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jueves, 22 de diciembre de 2016

TERRORISMO DIFUSO


    El Estado acepta hoy de forma pasiva un terrorismo, al que voy a llamar terrorismo difuso, que consiste en sembrar miedo, con tal frecuencia e intensidad, que mantenga a la mayoría de la población aterrorizada.

     Si hoy una familia vive a la intemperie y sus niños pasan hambre, tendrán que padecerlo clandestinamente, para que los servicios sociales no se enteren; porque de lo contrario le arrebatarán los hijos, para institucionalizarlos y rentabilizarlos.

     Una mamá está con su niña de dos años en un parque infantil. Subiendo al tobogán, la niña se resbala y cae golpeándose con una barra en los genitales; comienza a sangrar. La mamá la lleva al hospital más próximo. E inmediatamente se desquician las alarmas. Preguntan si alrededor de la niña había algún varón. Exigen que inmediatamente se presente en el hospital el padre y lo someten a un furibundo interrogatorio como presunto violador. Afortunadamente múltiples testigos del incidente apaciguarán a los supuestos técnicos en asuntos escabrosos.

     Violencia de género, violadores, pederastas, niños que maltratan a sus padres… Existe y hemos de erradicarlo, pero su propaganda paranoica ¿es efecto? ¿o es causa de su exponencial propagación?

     El resultado de tan tóxicas e intensas campañas es la desconfianza de todos contra todos: mujeres contra hombres y viceversa, niños contra adultos y viceversa, padres contra profesores, profesores contra alumnos, parados contra emigrantes, las tiendas contra los manteros y etc., etc.

     “Niño, si ves que a tu compañero le maltratan en el cole, chívate”, denúncialo a los técnicos de tu Comunidad Autónoma, y no asumas ningún protagonismo defendiéndole; chívate y olvídalo. Fantasea que la Administración resolverá lo de tu compañero.

     Y además, procuremos que esto se generalice: denunciar las riñas vecinales, las alegrías ruidosas, los que cruzan sin respetar el semáforo, el molesto bullicio de los niños correteando sin control por el parque… El remedio a cualquier cosa que moleste es la denuncia, que convertirá a la autoridad supuestamente humanitaria, en omnipresente.

     Se trata de una guerra civil larvada, no declarada, de un eficaz y contundente todos contra todos.
     Cuanto más se legisla sobre protección de menores, más legitimidad se le supone a los técnicos y las Empresas que avasallan su privacidad; y más difícil les ponen a las familias el defenderse de las mafias que las colonizan para lucrarse. 

     De hecho, si una familia necesita subvención, muy excepcionalmente la generosidad del Estado la subvencionará con 170 euros/mes; pero si lo hace una Empresa, la subvencionan con 3.500 euros/mes; y si a base de insania el niño sigue deteriorándose, la subvencionarán con 7.000 euros/mes, porque los niños, cuanto más rotos,  son más rentables.                                                                            
                                                                          
                                                                           Enrique Martínez Reguera
                                                                             Madrid, diciembre 2016



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