta de cómo habían cambiado ellos, aunque no sus circunstancias.
     Fueron así, como describe esta canción, en barrios madrileños suburbiales, buscándose la vida como podían, desatendidos en la escuela, olvidados o utilizados por los políticos de la época, segunda generación de migraciones rurales hacia la vida industrial de las ciudades y  que, en un contexto social tan determinante,  identificaban calle con libertad…
    Los “malos” del barrio, los de ficha policial, golfos y sinvergüenzas para muchos vecinos que no se daban cuenta de su desamparo.
    Conocimos su miedo a estar solos, su llanto al no sentirse queridos, su forma de vivir a impulsos por no esperar nada del futuro.
     Solo tenían como referencia al propio sistema que les marginaba. Y como  decíamos entonces en Entrevías: “Sin horizonte utópico es difícil hablar de valores morales”.  
 
      Un cariñoso recuerdo a vosotras y vosotros,  que nos hicisteis mudar de piel a muchos, que nos mostrasteis el camino para recuperar la fe en el ser humano y compartir tantas resurrecciones….  A los que subisteis la escalera al cielo, a los que estamos aquí codo con codo, a todos los que transitamos aún por los montes Calvarios...

¡Siempre estaréis aquí!

 





 

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